Incontrolable oleada de haitianos y africanos que van rumbo a EEUU

Las corrientes migratorias que siguen llegando al país desde Nicaragua dificultarán a Honduras cumplir acuerdo con EUA En el sur de Honduras continúan su larga travesía

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Entre los migrantes que van en tránsito al norte van de todos las nacionales. Unos son chilenos, otros de Brasil, Ghana, Etiopía Bangladés.

Choluteca.

“Ni Donald Trump los ha podido parar, no digamos cuatro policías”, se queja un agente hondureño mientras revisan las identificaciones a 30 personas procedentes de África y Haití que entraron en Honduras desde Nicaragua, rumbo a México y Estados Unidos.

Tras ingresar por un punto ciego cruzando las aguas del fronterizo río Guasaule, los migrantes caminaban por la carretera cuando chocaron con un retén frente a la estación policial de San Jerónimo, a unos 10 km de la aduana de Guasaule.

“Hemos venido por montañas. Yo vengo desde Brasil”, cuenta el haitiano Bearthony Estiverne (de 31 años) mientras hace fila para que los policías le revisen su identidad.

LEA: El 64% de los migrantes ilegales que cruzan por Honduras son cubanos

Explica que todos llegan en avión a Brasil, Chile, Uruguay y otros países suramericanos, adonde inician la travesía.

300
personas salen de Honduras cada día hacia Estados Unidos, huyendo de la pobreza que afecta al 70% de sus nueve millones de habitantes.
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Hay menores muchos menores que hacen el viaje migratorio.

Después de la revisión de los papeles, Bearthony sube con los demás a un bus amarillo de la ruta Choluteca, El Pacón, Concepción de María, en el sur hondureño.

Bearthony es apenas uno de los miles de migrantes de países africanos, asiáticos, o de Cuba y Haití que atraviesan América Central en su ruta a Estados Unidos y México.

Honduras, al igual que El Salvador y Guatemala, firmó un acuerdo migratorio con Washington en el que se comprometen a recibirlos mientras tramitan su solicitud de asilo en Estados Unidos.

Los tres países centroamericanos son también responsables de gran parte de la migración irregular al país del norte, adonde van huyendo de la violencia y la pobreza que viven en sus lugares de origen.

8,000
personas llegaron a salir de Honduras hasta abril desde octubre de 2018 cuando surgieron las caravanas migratorias.

Salvoconducto.

Más adelante lo paran otros policías del retén de Namasigüe. “Vamos a consultar si los dejamos pasar o se tienen que regresar para Nicaragua”, dice uno de los agentes. Tras unos minutos autorizan seguir al vehículo, pero tras avanzar unos kilómetros tienen que sortear un tercer retén, este de militares. En una oficina cercana al parque central de la comunidad de Choluteca, un agente de Migración les abre un portón de hierro. En un garaje les llenan una ficha y le da un salvoconducto por 183 dólares (L4,572) a cada uno. “Es la ley de Migración que faculta a hacer ese cobro”, dijo el agente migratorio.

Cuando el grupo sale del garaje, la hondureña Martha Suyapa Castillo ofrece albergue a una pareja con dos niños pequeños por dos dólares la noche. “Hay que ser solidarios, todos andamos en el mundo”, argumenta.

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La travesía fue de “días muy difíciles, pasamos varios países, yo vengo de Chile, crucé Perú y Ecuador en bus; Colombia es el momento más difícil, hay que caminar como siete, ocho días”, repasa Wood Stevenson Pierre, que tiene a su esposa y su hija de dos años alojadas en un hotel de Choluteca.

“País seguro” en dudas.

El convenio migratorio con Washington obliga a las autoridades hondureñas a retener a los migrantes y recibir a los que sean devueltos desde México y Estados Unidos.

“No hay logística para tener a esa gente aquí, son miles los que pasan”, advierte el policía de San Jerónimo.

El presidente Juan Orlando Hernández asegura que “solo el año anterior (2018) pasaron más de 70,000 personas por Honduras”.

Ricardo Puerta, un sociólogo experto en el fenómeno migratorio de nacionalidades cubana, estadounidense y hondureña, considera que el cumplimiento del acuerdo resulta “casi imposible” para Honduras.

Argumenta que el costo de albergar a miles de migrantes hasta por cinco años es oneroso, lo mismo que “el costo social” por el descontento que crearán los “privilegios” que recibirían, como pensiones, educación y salud, durante la larga espera del asilo.

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Miles de migrantes salen con sus hijos rumbo a EEUU y pasan anualmente por Honduras.