“Desde Tegucigalpa controlaban mi computadora”: Exescribiente de RNP

El exempleado fue separado en 2014 por supuestamente trastocar la base de datos. Asegura que desde la capital tomaban de manera remota el control de su ordenador.

Jorge Discua denunció el caso ayer en un canal local de televisión de Siguatepeque.
Jorge Discua denunció el caso ayer en un canal local de televisión de Siguatepeque.

Siguatepeque, Honduras.

En teoría, Jorge Adalberto Discua, exescribiente del Registro Nacional de las Personas (RNP) de Siguatepeque, es la persona que le ayudó por lo menos a un palestino a obtener de manera fraudulenta documentos hondureños para ingresar a España.

Pero desde su punto de vista, Discua, quien vende verduras, frutas y refresco de tamarindo en su casa, afirma que es víctima de una red internacional que se dedica a proveerles documentos a ciudadanos árabes para que lleguen sin dificultades a territorio europeo o estadounidense.

Ingreso remoto
Un experto puede ingresar de manera remota a una computadora que esté en cualquier punto geográfico



Discua, con 50 años de edad, asegura que “jamás” emitió documentos a sirios y palestinos y mucho menos es responsable de haber alterado la información del sistema informático del RNP para inscribir a extranjeros con la intención de ayudar a traficantes de personas. “Yo no he hecho eso ni he recibido dinero de nadie, nunca he visto a esos árabes que dicen. Utilizaron miclave y eso lo hicieron en Tegucigalpa porque allá tienen los conocimientos para hacerlo”, arguyó.

Luego de que Diario LA PRENSA publicara ayer en exlusiva un reportaje de investigación sobre emisión de documentos falsos a extranjeros, Discua tomó la determinación de denunciar ante los medios un caso que ha estado en investigación desde hace dos años.

Así como Discua, todos los empleados que trabajan en documentación del RNP tienen asignada una clave para ingresar al sistema informático y realizar todas las gestiones concernientes a la identificación de personas.

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En octubre de 2014, Discua presentó la denuncia ante la DNIC.

Inicio

El 17 de octubre de 2014, la Inspectoría General del RNP citó a Discua a una audiencia de descargo para que explicara las modificaciones hechas con su clave a finales de 2013 a las inscripciones de dos personas que habían fallecido y que sus números de identidad habían sido utilizados para emitir partidas de nacimiento a otros individuos, entre ellos un ciudadano árabe.

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Miembros de la familia
Árabe de apellido Abdulhadi fueron documentados desde el registro municipal de Siguatepeque.



El escribiente compareció ante la Inspectoría y negó haber efectuado esas modificaciones. El 23 de octubre lo suspendieron.
Dos días después, “preocupado y sorprendido”, presentó la denuncia por falsificación ante la Dirección General de Investigación Criminal (DNIC) para que hicieran las averiguaciones, pues se consideraba una víctima. “Yo no había hablado porque el fiscal me dijo hace dos meses que no lo hiciera, pero a raíz de que LA PRENSA ya hizo público el problema, yo estoy denunciando”, dijo Discua, quien recibió a los enviados de este diario en su casa.

El exregistrador es propietario de una vivienda que amplió y la construyó de tres pisos con los tres millones que en 2008, según aseguró, ganó en la lotería.

“Ya vinieron a investigar cómo construí la casa y vieron los papeles. En Siguatepeque todo el mundo sabe que yo gané tres millones en la Loto y con ese dinero construí la casa”, dijo.

El exfuncionario solicitó la protección al Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (Conadeh) porque cree que podrían causarle daño, pues podría ser una organización criminal grande la que está detrás de esto.

“La Atic (Agencia Técnica de Investigación Criminal) debe investigar. Yo confío en el fiscal, él me prometió que traerían forenses para investigar esto”, afirmó.

Discua considera que remotamente, desde el departamento de informática ingresaron a su ordenador.

“Yo miraba algo raro en la computadora. Desde Tegucigalpa entraban a mi computadora, yo solo miraba que la flechita se movía”, argumentó.

La Prensa