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¿Genes podrían ser culpables de que su hijo odie el brócoli?

The New York Times.

Con frecuencia, padres e hijos comparten muchos rasgos, incluyendo una aversión al brócoli y a otras verduras de la misma familia. Unas enzimas nocivas de las bacterias de la saliva podrían ser el motivo, sugiere un estudio.

Los niveles de estos compuestos son similares en los padres y en los niños, lo que podría ser el motivo de que estas verduras les resulten desagradables a ambas generaciones, sobre todo cuando los niveles son altos.

Además del brócoli, este grupo de las Brassica incluye la coliflor, el repollo y las coles de Bruselas.

Las verduras de las Brassica liberan unos compuestos llamados S-acetil-L-cisteína sulfóxido, que producen unos sulfuros potentes y olorosos que pueden resultar en bacterias en las bocas de algunas personas, anotaron los investigadores.

Los niños cuya saliva producía unas cantidades altas de compuestos volátiles de sulfuro eran los que más odiaban las verduras Brassica; pero esto no se observó en los adultos, que podrían haber aprendido a tolerar el sabor.

The New York Times.

Con frecuencia, padres e hijos comparten muchos rasgos, incluyendo una aversión al brócoli y a otras verduras de la misma familia. Unas enzimas nocivas de las bacterias de la saliva podrían ser el motivo, sugiere un estudio.

Los niveles de estos compuestos son similares en los padres y en los niños, lo que podría ser el motivo de que estas verduras les resulten desagradables a ambas generaciones, sobre todo cuando los niveles son altos.

Además del brócoli, este grupo de las Brassica incluye la coliflor, el repollo y las coles de Bruselas.

Las verduras de las Brassica liberan unos compuestos llamados S-acetil-L-cisteína sulfóxido, que producen unos sulfuros potentes y olorosos que pueden resultar en bacterias en las bocas de algunas personas, anotaron los investigadores.

Los niños cuya saliva producía unas cantidades altas de compuestos volátiles de sulfuro eran los que más odiaban las verduras Brassica; pero esto no se observó en los adultos, que podrían haber aprendido a tolerar el sabor.