Cayos, islas y salidas al mar: los asuntos soberanos pendientes de Honduras
La izada de la Bandera Nacional en Isla Conejo volvió a colocar en la agenda la defensa territorial hondureña, desde el Golfo de Fonseca hasta las fronteras todavía no definidas completamente en el Caribe.
- Actualizado: 20 de julio de 2026 a las 13:20 -
La reciente izada de la Bandera Nacional en Isla Conejo, encabezada por el presidente Nasry Asfura y acompañada por autoridades del Congreso Nacional y las Fuerzas Armadas, volvió a colocar en la agenda los asuntos territoriales y marítimos de Honduras. El acto se realizó al conmemorarse el 57 aniversario del cese de hostilidades con El Salvador, ocurrido el 14 de julio de 1969.
Isla Conejo es un pequeño territorio ubicado en el Golfo de Fonseca, cerca de la costa hondureña. Honduras ejerce administración y presencia militar en el islote, mientras El Salvador ha mantenido históricamente una posición contraria sobre su pertenencia. La sentencia internacional de 1992 no mencionó expresamente a Isla Conejo, circunstancia que ha alimentado las diferencias entre ambos países.
El abogado y experto en derecho internacional Graco Pérez ha explicado que debe distinguirse entre un litigio activo, una frontera pendiente de negociación y un fallo internacional cuya ejecución requiere acuerdos posteriores. Actualmente, el único proceso territorial hondureño pendiente ante la Corte Internacional de Justicia es el relacionado con los Cayos Zapotillos.
Belice demandó a Honduras ante la Corte Internacional de Justicia el 16 de noviembre de 2022 para que el tribunal declare que ese país posee soberanía sobre los Cayos Zapotillos, conocidos en inglés como Sapodilla Cayes. El conjunto se encuentra en el Golfo de Honduras y tiene importancia territorial y marítima.
Zapotillo, Hunting, Lime, Ragged, Seal, Nicholas y Frank son los cayos o formaciones insulares vinculados al proceso. Aunque su extensión terrestre es reducida, su ubicación puede influir en la proyección de aguas territoriales, zonas económicas exclusivas y futuras fronteras en el Golfo de Honduras.
La Corte Internacional de Justicia autorizó el 19 de marzo de 2026 que Guatemala intervenga como Estado no parte en el litigio entre Belice y Honduras. La intervención busca proteger los intereses jurídicos que Guatemala considera que podrían verse afectados por la futura decisión sobre los cayos.
Pérez ha sostenido en pasadas conversaciones con LA PRENSA, que el caso no se limita a determinar quién posee unas pequeñas islas. A su criterio, el resultado puede condicionar las fronteras marítimas de Honduras con Belice y Guatemala. “Honduras no puede perder los Zapotillos”, advirtió en entrevistas anteriores, al cuestionar la falta de una política permanente de defensa territorial.
Guatemala mantiene ante la misma Corte otro litigio contra Belice por su reclamo territorial, insular y marítimo. Graco Pérez considera que Honduras debe evaluar formalmente una intervención en ese proceso cuando sus derechos puedan resultar afectados, pues la Corte no protegerá automáticamente intereses hondureños que el país no presente por los mecanismos correspondientes.
Otro de los asuntos señalados por expertos es la delimitación marítima entre Honduras y Jamaica. Ambos países tienen proyecciones en el Caribe occidental, pero no aparece registrado un tratado bilateral definitivo de delimitación entre ellos. Por ello, el asunto debe entenderse como una frontera pendiente de negociación, no como un juicio actualmente abierto ante la Corte. En la foto, guardacostas en el Golfo de Fonseca.
Honduras y Colombia firmaron en 1986 el Tratado de Delimitación Marítima Ramírez Ocampo-López Contreras. El Congreso hondureño lo aprobó en 1999 y el instrumento entró en vigor, por lo que no constituye actualmente un litigio bilateral pendiente como el caso Zapotillos. Foto en el Golfo de Fonseca
Aunque el tratado con Colombia está vigente, especialistas han señalado que Honduras debe vigilar cualquier efecto producido por decisiones internacionales posteriores que involucren a Nicaragua, Colombia, Jamaica u otros Estados caribeños. Las fronteras marítimas forman una red: una decisión entre dos países puede acercarse a zonas donde un tercero posee derechos. En la foto, cadetes navales en el Pacífico hondureño.
La frontera marítima entre Honduras y Nicaragua en el Caribe fue resuelta por la Corte Internacional de Justicia el 8 de octubre de 2007. El tribunal trazó una frontera única y reconoció a Honduras la soberanía sobre los cayos Bobel, Savanna, Port Royal y South. La sentencia es definitiva y obligatoria. En la foto, el presidente Nasry Asfura en el Golfo de Fonseca.
En el Pacífico, la sentencia de 1992 estableció que Honduras, El Salvador y Nicaragua poseen derechos de cosoberanía en las aguas históricas del Golfo de Fonseca. Sin embargo, la Corte no realizó una delimitación completa de esos espacios y determinó que los tres Estados deben alcanzar acuerdos para dividir los derechos marítimos situados fuera de la línea de cierre del golfo. En la foto, el presidente en isla Conejo.
Uno de los mayores intereses de Honduras es asegurar que la aplicación del fallo garantice una proyección efectiva hacia las aguas exteriores del océano Pacífico. Graco Pérez y otros especialistas han advertido que no basta con reconocer una cosoberanía teórica: los tres países deben acordar cómo se ejercerán y dividirán el mar territorial, la plataforma continental y la zona económica exclusiva.
El acto en Isla Conejo reafirma presencia territorial, pero la agenda soberana de Honduras es más amplia. Incluye defender los Cayos Zapotillos, vigilar el proceso Guatemala-Belice, negociar la frontera con Jamaica, proteger los tratados ya vigentes y promover un acuerdo definitivo en el Golfo de Fonseca. Para los expertos, estas tareas requieren diplomáticos especializados, documentación histórica y una política de Estado que no dependa de cada gobierno.