“Hasta L2 millones hemos cobrado por matar mujeres”: narran sicarios de SPS

Gatilleros, algunos expolicías depurados, contaron sobre su actividad criminal y sin pudor alguno explicaron lo que llegan a ganar a cambio de matar

Foto: LA PRENSA

En cuanto a los hombres, cobran mínimo 20,000 por asesinato. Confesaron que uno lo hicieron por 2,000 lempiras, sin dar mayor detalles al respecto.

mié 3 de abril de 2024

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El precio por la vida de una abogada y fiscal en la ciudad de Choluteca ascendió a un total de 2 millones de lempiras, resultado de ser víctima de gatilleros de élite contratados que residen en San Pedro Sula.

La Unidad de Investigación de LA PRENSA Premium logró entablar conversaciones exclusivas con algunos miembros de este grupo autodenominado “Los Dagos”, cuya base de operaciones está en el peligroso triángulo de las colonias Montefresco, La Unión y San José V.

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El equipo ya se encontraba en el lugar cuando llegó una camioneta de lujo Kía, transportando al jefe de la banda. Sin demora, se recorrió hacia la colonia donde está la base. “El Dago”, alias del cabecilla, es una figura que aparenta normalidad, calculamos que tiene alrededor de 27 años, con un físico delgado, cabello largo, vestía un pantalón caqui y una camisa a cuadros. Su llegada a la gasolinera fue discreta, y se limitó a decir: “¡Síganme!”.

“El Dago” anteriormente formaba parte de la Policía Nacional y posee habilidades en planificación y ejecución de operaciones; fue expulsado de la institución debido a una depuración de años anteriores. El líder de la organización reunió a otros individuos de su misma generación que también habían sido sacados y los unió bajo su dirección.

$!Cobran dependiendo el perfil socioeconómico de las víctimas mujeres.

El líder de la organización reunió a otros individuos de su misma generación que también habían sido sacados y los unió bajo su dirección.

Al llegar a uno de los pocos pasajes de la colonia La Unión no controlados por la MS-13 o Pandilla 18, sorprendió encontrar un ambiente familiar, con niños jugando en los alrededores; sin embargo, también fue impactante ver a gatilleros enmascarados y portando sus armas en la mano o a la cintura, lo que generó un ambiente de hermetismo completo.

Los demás compañeros del cabecilla, anticipando la llegada del equipo periodístico, se encontraban claramente en posición de alerta, como se pudo observar. “El Dago” solicitó que se dejase el vehículo a la vuelta y que el pasaje quedara despejado.

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La vivienda constaba de tres habitaciones, albergando a un total de unos nueve miembros, entre los que se encontraban el jefe de la banda, el líder de los gatilleros y el santero, encargado de planificar las pegadas (masacres).

$!No entraron en detalles sobre las ganancias generadas por su actividad, pero afirmaron ser muy activos y estar dispuestos a actuar en cualquier lugar.

Todos los integrantes eran jóvenes, estimamos que el mayor tendría alrededor de unos 36 años. Se destacaba el hecho de que todos portaban armas CZ.

“Estas son como las kalashnikov, sabemos que nunca se van a trabar o a fallar”, dijo uno de ellos, con una seguridad que refrendaba que sabe mucho de armas y de capacitación policial. Comentaron que el servicio más destacado en su “menú” es el sicariato por encargo, aunque también realizan trabajos de matar asaltantes y pandilleros. Respecto a sus víctimas, no quisieron dar un precio establecido para niños, pero aseguraron que también matan a hombres por un mínimo de 20,000 lempiras, sin importar su profesión u ocupación. En el caso de las mujeres, el costo varía según el perfil.

“Lo menos que hemos cobrado por matar un maje (hombre) es 2,000 lempiras y lo máximo por una mujer fueron 2 millones de lempiras”, se jactó uno de ellos. Indicaron que las mujeres representan un mercado muy demandante y que prefieren atacarlas, en comparación con los hombres debido a que son un blanco más vulnerable.

Detallaron que encubren los asesinatos bajo la apariencia de otros motivos, como robos o hurtos de vehículos, con el fin de evitar levantar sospechas.

En la casa se encontraba una mujer con un bebé, quien resultó ser la esposa del líder de los gatilleros. Este individuo ya cuenta con antecedentes penales e incluso debe firmar semanalmente en los juzgados de San Pedro Sula.

“A mí me gusta andar en los buses para buscar asaltantes”, bromeó otro de ellos, mientras explicaban que también tienen la costumbre de hacer desaparecer a aquellos que se dedican a esta actividad.

En la casa, solo los dormitorios están amueblados, el resto del espacio permanece vacío, con cortinas o sábanas en lugar de puertas, lo que facilita la vigilancia de cualquier movimiento.

Los hombres visten de manera similar a los agentes de la DPI cuando están fuera de servicio, lo que sugiere su entrenamiento. Afirmaron haber establecido contactos dentro de la Policía para el tráfico de armas, especialmente aquellas incautadas como evidencia.

Además, colaboran con narcotraficantes transportando drogas desde Puerto Cortés hasta el sur, especialmente en Choluteca, con destino final en Canadá.

A través del intermediario, se supo que horas después de que el equipo abandonara el lugar, una patrulla de la Policía se presentó en la casa y mantuvo una conversación con uno de ellos, posiblemente en respuesta a una denuncia de los vecinos, ante la presencia de personas inusuales en el lugar.