Como dicen profesionales de la enseñanza, “hay que poner los puntos sobre las íes”. Con la nueva administración ya se ha señalado adónde se requiere poner la atención, enfocar el esfuerzo e identificar plazos. Todo tiene un elevado nivel de urgencia, pero la visión clara presentará prioridades unas con mayor impacto y otras de gran aceptación porque golpean más duramente y son causantes de la postración en que nos hallamos.

Cien días son segundos y así nos parecerán transcurrir por la acumulación y la gravedad de los desafíos; pero será un período suficiente para calibrar la voluntad política del nuevo régimen y la aceptación y corrección de fallas y errores si los hay. Manos a la obra con ese despeje del camino, sabiendo que los “milagros” llegan por el compromiso, el trabajo y la ética de quienes administran el Estado, no de aquellos que soñaron y dicen haber alcanzado el poder para hacer su acopio y utopía personal o familiar.

Hasta aquí hemos señalado teoría, generalidades, pero hay que resaltar algunas de esas prioridades que, forman todas ellas un gran conjunto, aunque algunas sean “más prioritarias” que otras para lograr un mayor bienestar del pueblo hondureño. ¿La corrupción? Son muchos millones los que se desvían y embolsan y, pese a ello, el retroceso en la lucha contra esta “pandemia” es evidente. Hay que comenzar por rehacer lo deshecho, porque en las últimas semanas van cayendo en cascada los sobreseimientos y se multiplica aquello de yo no vi ni oí.

Claro que este es un asunto que además de hacer justicia alegrará mucho al pueblo. En la lista, como siempre, se halla reducir la pobreza, la corrupción, el desempleo, los contratos y el robo en la empresa eléctrica que sustraen recursos de la inversión social. Es necesaria la sana y recta administración del presupuesto, ajustado y sin desvío ni tapaderas.

Por donde se tira salen problemas, por ello la paciencia es una virtud necesaria durante el período identificado por los equipos de trabajo cuyos integrantes han formado mesas técnicas para analizar y consensuar soluciones.

Claro que eso de hemos consensuado y ya está casi hecho es una trampa, porque se cumplirá en múltiples ocasiones aquello de “no es lo mismo verla venir que platicar con ella”. Es necesario verlo para enfrentarlo con cierto grado de posibilidad, no sea que ganen las palabras, los papeles y los planes ideales y sigamos en lo mismo o parecido, pues solo cambiaron los que detentan el poder.