¿Más de lo mismo?

“Perfecto o casi perfecto” se irá desarrollando el nuevo período de entrega del documento nacional de identidad, que se inicia el próximo lunes. Tomen el anuncio como lo que es, un deseo sobre el cual no ha trascendido, pese a la proximidad, nada nuevo, pero sí se ha hecho énfasis en la culpabilidad de los ciudadanos.

Tajante el comisionado presidente del Registro Nacional de las Personas (RNP): “La gente se aglomeraba en filas interminables a veces sin ninguna medida de bioseguridad, como si fuera el último día”. Y qué iban a pensar los ciudadanos conociendo la conducta habitual de las “cosas de palacio”, y más cuando había una fecha término sobre la que se concentraron las llamadas para que los hondureños acudiesen con prontitud a recibir el nuevo documento.

El fracaso de la entrega, sobre todo en las grandes ciudades, aunque no lo quieran reconocer, se debió no solo a la fecha término, sino a los pocos centros de reclamo, a su lejanía, con lo que aquello de llegar cerca del domicilio no era más que una frase vacía.

Confundió desde el primer día el fracaso de la página digital del RNP, en la que aparecía el ciudadano en varios lugares. Eso sí, tan cerca de su domicilio como de la Fesitranh a Chamelecón. Se cerró el espacio y hasta ahí, por días las personas fueron a los centros donde se enrolaron y nada de nada.

¿Aglomeración? La convocatoria era masiva. La especificidad por número, barrio, colonia, edad, etc. no entró en estrategias o planes del RNP, de manera que conjugar el horario laboral, los quehaceres en la casa o la distancia se convirtió en gran preocupación por adquirir el nuevo DNI y quedar tranquilos.

Esta es historia, pasada suponemos. A pocos días de reanudar la entrega, no aparecen elementos nuevos para buscar y hallar “una forma diferente” según las instrucciones del Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager). En el RNP han tenido dos meses por lo menos para dar respuesta eficiente a las exigencias de una situación especial que multiplica los riesgos en la vida de los hondureños.

La reorganización anunciada está aún por verse, pero su necesidad es innegable. No basta con que se haya prolongado la vigencia de la “viejita” hasta agosto, pues si no hay estrategias definidas, las aglomeraciones, léase expansión del contagio, será la secuela inmediata en la recepción de la tarjeta, que para algunos de poco servirá. ¿Cómo, cuándo y dónde será la entrega? Usen la tecnología, pero con información veraz para tranquilidad de los ciudadanos.

Piensa mal y acertará, aconseja la sabiduría popular. Ojalá esté equivocada y nosotros con ella.