Ver para creer

La unidad es una necesidad impostergable para lo que las autoridades nacionalistas proclamaron, de momento más como retórica habitual, la cuarta victoria, que llevaría a un nuevo candidato a la Casa Presidencial. Ver para creer, señala el adagio popular, pero habrá que comenzar desde abajo y dejar todo bien claro. Hoy se acude a la transparencia, pues la historia muy cercana muestra los efectos de las oscuridades agitadas y aprovechadas.

La participación en Danlí no fue completa y, aunque se habló de unidad, a esas mismas horas, en otros rumbos del país, fueron presentados candidatos a alcaldes por un movimiento no oficialista, cuyo dirigente señaló que para la tan pregonada unidad es necesario “respeto, inclusión y buen trato”, lo que claramente refleja el malestar y las diferencias entre dirigentes de la estrella solitaria.

Una cosa es verla venir y otra platicar con ella, pero aquello de que se pelean y luego se unen era común en los adversarios tradicionales de los nacionalistas; sin embargo, ahora es el Partido Nacional el que muestra un escenario similar, veremos cómo se desarrolla la labor proselitista y, sobre todo, el discurso de los dirigentes; pero lo evidente es que la división lleva a derrota. Falta mucho, pero la ambición y la revancha, enemigas de incluir, adelantan el fracaso.

Las resoluciones de la Convención del Partido Nacional se diluyeron en la proclama de la unidad granítica, muy propia de concentraciones políticas para avivar el entusiasmo y la adhesión de los partidarios. Se habló de consolidar la unidad granítica que, no obstante, exige primero conseguirla. Controvertido el tema de la certificación de los candidatos a cargo de elección, que requiere inclusión de todos los movimientos. El espinoso asunto de la reelección es calificado de distractor, pues debiera ser dilucidado mediante la consulta popular y la consiguiente reforma constitucional, de acuerdo con el resultado de la mayoría en las urnas.

La carrera, algunos calificarán los hechos como “pre…”, pero está claro que ya se inició no solo en el Partido Nacional, sino en otros institutos políticos en los que, sin mucha o ninguna novedad, han comenzado a escucharse nombres preparando el terreno y estar en primera línea cuando llegue el momento.

Todos muy prudentemente miden sus palabras, que se envuelven en el papel regalo de “si el pueblo me llama”. Llamados o no, los propuestos serán “bendecidos” por las autoridades del partido e integrados en la lista de candidatos.