Más noticias

Acercamientos

Tan cerca pero tan lejos, que se complementa con aquello de pueblo chiquito, infierno grande, y es que tras casi seis décadas de aquella iniciativa pionera de integración, la historia del istmo se narra más con los desencuentros que con proyectos comunes que hagan frente a los graves problemas, también comunes, que van surgiendo y que parecieran haber desaparecido tras la paz proclamada en la región, pero que con leña diferente siguen ardiendo. Se necesitan no organismos regionales, como el Parlamento Centroamericano, refugio y edén de unos pocos, sino personas al frente de estos países que alcen la mirada, porque con cada gobernante que llega es más de lo mismo; pero más grave.

La relación bilateral con El Salvador ha experimentado embates que ojalá queden en el ámbito personal y no pasen a las relaciones de los dos países, con problemas sociales gravísimos, con dependencia mutua en el ámbito comercial y con la fuerte embestida del narcotráfico, en que, ante la lucha en el Caribe, las costas del Pacífico sirven de ruta hacia el norte. Desde la Cancillería hondureña llegan buenas nuevas: “Actualmente hay acercamientos recíprocos que esperamos fructifiquen”, expresó la ministra de Relaciones Exteriores, María Dolores Agüero, quien destacó que lo político y lo diplomático tienen como eficiente respaldo las inversiones recíprocas para mantener y fortalecer las relaciones.

La confrontación debe quedar atrás, adelante, tan cerca que abrasa, se hallan problemas comunes que siguen siendo abordados, en el plano interno, regional e internacional, como originados en el Triángulo Norte de Centroamérica, cuya expresión negativa actual es la masiva migración hacia el norte, con aplastante reacción en el tema de seguridad en las fronteras y tibias expresiones para enfrentar la causa, por décadas, de las migraciones. Honduras y El Salvador tienen también una numerosa comunidad de ciudadanos con residencia legal en la Unión Americana al amparo de TPS.

Tarea pendiente inmediata es la unión aduanera, para cuya creación se firmó el tratado el año pasado y cuyo desarrollo tiene el respaldo del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), tal como lo hace en la relación bilateral Honduras-Guatemala, con agilización de trámites aduaneros en diez puntos fronterizos. Si la integración se ha hecho esquiva por décadas, la unión aduanera puede contribuir al desarrollo económico y social del Triángulo Norte, que requiere dejar en la cuneta diferencias personales o intereses de Gobierno para actuar en función de la población, asediada por la violencia organizada, empobrecida por la corrupción y gobernada por “políticos” de oficio, no profesionales.