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Ara y no pedestal

Durante este mes de la patria es común oír en más de un discurso que la patria es ara y no pedestal. Sin embargo, es posible que haya quien lo diga sin estar plenamente consciente del significado de esas palabras.

Un ara es un altar, es decir el lugar sobre el que se ofrece un sacrificio, ordinariamente una piedra que se ha consagrado para tal fin, muy común en las culturas antiguas y muy familiar para la judeocristiana.

Sobre el altar ha solido sacrificarse lo mejor de una cosecha o una pieza de ganado, a las que se aplica fuego hasta que la ofrenda se consume, en acto de culto a la divinidad.

Un pedestal es la base de un busto o una estatua. Su función es la de servir como apoyo, es una pieza totalmente secundaria y únicamente utilitaria. El pedestal no está colocado para lucirse y se destaca poco en el conjunto.

Una vez entendido lo anterior, resulta claro que cuando se dice que la patria es ara y no pedestal se está afirmando que por ella estamos dispuestos a sacrificarnos, a dar lo mejor de nosotros y no utilizarla para sacar provecho propio o abusar de su nobleza.

Evidentemente, muchas veces los hechos contradicen a las palabras.

Como siempre, las palabras se quedan cortas porque no siempre reflejan una realidad palpable. Cuando se repasa la historia remota o próxima de Honduras se encuentran auténticos prohombres que entregaron su vida por este país de manera generosa y desinteresada: don José Trinidad Cabañas se ha convertido en símbolo de este escaso tipo de ciudadanos, pero no ha sido el único. Imaginarse, por ejemplo, al Dr. Jesús Aguilar Paz, recorriendo, a lomo de mula, toda la geografía nacional para elaborar el primer mapa completo de Honduras produce una entrañable sensación de admiración y gratitud y, por supuesto, el sacrificio gustoso de don José Francisco Morazán Quezada, conmueve. Estos tres hombres, para el caso, han convertido a la patria en altar de su propio sacrificio y no han medido riesgos para entregarse al cumplimiento de su misión.

Los hondureños, en general, debemos reflexionar permanentemente, pero especialmente en este mes de septiembre, sobre cuál es nuestra actitud ante nuestra patria; si buscamos servirla o si pretendemos servirnos de ella; si hacemos de ella ara, altar del sacrificio, o la convertimos en un ignoto pedestal sobre el que nos subimos sin que nos importe la humillación o el maltrato que eso comporte.

Seguro que esta reflexión por lo menos nos llevará a tener más cuidado cuando hagamos discursos dizque patrióticos en este mes dedicado a Honduras.