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Luciérnagas

  • 17 abril 2022 /

Seguramente por lo extraño que ahora resulta encontrarse con una de ellas o quizás porque me evoca recuerdos muy lejanos de la niñez, encontrarme con una luciérnaga en el patio de mi casa me pareció todo un acontecimiento digno de ser compartido.

Llamé a mis hijos para que vieran al pequeño insecto que parecía mágico en la oscuridad. Pensé cuántas veces había visto algo similar y recordé que fueron muchísimas ocasiones, pero muy lejanas.

Las luciérnagas, que se caracterizan por su bioluminiscencia -parece que tienen su propia luz- están desapareciendo porque las condiciones del medio ambiente han cambiado, por los insecticidas y por lo que algunos llaman “contaminación lumínica”.

Desaparecen frente a nuestros ojos, a pesar de su belleza y aún con su luz propia. ¿Cuántas otras cosas estarán desapareciendo con ellas?

A medida el tiempo va transcurriendo y los años hacen mella en nosotros, es posible que crezca la idea de que todo tiempo pasado fue mejor. Cuando era niña y escuchaba a mis padres añorar viejos tiempos, los de ellos, no podía más que pensar que eran asuntos de la edad.

Hoy me sorprendo pensando también en antaño, con cierta nostalgia.

Quizás sabíamos mucho menos, tal vez no había irrumpido la facilidad de búsqueda de información por internet en nuestras vidas y muy probablemente por ello apreciábamos más el valor de las pequeñas cosas, del conocimiento, de las pláticas interesantes.

La falta de información sobre muchas cosas nos hacía -tal vez de una forma un poco forzada- ser más ingenuos, más humildes y más observadores. El acceso rápido y fácil a la información sobre casi cualquier cosa ha permitido a la humanidad avanzar rápidamente en múltiples facetas; pero por otra, también parece ensoberbecer a muchos.

Hay tantas pantallas brillantes con usuarios casi permanentes detrás de ellas, que las luciérnagas se van extinguiendo, sin que nadie lo note. Todo aquel que no es usuario activo de redes sociales -por ejemplo- parece no encontrar cabida en este mundo actual de contaminación lumínica.

Con mucha más frecuencia de la esperada, he visto como quienes no son asiduos usuarios del mundo digital son catalogados despectivamente como “boomers” haciendo referencia al grupo generacional en el que pretenden ubicar a los que no se adaptan a los cánones de comportamiento actuales.

Aún y cuando soy usuaria de redes sociales y no me encuentro en esa generación, veo con tristeza como existe una tendencia a devaluar el papel de las personas que ahora se catalogan como mayores, que para mí equivalen a las luciérnagas que iluminaron con sus conocimientos y sus ideas innovadoras el mundo décadas atrás.

Esas personas capaces de generar su propia luz y no de acudir a lo que ya esté escrito en una pantalla, para dar respuestas sabias, profundas e integrales a la complejidad que les tocó vivir. Gracias a las generaciones anteriores podemos decir que hemos alcanzado lo que hoy tenemos, bueno y malo.

Desconocer el pasado, disminuirlo como si se tratara de algo desechable, es negar nuestro propio presente. Hacer de la tecnología un instrumento de unión y no de distanciamiento generacional es una decisión humana, que implica valores y un amplio sentido de empatía. Hagamos la diferencia. ¿Cuántas luciérnagas hay en tu patio?