¿Cómo está su vaso?

Repitamos el clásico ejercicio de observar un vaso de agua a mitad de su capacidad: los psicólogos argumentan que si decimos que está medio lleno tenemos visión positiva, en cambio, si decimos que está medio vacío es que tenemos óptica al negativismo.


Nos encontramos a mitad del calendario anual, ya hemos transitado el primer semestre y nos disponemos a recorrer la última etapa del año. Es probable que para muchos el nivel de combustible emocional está por quedar por debajo del umbral. Todos corremos competencias distintas, esto no se trata de una galopada de velocidad, sino de resistencia. Su contrincante más feroz, y a la vez su mejor aliado, es la persona que mira en el espejo, nosotros mismos somos capaces de catapultarnos a la excelencia o relegarnos hasta el ostracismo de la mediocridad. Así que, ¿cómo está nuestra pasión en lo que realizamos?

Si hacemos lo que nos gusta, eso ha dejado de ser un trabajo para convertirse en deleite. ¿Se imagina la satisfacción de dedicarnos a lo que nos place y que nos paguen? A ese nivel debemos aspirar. Con ello no sugiero que los días serán un eterno rosal primaveral, nos encontraremos con dunas y desiertos que pondrán a prueba nuestra constancia y disciplina; allí será el momento de adoptar la mentalidad del vaso medio lleno y no medio vacío, nuestras estructuras mentales deben ser capaces de alentarnos para que no abandonemos y prosigamos a la meta.

En una sociedad convulsionada y con fuegos encendidos capaces de arrasar con la paz mental debemos ser competentes de fortalecer nuestra inteligencia emocional, sin dejar de ser ciudadanos responsables que señalan lo que está mal, podemos tener nuestro entorno personal de fe y esperanza.

Estamos a tiempo, una buena ducha relajante, rellenamos nuestro vaso con agua fresca para leer un buen libro, escuchar una buena canción, una oración sincera que nos reenfoque, y adelante. Nuevos brillos para un mañana promisorio que aguarda con el cumplimiento de nuestros más altos anhelos.