Género y sexo

Cuando escuchamos “violencia de género” de inmediato pensamos en un hombre que maltrata a una mujer; nadie piensa en lo contrario, que sea ella quien lesiona la integridad física o moral de su compañero sentimental. Cuando se habla de femenino nos referimos al rasgo inherente de las voces que designan personas del sexo femenino, algunos animales hembras y, convencionalmente, seres inanimados. Lo inverso es cuando hay referencia de masculino.

Género y sexo son categorías diferentes. Sexo es la condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas. El género es un hecho gramatical, no biológico, prueba de ello es que además del masculino y femenino, hay género común: el testigo-la testigo, el miembro-la miembro; también hay género neutro: el ciclista, la ciclista. El masculino es una forma no marcada e inclusiva; al decir que “los médicos no han recibido sus pagos” nos estamos refiriendo a médicos y médicas. En cambio, el femenino se marca y es excluyente: “Las enfermeras son más atentas”, aquí hay una claridad que apunta a la separación de las mujeres con los varones.

A propósito, existe la Asociación Nacional de Enfermeras y Enfermeros Auxiliares de Honduras, gremial que en principio no incluía “enfermeros”; pero por aquello de la inclusión habría sido correcto “Asociación Nacional de Enfermeros Auxiliares de Honduras”.


Gramaticalmente, si en un grupo de abogadas también está un abogado, se habla de “abogados” (Colegio de Abogados de Honduras). Si nos ubicamos en esta idea, entonces aquí no cabría el género neutro: “o es hombre o es mujer”, no hay un tercer género biológico porque tampoco hay tercer sexo. Lo que sí está claro es que la violencia de género gramaticalmente no dice nada; en todo caso sería violencia doméstica, pues se puede presentar entre ambos sexos donde uno o ambos son flagelados.