Vacunados

En sentido preciso vacunar significa introducir un virus en una persona o animal para inmunizarlos contra una enfermedad. Miles de hondureños están literalmente vacunados por el virus de la corrupción, cegados por un plato de lentejas defienden lo insostenible.

Son capaces de debatir sin ningún tipo de fundamento con tal de escudar a sus amos, que los mandan como manadas para atacar a quienes tienen voces disidentes y que con valentía señalan el descalabro institucional.

Cuánta razón hay en la expresión que los pueblos tienen los gobernantes que merecen. Un pueblo sin dignidad no puede pretender con sus débiles posiciones tener en las altas magistraturas a estadistas con calibre moral y ético. Acá se cumple el refrán popular “de tal palo tal astilla”.

Las grandes contrariedades políticas y sociales las podemos encontrar en la historia y actualidad hondureña: gobernantes con síndrome de Luis XVI creyéndose el Estado personificado, asaltando la Constitución de la república, comprando conciencias, borrachos de poder creyéndose intocables, aumentando sus cuentas personales en detrimento del erario.

Si eso ya es vergonzoso y denigrante para el país, lo es más que miles de ciudadanos siguen anestesiados bajo los efectos de las pústulas mefíticas que no les permiten ningún tipo de reacción ante las injusticias que se suceden ante sus propios ojos.

Muchos esperan cual si fuesen héroes a confesos de delitos en el extranjero, como si se tratara de superhombres dignos de admiración y de respeto. ¡Por favor!, por ello estamos como estamos, por tener testarudez absorbente y no saber discernir lo bueno de lo malo. En estos tiempos se necesita con apremio una vacuna efectiva y pronta contra el covid-19, pero es más urgente un despertar de conciencia en la población, que, adormecida, se cree en el país de las maravillas cuando literalmente sobrevive en el borde del precipicio.