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Evo Morales: ¿Presidente autoritario de Bolivia o dictador?

Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil, Argentina y Colombia han hecho lo correcto al cuestionar la dudosa victoria electoral del 20 de octubre del presidente autoritario de Bolivia, Evo Morales, y exigir una segunda vuelta. Pero deberían hacer mucho más que eso.

Si quieren evitar otra nueva dictadura represiva en América Latina, deberían declarar a Morales un “presidente ilegítimo” si se proclama presidente en enero de 2020 sin someterse a una segunda vuelta. Eso es lo que hicieron con el dictador venezolano Nicolás Maduro cuando asumió el cargo, en enero, después de una elección fraudulenta en 2018.

En una entrevista telefónica, el principal candidato opositor de Bolivia y ex presidente Carlos Mesa, que está exigiendo una segunda vuelta, me dijo que el fraude electoral del 20 de octubre en Bolivia es “similar” al del 2018 en Venezuela.

“Hoy día, calificó a Morales como un presidente autoritario, pero que guarda las formas democráticas. Pero si Morales llega a consumar este fraude y logra imponer su posesión del mando el 22 de enero, yo creo que se convierte en un presidente ilegítimo. Se convertiría en un dictador”, dijo.

De hecho, bajo varios parámetros Morales ya es un dictador. No solo controla prácticamente todos los poderes del Estado, sino que ha cambiado las leyes repetidamente para mantenerse en el poder, más allá de los límites constitucionales. Entre otras cosas, Morales violó un referéndum del 21 de febrero de 2016 que él mismo convocó para poder presentarse a un nuevo mandato. Y aunque perdió ese referéndum, se postuló nuevamente.

Ahora, postulándose para un cuarto mandato, Morales esperaba ganar por el margen de 10 puntos legalmente requerido porque competía contra una oposición dividida entre más de media docena de candidatos. Y si eso no funcionaba, recurriría a un fraude, me habían anticipado varios líderes de la oposición antes del 20 de octubre.

Sobre las 8 de la noche del día de la elección, el recuento oficial de las papeletas mostró que, con el 83% de los votos contados, Morales estaba ganando por un margen del 7%, muy por debajo del margen de 10 puntos que necesitaba para evitar una segunda vuelta. Morales probablemente perdería una segunda vuelta, porque la mayoría de sus rivales habían prometido apoyar a Mesa.

Pero, inexplicablemente, el sistema de conteo electrónico de votos TREP se cayó alrededor de las 8: 00 pm, y permaneció caído las siguientes 23 horas. Cuando se anunciaron nuevos resultados casi un día después, con casi el 95% de los votos contados, la tendencia oficial de votación había cambiado, y Morales estaba milagrosamente a punto de ser electo en la primera vuelta.

Una misión de observación electoral de 92 expertos de la OEA, que había sido invitada por el gobierno, emitió una declaración denunciando que el cambio repentino en el patrón de votación después de la interrupción de 23 horas era “difícil de explicar”, y que los nuevos datos no coincidían con dos conteos rápidos independientes.

La misión electoral de la OEA concluyó que “continuaría siendo la mejor opción convocar a una segunda vuelta”. Las democracias más grandes del continente –excepto, vergonzosamente, México– apoyaron la recomendación de la OEA. Cuba y Venezuela inmediatamente celebraron la “heroica victoria” de Morales.

Mesa me dijo que presentará evidencias de un fraude generalizado, que se habría hecho principalmente alterando los resultados cuando se transcribían manualmente de las papeletas escritas a mano a las computadoras. ¿Mi opinión? Bolivia es solo el último ejemplo de una creciente normalización del fraude electoral en América Latina, tras los casos más recientes de Venezuela, Nicaragua y Honduras.

Desafortunadamente, el presidente Donald Trump tiene poca autoridad moral para defender la democracia, luego de su abrazo descarado con dictadores como los de Corea del Norte, Rusia y Turquía.

Pero Estados Unidos, Europa y América Latina deberían prepararse para declarar a Morales como un presidente ilegítimo si toma posesión en enero sin pasar por una segunda vuelta. Porque eso es lo que sería, si es que ya no lo es.