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Grúa del terror

La grúa del terror deambula y vigila sigilosamente por las calles y avenidas de San Pedro Sula como un animal feroz y hambriento que ataca a sus víctimas traicioneramente.

Son incontables los sampedranos y visitantes que han sido ‘atacados’ por la grúa de la municipalidad sampedrana en una forma irrespetuosa y violenta, decomisándoles sus vehículos por estacionarse mal.

No se trata de estar a favor de los conductores irresponsables que irrespetan las leyes y la cultura del orden, violando el paso de otros carros, peatones, zonas verdes y aceras, se condena la forma cómo lo hacen y los altos cobros en un país donde los ingresos del 70% de la población activa son menores de 10,000 lempiras, y la mayoría de los conductores utilizan esos automotores como herramientas de trabajo para la subsistencia de la familia.

Analizando la multa de 3,000 lempiras, más 800 del pago de la grúa, vemos que son cobros grotescos y perversos.

Es triste ver casos de violencia y maldad, donde un anciano les hace saber que se le subió la presión y debido a que se mareó se aparcó momentáneamente y, al ver que le llevaban su vehículo, se agarra de las cadenas y es lesionado. Una turista está contestando una llamada telefónica y la montan a la grúa con todo y el auto.

A un verdulero se le queda sin combustible su viejo carro y mientras anda trayendo gasolina se lo llevan con todos los aguacates. Al regresar y ver lo sucedido cayó con ataque depresivo.

El martes pasado, un hombre desesperado se metió debajo de las llantas de un remolcador.
A quién más culpar, al que se aparca mal por un momento o esas leyes draconianas e inhumanas de esa grúa del terror en un país llamado Honduras.