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Amenaza alemana

Lo más peligroso -dando por supuesto que con lo del sínodo amazónico no llegará el agua al río del Amazonas-, puede venir de Alemania. Esos son, creo yo, más temibles que los pintorescos delegados sinodales que irán a Roma en octubre.

El cardenal Marx, como presidente del episcopado alemán, ya ha dicho que van a someter a una profunda revisión tanto la moral sexual de la Iglesia como la doctrina. Y que solo consultarán a Roma si tienen dudas en algo, pues en lo que no duden van a actuar por su cuenta, porque, dice Marx, los tiempos de escuchar a Roma han pasado. Ahí sí que hay peligro y grave. Y peligro de cisma serio, pues hay cosas que no se podrán pasar.

A la vez, otro cardenal, Sarah, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, ha publicado un libro en el que, entre otras cosas, dice que “la Iglesia se ha convertido en una madriguera de tinieblas”.

Pero el objetivo del libro no es el de denunciar con frases gruesas el descontrol que hay en la Iglesia, sino el de pedir a los descontentos y escandalizados que no se vayan de la misma. La cuestión es, ¿hasta cuándo habrá que aguantar? ¿cuántos sapos y culebras habrá que tragar?

Lógicamente, también hay otra cuestión: ¿qué papel juega el Papa en todo esto? Me da la impresión, y no creo ser el único que la tenga, de que los autodenominados amigos del Papa están pisando el acelerador para conseguir unas reformas que no acaban de llegar.

Saben perfectamente que ponen al santo padre en un grave apuro, pues él no podrá consentir, sin que resulte inevitable el cisma, que se modifique el dogma o la moral, más allá del uso ambiguo del concepto de discernimiento, que se está empleando para que cada uno en la práctica haga lo que quiera, pero sin modificar la teoría. Los alemanes quieren dar un paso más y van a por la teoría, insatisfechos con haber conseguido el cambio en la práctica. Con amigos así, ciertamente, no se necesitan enemigos.