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Superdotado en la fe

El majestuoso salmo 3 es un escrito bíblico que presenta un atisbo de lo que había en la mente y el corazón del rey David mientras huía de la furia asesina de su propio hijo Absalón, quien deseaba eliminarlo para arrebatarle su trono y con quien había tenido una relación filial en extremo complicada. La derrota parecía inminente, puesto que el ejército de Absalón era superior (v. 1). A tal grado que muchos afirmaban que de esa ni Dios podría salvar a David (v. 2).

Pese a que el rey contaba con sus guerreros, el salmo no los menciona, lo que hace pensar que David se siente humanamente solo, acorralado por el enemigo, al borde de un conflicto absolutamente disparejo. Pero… bendito, pero… no es así. El rey no está solo. Como bien indica Luis Alonso Schokel, entre el asedio de esa multitud que lo tiene completamente cercado y el salmista se interpone otro cerco más próximo y no menos cerrado, es Dios como escudo en torno, como muralla defensora (v. 3).

Y es tanta la confianza de David en la protección divina que tranquilamente se acuesta y se duerme (v. 5). ¿Quién podría conciliar el sueño en semejante situación? De hecho, ¿quién puede dormir cuando enfrenta hasta el problema más mínimo? Schokel añade, el “ciclo de la vida, en su función más indefensa, conserva su ritmo fundamental”. Mientras los enemigos se aprestan a dar el asalto definitivo, el salmista duerme, confiando en que Dios escuchará su clamor (v. 4) y que, a pesar de todo el esfuerzo humano, la victoria será Suya (v. 6-8). Este salmo nos presenta inequívocamente el perfil de un superdotado en la fe, que posee una confianza inconmensurable en la ayuda y auxilio divinos. La buena noticia es que, a diferencia de los superdotados intelectuales, quienes poseen su habilidad de manera innata y son solo un pequeño porcentaje de la población mundial, todos podemos llegar a ser superdotados en la fe. Esta capacidad no era privativa del salmista. Está a disposición de todo aquel que quiera darle espacio a Dios en su vida. Inténtelo, le aseguro que, como David, no saldrá defraudado.