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“PAGUE Y PUNTO”

Los hondureños, todos, tenemos preocupaciones comunes. No importa a qué partido pertenezcamos ni la inclinación ideológica que tengamos. Hay una realidad tan cercana, tan evidente,

Los hondureños, todos, tenemos preocupaciones comunes. No importa a qué partido pertenezcamos ni la inclinación ideológica que tengamos. Hay una realidad tan cercana, tan evidente, que no desaparece, aunque queramos taparnos los ojos o intentemos ver hacia otro lado. Aunque algunos podamos enviar a nuestros hijos a escuelas o colegios privados; otros, la mayoría, no tenemos más opción que la educación pública; pero tanto los unos como los otros somos conscientes de que para que el país salga adelante es necesario que todos los niños y jóvenes reciban educación de calidad. Porque para que Honduras sea lo que todos soñamos debemos sacarla adelante todos, no solo los que van a la escuela privada, sino, sobre todo, los que poseen menos recursos económicos, puesto que justamente para poder abandonar el círculo de la pobreza de manera permanente es indispensable poseer un nivel científico y cultural que garantice la búsqueda permanente de la excelencia en todos los sentidos.

Otra preocupación común es el cuidado de la salud de todos. Una población enferma no puede enfrentar con éxito los desafíos que el desarrollo presenta. Desde el cuadro básico de vacunas que debe recibir un infante hasta los cuidados que exige la vejez deben estar disponibles para todos. Hay un acceso escandalosamente desigual a los servicios de salud que estamos obligados a equiparar, ya que el país tampoco puede avanzar cuando solo un reducido porcentaje de sus habitantes recibe atención médica o puede acceder a las medicinas.

La seguridad es otra preocupación común, pocos pueden pagar vigilancia privada o cerrar sus calles contra la delincuencia. La mayoría vive a merced de los amigos de lo ajeno o de los extorsionadores. Faltan más fuentes de trabajo, un salario digno marca la gran diferencia en la vida. La falta de empleo afecta la economía familiar, daña la autoestima y causa estragos en el estado de ánimo.

Pero todo lo anterior no puede ser resuelto por una sola fuerza política ni por un líder, por carismático y capaz que sea. Para asegurar educación de calidad, salud para todos, seguridad y empleo es urgente que nos unamos todos, que abandonemos la confrontación, las descalificaciones, que no pensemos que solo nosotros podemos dar el salto al desarrollo que Honduras necesita. Para salir de una vez de la situación en que estamos todos inmersos, falta ese diálogo sincero y fraterno que nos lleve a enfrentar juntos a los enemigos comunes, que no son los opositores políticos, sino la ignorancia, la enfermedad, la inseguridad y el desempleo, y a preocupaciones comunes, trabajo esforzado de todos, sin marginar a nadie.