Más de 2,000 afectados por Eta esperan a Iota en las partes altas

Prefieren mantenerse en las faldas de los cerros para cuidar lo poco que les queda dentro de las casas dañadas. Más de 5,400 personas están refugiadas en 50 albergues de Choloma.

Sindy Rodríguez y su hija Sofía, recién nacida, duermen bajo una carpa de plástico en la aldea Flor del Valle. Fotos: Melvin Cubas
Sindy Rodríguez y su hija Sofía, recién nacida, duermen bajo una carpa de plástico en la aldea Flor del Valle. Fotos: Melvin Cubas

CHOLOMA.

Bajo una carpa de plástico y durmiendo en el suelo, Xiomara Miranda (de 33 años), madre de cinco hijos, y 200 personas afectadas por Eta esperan en las faldas de una colina una nueva inundación que será provocada por Iota.

Guarecerse “en el cerro es más seguro que estar en un albergue”, dice Miranda, quien ha desatendido el llamado de evacuación de las autoridades municipales.

“Eta nos quitó lo poco que teníamos, ahora lo que nos queda es cuidarnos del covid y estar pendientes de la casa que está en la parte baja, por esa razón no queremos evacuar”, explica.

Estas 200 personas, que integran 31 familias, tienen sus viviendas en la aldea Flor del Valle localizada en la zona denominada los Bajos de Choloma, que la semana pasada quedó totalmente inundada por las aguas de Eta.

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Gerson Rivera le da agua azucarada a su sobrino Jefferson porque no tiene leche especial para él. A esta comunidad llegó el bus de la Fundación Yo Quiero Ser a entregarles comida, agua y jugos. En la escuela República de Costa Rica hacen baleadas para los damnificados.

Temor

“Aquí ya vinieron a decirnos que nos vayamos porque viene otro huracán, pero nos quedaremos. Todos los albergues están llenos de gente y también están llenos de personas que tienen covid. Perdimos las cositas en la inundación y no queremos perder la vida por la pandemia”, dice José Roberto Aguirre (de 50), padre de dos hijos.

Este grupo de personas ha vivido en los últimos días gracias a organizaciones filantrópicas como la Fundación Yo Quiero Ser de San Pedro Sula, que les ha llevado comida, agua, jugos, pañales para los niños y medicinas. “Hemos traído comida y agua a estas personas que han perdido todo y necesitan la solidaridad de todos”, dijo Amílcar Bautista, voluntario de esa fundación que ayer recorrió la zona.

Así como ellos, alrededor de 2,000 personas están diseminadas en las orillas de la carretera que cruzan la parte un poco más alta de los Bajos o en las faldas de los cerros que circundan estas comunidades.

Según el Comité de Emergencia Municipal (Codem), hasta anoche, había 5,492 personas procedentes de los Bajos refugiadas en 50 albergues.

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A esta comunidad llegó el bus de la Fundación Yo Quiero Ser a entregarles comida, agua y jugos. En la escuela República de Costa Rica hacen baleadas para los damnificados.

Contra su voluntad, pero “por necesidad porque Eta destruyó la casita”, Franklin Carbajal (de 48) tuvo que refugiarse en un albergue. “Yo vivo en la Debis y en todo mi sector perdimos 19 casas. El agua rompió el bordo y destruyó mi casita de bloque que hice con mucho esfuerzos, tres años de esfuerzos. Esta es la aldea más destruida de los Bajos. Todos nosotros nos fuimos a albergues o a los cerros para esperar el nuevo huracán”, dice Carbajal.

En los albergues del cetro hay familias de Flor del Valle, Banderas, Las Delicias, Montañuela, El Higuero, Monterrey y Debis esperando que Iota no termine de destruir sus viviendas. “Aquí estamos seguros, pero no nos dan los tres tiempos. Si dan desayuno, no dan almuerzo”, critica Aquilina Peña (de 75), habitante de la comunidad El Sofoco, quien está albergada desde hace 8 días en la Escuela República de Costa Rica. Pero Yeny Rodríguez, coordinadora de este albergue, asegura que las 170 personas que están refugiadas reciben alimentación y duermen todos en colchones en las aulas de la escuela.

La Prensa