Sonia Vanessa Hernández es una sobreviviente del cáncer de mama.
Sonia Vanessa Hernández es una sobreviviente del cáncer de mama.

"La muerte llega y te toca la puerta, y tú decides si abres o no": sobreviviente de cáncer

San Pedro Sula, Honduras.

“El bus tardaba más de dos horas para llegar a mi casa en Marcala, La Paz. Creo que fueron las dos peores horas de mi vida. Sentía de todo, lloraba en silencio y gracias a Dios nadie me miró en ese momento, solo lloraba sin parar.

Y es que todavía retumban en mi cabeza las palabras de aquella doctora, quien después de minutos de jovialidad pasó a un semblante serio: “Doña Sonia, lo que usted tiene es malo, muy malo, usted tiene cáncer de mama y es agresivo. Me quedé inmóvil durante unos 15 minutos, me temblaba todo.

Lo primero que me pregunté fue, ‘¿por qué yo? si solo tengo 32 años, siempre me ha gustado comer sano, hacer deporte, nada de fumar o beber. Traté de que esa idea entrara en mi cabeza, pero no encontraba razón o motivo de por qué yo, no había un antecedente en mi familia, soy la primera diagnosticada.

La muerte llega y te toca la puerta, y tú decides si le abres o no. He visto de cerca la muerte.

Vanessa Hernández, Sobreviviente de cáncer

¿Y cómo lo detecté? Fue en enero, hace tres años, cómo olvidarlo, iba para la pulpería y en Marcala hace frío, crucé los brazos y sentí un dolorcito al lado de una de las mamas, me toqué y era una pelotita.

¡Qué raro me dije! pero el afán de los días me consumieron; sin embargo, a la semana volví a sentir el dolor ya más fuerte, decidí ir a Comayagua para revisarme y allí comenzó mi pesadilla.

Agarré maletas y me enfrenté

El interminable viaje de dos horas terminó y lo primero que hice fue llegar a la casa de mis suegros. Antes, me limpié las lágrimas y no les dije nada, tenía miedo por mi suegra, ella padecía del corazón.

Hasta en la noche agarré valor y le conté a mi hermano menor que tenía cáncer en etapa 3, lloramos juntos; pero sabía que tenía el consuelo y apoyo de mi familia. Agarré una maleta y a mis hijos y me vine para San Pedro Sula, de donde soy originaria. En ese entonces, mi esposo no estaba.

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Al siguiente día me fui con mi mamá al hospital Mario Rivas, donde me hicieron una biopsia y me mandaron para la casa a esperar los resultados. Fueron ocho días tremendos, llenando mi mente de preguntas sin respuesta, planes que se me venían abajo, como la idea que tenía cuando mi hija tuviera 15, le haría esto o lo otro.

Cuando iba por el helado pasillo donde me darían los resultados, yo dije: ‘Señor, si tú permitiste esta enfermedad es porque viste que yo puedo superarla, que tengo algo que sabes que no me voy a quebrar; me agarro solamente de ti’. En ese momento sentí paz, ya llevaba más de cinco días sin comer ni dormir. Le dije: ‘yo confío en ti, tú me diste este cáncer y no voy a renegar, simplemente dame la fortaleza.

Los exámenes, el tratamiento, la recuperación, había que explicarle a mis hijos, a mi esposo, mi familia que tenía cáncer, esto apenas empezaba.

Mi hijos fueron mi fuerza

Llegó un momento en que el cáncer no solo me estaba atacando a mí, también a mi familia, a mi hijo, que en ese entonces tenía 10 años.

Allí vi de cerca la muerte, ya que un día él me dijo: ‘mami, si usted no come, yo no como; si usted no duerme, tampoco yo duermo; si se muere, para qué quiero vivir’. Entonces me dije: ‘no, tengo que levantarme, no solo soy yo, esto es por mis hijos’.

Agarré fuerzas y empecé la batalla. Vendimos la casa para hacerme las quimioterapias, experimenté lo que a uno le cuentan de los demás, pero que pensamos no nos puede ocurrir. Los vómitos, fuertes dolores y la caída de cabello.

En la Liga Contra el Cáncer me dieron mucho apoyo. En estos tres años he visto de todo, compañeras de quimioterapia que se me adelantaron en el camino. Allí es donde aprendes a levantarte, a ser agradecido con Dios cada día por la oportunidad que te da. Cosas que miraba como normales, ahora las valoro más, aprendes a abrazar, aprendes a besar más, a sonreír más y a saborearte la vida.

Cuando la muerte pasa, cuando la muerte llega y te toca la puerta y decides si abres o no, es allí donde te transformas y agarras fortaleza, pues pasas de ser una sobreviviente a una guerrera de la vida, ya que el cáncer no da tregua y seguimos guerreando en esto.

No solo son ocho quimioterapias, 40 libras menos, tener la hemoglobina por el suelo o quedarse sin cabello, la idea no solo es pasarlo, es levantarse, seguir sobreviviendo y no bajar los brazos.

Hace un mes me hice un examen general, las palabras del doctor fueron: ‘Vane, está bien’. Uno siente que le quitan un quintal de encima porque vienes de chequeo en chequeo y hay mucha probabilidad de reincidencia, por eso si el cáncer no da tregua, tampoco nosotras.

Las mujeres debemos hacernos los exámenes porque si lo detectas a tiempo podés ser una sobreviviente, pero si llegas muy tarde solo te convertirás en un número, en una estadística. ¿Y vos ya te hiciste la mamografía?”.

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