Lustradores de zapatos: el oficio que resiste al tiempo en el corazón de San Pedro Sula
Cada 5 de agosto, se conmemora el Día del Lustrador de Zapatos, se reconoce a quienes por décadas han brindado este servicio a generaciones de sampedranos y visitantes
- Actualizado: 09 de agosto de 2026 a las 10:00 -
Más que dar brillo al calzado, los lustradores conservan una tradición que ha acompañado la historia comercial de San Pedro Sula. Muchos de ellos han dedicado más de cuatro décadas a este oficio y, aun en la tercera edad, continúan trabajando para llevar el sustento a sus hogares. Sus historias reflejan esfuerzo, perseverancia y el valor de un trabajo que sigue siendo parte de la identidad de la capital industrial.
Los lustradores de zapatos preservan un oficio que ha acompañado por décadas la historia comercial de San Pedro Sula. Muchos superan los 60 años y continúan trabajando en el centro de la ciudad, donde su esfuerzo y perseverancia forman parte de la identidad de la capital industrial.
Don José asegura que conserva una clientela fiel desde hace más de 20 años. Como él, los lustradores de zapatos continúan ejerciendo este oficio tradicional en el centro de San Pedro Sula, donde su labor sigue siendo parte del comercio y la historia de la ciudad.
Antes de que salga el sol, los lustradores de zapatos ya ocupan sus puestos en el centro de San Pedro Sula, listos para atender a los primeros clientes. Más de diez trabajadores mantienen vivo este oficio tradicional, con el que durante años han llevado el sustento a sus hogares y sacado adelante a sus hijos.
Con más de 25 años de experiencia como lustrador de zapatos en el centro de San Pedro Sula, don Juan afirma que el servicio de lustrado cuesta entre 30 y 50 lempiras por par, mientras que la limpieza profunda y la restauración especializada tienen tarifas más elevadas.
Sin importar la hora del día, muchos sampedranos mantienen la tradición de acudir a los lustradores del centro de la ciudad para dar brillo y cuidar sus zapatos.
Cada jornada comienza con la preparación de sus herramientas y la revisión del abastecimiento de los productos que utilizan para el lustrado de zapatos.
La experiencia acumulada durante años y la dedicación de los lustradores se reflejan en cada par de zapatos, cuyo brillo es el resultado de un trabajo minucioso y artesanal.
El trabajo de un lustrador comienza con la eliminación de la suciedad del calzado. Luego aplica betún y pule los zapatos hasta devolverles el brillo, logrando que luzcan como nuevos.
Don Florencio Leiva (de 66 años) comenzó a lustrar zapatos cuando apenas tenía seis. Con más de seis décadas dedicadas a este oficio, contó a LA PRENSA que hace un año perdió a su esposa y que ahora continúa trabajando solo para ganarse el sustento diario.