El cierre de año invita a reflexionar sobre el liderazgo auténtico, la coherencia personal y la importancia de actuar desde la verdad, incluso cuando hacerlo resulta incómodo.
Lo curioso es que esta tristeza no siempre nace del dolor, sino que a veces brota de lo que falta, de lo que se fue y, sobre todo, de lo que cambió sin pedirnos permiso.