Valle de Sula: más de 350,000 personas en alto riesgo por vivir en zonas vulnerables

El 17% de la población en el valle vive en vulnerabiidad. Unas 68,000 casas están construidas con materiales de poca resistencia a los desastres, como madera, adobe y material de desecho.

Foto: Franklin Muñoz / LA PRENSA

LA PRENSA Premium realizó un recorrido en las zonas geolocalizadas como de mayor peligro frente a las lluvias en el departamento de Cortés.

mar 6 de agosto de 2024

San Pedro Sula, Honduras.

Cándida Maldonado lleva 14 años viviendo en la colonia Monte de Sion, en La Lima, un área del valle de Sula conocida por sus problemas recurrentes de inundaciones. Su hogar modesto, pero lleno de amor, se encuentra en una zona que cada vez que llueve intensamente, se convierte en un campo de lucha contra las aguas desbordadas.

La dulce señora, quien vive de vender tortillas, comparte su vida con su esposo y un hijo en una casa completamente de madera, que, en tiempos de lluvias fuertes, se convierte en una trampa peligrosa.

Cuando las lluvias torrenciales azotan la región, el agua llega a la altura de sus ventanas. “El destino así es, que Dios se encargue de la vida de nosotros, cada vez que llueve fuerte sacamos las cosas y salimos para no ahogarnos”, relató a LA PRENSA Premium, doña Cándida, con una mezcla de resignación y fe.

Este es el espejo de muchas otras comunidades que concentra el productivo valle de Sula, que siguen siendo foco de vulneración frente a las potenciales lluvias que se avecinan para los próximos meses en el país. Familias enteras siguen viviendo en áreas propensas a inundaciones, deslizamientos de tierra y otros desastres naturales relacionados, que incluye áreas bajas, cercanías a los ríos o sobre laderas inestables.

Gran parte de las viviendas en estos lugares están construidas con materiales inadecuados para soportar lluvias intensas que se puedan propiciar a lo largo del tiempo. Techos frágiles, paredes débiles y la falta de sistemas de drenaje también es común, lo que aumenta el riesgo de colapso y daños severos a futuro.

Por otro lado, las familias que habitan estas casas, a menudo con recursos limitados, enfrentan grandes dificultades para recuperarse financieramente después de un evento de lluvias extremas, como los ocurridos hace casi cuatro años con los fenómenos Eta y Iota, que dejaron millonarias pérdidas económicas a nivel nacional.

$!Los habitantes de las zonas bajas se ven obligados a permanecer en sus casas improvisadas porque no tienen dónde más ir.

Entre la combinación de principales factores que contribuyen a esta difícil situación están: las construcciones en zonas de alto riesgo, daños en los bordos de contención causados por actividades agrícolas y ganaderas, la quema de desechos y la falta de mantenimiento. Además, la población suele carecer de una cultura adecuada en el manejo de basura y desechos, arrojándolos en canales, dragantes, ríos y quebradas.

El valle de Sula está rodeado por importantes cuencas fluviales, incluyendo los ríos Ulúa y Chamelecón, así como otros afluentes considerables que aumentan sus caudales.

$!Esta es una de las tantas casas de madera que se encuentran en barrios y colonias de mayor pobreza en el valle de Sula.

La zona metropolitana del valle de Sula está compuesta por 12 municipios de Cortés, cuatro de Yoro, tres de Santa Bárbara y uno de Atlántida. La región alberga a más de 2.1 millones de habitantes residentes, lo que representa el 21% de la población total de Honduras, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Los daños potenciales derivados de lluvias podrían afectar directamente a más de 354,741 personas en el valle, tomando como patrón el último informe de la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) que conoció este medio de comunicación.

Lo anterior significa que aproximadamente el 17% de su población vive en zona de riesgo. La institución contextualiza como antecedente que entre 2020 y 2022 se registraron 2,130 viviendas destruidas totalmente, 2,945 inmuebles dañados, 3,954 casas afectadas, 1,899 deslizamientos, 2,014 inundaciones y 2,087 derrumbes en esos tres años. a consecuencia de los embates de los torrenciales.

Falencias

Hasta el año pasado el INE estimaba la existencia de 2.6 millones de viviendas. De estas, solo en Cortés existen unas 540,000.Aunque en su mayoría los inmuebles están construidos en bloque (87.6%), sobrevive un significativo número de casas levantadas de madera (6.7%) y de adobe (2.1%).

Igualmente, se da cuenta de viviendas de ladrillo, piedra rajada o cantera, bahareque, palo o caña y material de desecho (no representan más del 3.6%).

En partes bajas e incluyendo bordos es donde se visualizan mayormente casas de esta naturaleza: con techos de paja, palma, hojas, zacate y junco; construcciones improvisadas hechas con cartón, desechos de madera, plástico, latas y láminas, así como de madera con techos de zinc y construidas sobre polines, además de locales no destinados originalmente para habitación, pero usados como tiendas de campaña, refugios naturales, vagones, puentes, carros, casetas, bodegas y talleres.

Para evaluar el riesgo frente a fuertes lluvias futuras en el valle de Sula, se calculó el número de casas en peligro en Cortés, como principal indicador porque alberga el grueso de municipios.

Basándonos en el total de 354,741 personas en riesgo y el promedio de 3.8 personas por hogar que describió el INE para 2023, se estima que 93,541 viviendas peligran en este departamento.

Esta cifra rondaría los 100,000 si se incluye poblaciones de municipios del valle ubicados en Santa Bárbara, Yoro y Atlántida.

Peligro permanente

Se ha identificado que en los municipios de Cortés (San Pedro Sula, La Lima, San Manuel, Villanueva, Potrerillos, Chamelecón, Puerto Cortés, Choloma, Omoa, Santa Cruz de Yojoa, Pimienta, San Francisco de Yojoa, San Antonio de Cortés) los riesgos predominantes son inundaciones, deslizamientos y derrumbes. Igual sucede en Tela, Atlántida.

En el caso de Santa Bárbara (Quimistán y Peota) se enfrentan mayormente a inundaciones, deslizamientos, derrumbes y hundimiento de carreteras.

En tanto, en Yoro (El Progreso, El Negrito y Santa Rita) presentan principalmente riesgos de deslizamientos, derrumbes e inundaciones.

$!Los ríos Ulúa y Chamelecón crecen exorbitantemente ante las copias lluvias de invierno.

Las ordenanzas municipales de estos sitios indican que el incremento de los asentamientos humanos en zonas de alto riesgo, el inadecuado uso y deterioro del suelo, producto de la deforestación y el mal manejo de las cuencas hidrográficas, han sido factores determinantes en el aumento de la vulnerabilidad.

Con datos oficiales consolidados de 2019 y 2023 se calcula que el crecimiento promedio anual del número de viviendas fue de 19.2 puntos porcentuales en el país, Cortés presentó el crecimiento más alto con 25.6. Esto refleja las características del crecimiento demográfico en los años recientes y podría estar asociado con la movilidad de la población.

En Cortés, dentro de las zonas céntricas de barrios y colonias se halla principalmente casas individuales con acceso directo desde un camino, calle vehicular o peatonal, hasta apartamentos y cuarterías.

Mientras tanto, en las partes bajas e incluyendo bordos, se visualizan mayormente casas con techos de paja, palma, hojas, zacate y junco, así como construcciones improvisadas hechas con cartón, desechos de madera, plástico, latas y láminas. Además, hay viviendas de madera con techos de zinc y construidas sobre polines, así como locales no destinados originalmente para habitación, pero utilizados como viviendas, como tiendas de campaña, refugios naturales, vagones, puentes, carros, casetas, bodegas y talleres.

$!Múltiples constructores en el país carecen de información certificada de zonas propensas a desastres naturales.

El tipo de tenencia por departamento detalla que el 70.6% de las viviendas en el país son propias, destacan los departamentos de Yoro y Santa Bárbara, de los cuales, unos municipios forman parte del valle de Sula. Por otro lado, en departamentos como Cortés y Atlántida, donde se encuentra el municipio de Tela, que también integra el valle, predominan las viviendas alquiladas.

Con respecto a la distribución de hogares por departamento, la mayoría se concentra en Cortés (544,461). Esto sugiere que esta es una de las áreas densamente pobladas, por lo que merece especial atención.

Panorama desfavorable

Alberto López, meteorólogo de Copeco en la zona norte, especificó que Honduras está oficialmente en la temporada lluviosa, que va de junio a noviembre, caracterizada especialmente por una nubosidad tropical. Esto seguirá generando condiciones de lluvias y chubascos ocasionales, con intensidad fuerte y acumulados altos.

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“Los municipios han crecido mucho hacia las partes bajas y el ser humano ha invadido estas zonas”: Alberto López, meteorólogo de Copeco

“La gente suele pensar que para que ocurra una inundación es necesario un fenómeno climático fuerte, pero este año es atípico, estamos saliendo del fenómeno de El Niño y enfrentamos una temporada lluviosa por encima de lo normal, acercándonos a un fenómeno de La Niña. Estamos experimentando lluvias frecuentes durante la semana, lo que está generando incidencias en la zona norte del país”, dijo el experto.

Se prevé que para este mes de agosto comience la canícula, que persistirá durante un mes. Aunque no dejará de llover por completo, habrá una reducción en la cantidad de lluvia.

Los pronósticos indican que las lluvias se presentarán entre septiembre, octubre y noviembre, lo que podría provocar inundaciones urbanas si se presentan lluvias normales. Históricamente y geográficamente, las zonas bañadas por cuencas tienen un grado alto de vulnerabilidad, y debido a que los municipios del valle de Sula han crecido hacia las partes bajas, esto aumenta el riesgo.

“Chamelecón y La Lima, hablando particularmente, están en el área de amortiguamiento de los ríos, La Lima se desarrolló en zonas donde no debería haber construido, ya que los ríos en cualquier parte del mundo descargan su agua cuando no tienen capacidad hidráulica. La Lima pertenece al río Chamelecón, que descarga su agua cuando no tiene capacidad de drenaje, entonces, el ser humano ha poblado estas zonas de amortiguamiento”, señaló el experto en clima.

De acuerdo con inspecciones realizadas por el Sistema Nacional de Gestión de Riesgo (Sinager), los eventos meteorológicos han llevado a la implementación de modificaciones, como el levantamiento de los edificios, la construcción de paredes más altas y la elevación de las estructuras para mejorar la protección contra inundaciones.

$!Familias permanecen con zozobra durante los meses de invierno debido a los antecedentes de fuertes lluvias.

El ingeniero civil Waldo Rodríguez, del Cuerpo de Bomberos en San Pedro Sula, manifestó que la construcción de viviendas en el valle no está regulada adecuadamente, no se siguen normas de construcción uniformes.

Mientras que ingenieros o arquitectos pueden aplicar estándares internacionales de construcción, a menudo la responsabilidad recae en albañiles, ayudantes o personas sin experiencia suficiente, lo que tiende a generar deficiencias en el proceso constructivo. Además, la calidad de los materiales usados influye negativamente.

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“Si no se toman medidas de mitigación, con el tiempo estas casas pueden llegar a colapsar”: Waldo Rodríguez, ingeniero civil

“La mayoría de las viviendas en el valle de Sula están construidas con bloques, lo que se considera una construcción ordinaria, a diferencia de otros países, aquí se usan bloques para construir viviendas duraderas, pero a menudo no se siguen los estándares para la fabricación de bloques y ladrillos”, cuestionó Rodríguez.

“También se descuida el estudio del suelo, un aspecto importante en la construcción, el bloque debe seguir ciertas proporciones para asegurar su resistencia; sin embargo, a menudo se obtienen bloques arenosos que se deshacen con facilidad. Aún con todo, hay que mencionar que una lluvia intensa puede dañar estéticamente una vivienda, pero se necesitaría mucho tiempo y una falta grave de medidas de mitigación para que colapse por completo”, acotó.

Pormenorizó que la falta de control sobre el drenaje, especialmente el problema de la basura que obstruye los tragantes, agrava la situación. El aumento de concreto y la reducción de la vegetación también disminuyen la capacidad de absorción del suelo.

Desde el punto de vista de la ingeniería, es posible analizar áreas más propicias para reubicar a las personas, ofreciendo mejores opciones habitacionales. “Debemos considerar la construcción vertical como una opción viable, aunque actualmente no es accesible para muchos”, añadió.

Orlando José Avendaño, especialista en ingeniería estructural, manifestó que en varias de las áreas del valle de Sula no se previó adecuadamente la construcción de viviendas.

“La gente pobre busca el lugar más barato, aunque sea una zona peligrosa, como a la orilla de un río o bordo, ellos buscan dónde vivir, la vida es una lucha, no piensan que algún día eso se va a inundar y puede colapsar porque los suelos están saturados”, apuntó.

Recordó que miles de habitantes de barrios, colonias y comunidades, cada año sufren cuando viene el invierno. “Uno puede tener una vivienda bien estructurada, pero contra el agua no hay nada qué hacer, cuando se inunda, se lleva todo, los bienes y los recursos que tienen se destruyen. Lo común que usamos aquí es bloque reforzado y confinado, que tienen buena resistencia, pero si están cerca o a la orilla de ríos, allí no puede detenerse”, aclaró.

Generalmente, en el valle de Sula se usa techo de lámina, pero quienes son de bajos recursos usualmente usan zinc, y otros con más facilidades aluzinc, este último es un material que se usa en la mayoría de las viviendas, pero aún no es muy seguro.

Avendaño comentó que “la casa de madera es segura si está montada sobre pilotes porque cuando se inunda la zona, no se llena de agua, pero hoy casi no se usan. La gran mayoría aquí son de bloque de cuatro o seis pulgadas, es la vivienda típica que se hace en el valle de Sula”. Por otro lado, criticó el sistema de aguas pluviales al argumentar que cada calle es un canal abierto que daña todo lo que encuentra.

Según indicó, para que una vivienda colapse, es porque fue mal construida, porque el suelo está saturado o recibe de manera directa la corriente de agua, que comienza botando las paredes y luego destruye la casa.

“Las municipalidades deben tener información sobre cómo se comporta el agua en las diferentes zonas, los constructores deben tener conocimientos técnicos para evitar esos grandes desastres año con año. Quienes viven cerca o a orilla de ríos deben tener un sistema de alerta personal además de prestar atención al Gobierno”, concluyó.

Según expertos de Copeco, en el valle de Sula, las viviendas y comunidades de La Lima son las de mayor riesgo debido a su completa inundación durante eventos extremos. Otros municipios con alta vulnerabilidad incluyen a San Manuel, Villanueva, Pimienta, Potrerillos y Choloma. La cercanía a las cuencas fluviales incrementa la vulnerabilidad de estas áreas.