Cada semana muere un hondureño en la ruta migratoria a Estados Unidos
Reportes de la OIM dicen que 463 hondureños fallecieron en accidentes de tránsito, ahogados y hasta por condiciones climáticas extremas entre 2014 y julio de 2024. Los migrantes fallecieron en Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos
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Un total de 463 hondureños han muerto en la ruta migratoria hacia Estados Unidos en los últimos 10 años, la mayoría falleció en México y Estados Unidos.
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Tegucigalpa, Honduras
Con los ojos tristes y desconsolados, Estefany Saravia intentaba mantenerse férrea. Su voz se quebraba en algunos momentos, pero hizo lo posible por contar cómo su esposo, Javier Bonilla, un reconocido abogado de El Progreso, Yoro, perdió la vida en el desierto en Texas, cuando intentaba culminar la peligrosa ruta migratoria a Estados Unidos.
“Murió a causa de deshidratación porque me lo abandonaron, me lo dejaron tirado allí en el camino y por eso mi esposo falleció”, comentó a medios locales con profunda melancolía. En ese momento su voz dejó de ser firme, se tornó vulnerable, reflejando todo el dolor que su corazón sentía.
Javier Bonilla, su esposo, había emigrado de forma irregular porque no tenía visa estadounidense. Huyó de Honduras porque su familia, con la que había puesto un negocio de comida, era extorsionada. Primero se fue ella y su hijo de cinco años de forma regular, pero él tuvo que hacerlo “sin documentos”, por la ruta terrestre considerada la más peligrosa del mundo.
En ese peligroso camino han muerto desde 2014 hasta el 3 de julio de 2024 un total de 463 hondureños, según los reportes del Proyecto Migrantes Desaparecidos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
En esos 10 años murieron en promedio 46 hondureños cada año, mientras que 8 siguen desaparecidos. Esto significa que cada semana un compatriota perdió la vida en el largo trayecto.
“Su último mensaje fue ‘nos vemos pronto. Te amo, mi amor, ya pronto estaremos juntos’”, contó Saravia, envuelta en llanto, tratando de controlar su respiración y pausar sus palabras.
Huyen de Honduras
La familia Bonilla-Saravia vivía día a día de las ganancias que generaban de un negocio de comida que recientemente había abierto. El negocio funcionaba hace cuatro años en su vivienda, pero cuando por fin buscaron un local para moverse “fueron solamente deudas porque solo nos duró dos meses la apertura del restaurante”, contó Saravia.
La mujer afirmó que decidieron cerrarlo cuando recibieron llamadas de extorsionadores que les pedían 200 mil lempiras para dejarlos funcionar, de lo contrario “te va a ir peor”, advertía un hombre a través de un audio.
“Ya recibimos orden y te vamos a dar 15 días para que nos tengas todo ese dinero. Espero pongás atención porque no se te va a repetir dos veces. Te vamos a dar el 28 de este mes, vos nos vas a tener todo ese dinero y cuidadito con cambiar de número porque te vamos a estar comunicando allí para darte el punto de entrega y ojalá con cambiar de número porque te va a ir peor”, decía textualmente una voz masculina.
El temor se apoderó de la familia, porque quienes los estaban amenazando sabían detalles del vehículo que conducían, del lugar en el que vivían, de sus trabajos como abogados, de su negocio de comida y hasta la ubicación de la escuela de su hijo.
“Nos decían que nos iban a matar si no entregábamos ese dinero”, contó Saravia, mientras trataba de contener sus lágrimas. Bonilla intentó negociar con los extorsionadores, pero fue imposible, por eso decidieron huir lo más pronto posible del país que los vio nacer.
“Sacamos a mi mamá, sacamos a mi hijo, pero lastimosamente a mi esposo no lo pudimos sacar porque no tenía visa”, lamentó la mujer.
El 20 de marzo de 2024, Javier Bonilla decidió emigrar de forma irregular a Estados Unidos. Iba con un coyote que le prometió llevarlo con su familia, pero no cumplió porque “lo dejaron abandonado”, denunció su esposa.
La mujer contó que se comunicó con él por última vez el 13 de junio, cuando le dijo que lo moverían para cruzar la frontera. Los reportes de las autoridades estadounidenses indican que sí logró ingresar a ese país, pero cuando cruzaba por el desierto de Texas murió.
La frontera estadounidense es uno de los puntos más mortales para los migrantes, aunque los registros de la OIM indican que desde Honduras, pasando por Guatemala, México y el sur de Estados Unidos hay un cementerio de hondureños que fallecieron cuando intentaban cumplir el sueño americano.
Solo en 2016 fueron 97 casos, mientras que al cierre de 2023 fueron 92. Esos fueron los años con más reportes, según la OIM. Hasta julio de 2024 se contabilizaban 14 compatriotas fallecidos, la mayoría en México y Estados Unidos.
Los hondureños pasan por dos países para llegar a Estados Unidos. De Guatemala los migrantes, casi siempre, llegan hasta Ciudad de México o Veracruz, en México. De la capital mexicana pueden tomar tres rutas: una por Mazatlán hasta llegar a Tijuana, la segunda desde Torreón hasta Juárez y la última por Saltillo hasta Nuevo Laredo.
Los que se van por Veracruz, por su parte, llegan hasta Reynoso. Los datos de la OIM señalan que esta ruta es la más mortal, pues es donde se contabilizaron más decesos de compatriotas. En Estados Unidos, los casos de migrantes fallecidos ocurrieron, en su mayoría, en toda la frontera sur.
Saravia lamentó que su esposo fuera uno de ellos. La noticia la recibió de la peor forma 18 días después de perder contacto con él: se comunicó con un comandante que sin tapujos le dijo “lo único que tenemos es un cuerpo”.
“Me dijo que él andaba unos tenis negros con gris que son Fila y andaba una cadenita de los Rotarios, que él era parte. Me dijo tu esposo ya tenía 30 horas de haber muerto”, narró la mujer sin poder contener sus lágrimas.
La mujer no pudo dejar de pensar que se trataba de su esposo, pero lo confirmó hasta que envió una fotografía al comandante. La impotencia que sentía se transformó en dolor, pues golpeaba pensar que el hombre que amaba había huido de Honduras para resguardar su vida, pero lo habían dejado solo y abandonado ante la inclemencia de la ruta migratoria.

La extorsión impacta en la migración
El caso de Bonilla resonó en toda Honduras: un profesional del derecho que huyó del país, porque temía que él y su familia fueran asesinados por extorsionadores, había muerto en el desierto de Estados Unidos.
Sally Valladares, experta en temas migratorios, mostró su preocupación porque en países como México, Estados Unidos, España y hasta Gran Bretaña están aumentando las solicitudes de asilo de hondureños, al punto que los registros son superiores a los de naciones que sí tienen un conflicto armado interno o internacional.
LA PRENSA Premium evidenció que la mitad de las solicitudes de asilo recibidas en México en 11 años eran de hondureños, un dato que sustenta lo expresado por Valladares
“Eso significa que no se ha abordado realmente el impacto que tiene el fenómeno de la extorsión en el país. Es recurrente el hecho de que las personas, obviamente aquí no hay empleo... es increíble que usted pueda hacer un rastreo de la cantidad de emprendimientos que existen, y eso tiene muchas repercusiones, además del tema migratorio, las personas no abren negocios físicos para evitar la extorsión”, condenó.
La experta en temas migratorios lamentó que los hondureños repiensan el poner un negocio por los impuestos y, especialmente, por la extorsión, por eso recurren a la informalidad.
“No hay que aislar el tema de seguridad únicamente a la lectura de la tasa de homicidios, sino también el hecho de ver la extorsión como un fenómeno que no solamente está generando esos números tan grandes de migración, porque el tema de extorsión va relacionado con muchos otros elementos”, comentó.
Valladares recordó que muchas personas también emigran por reclutamiento de estructuras criminales, por amenazas y hasta porque les quitan las viviendas o los negocios que tienen.
Sumado a esto está la situación económica de los hogares y la falta de oportunidades.
Valladares recordó que más de 100 hondureños salen diariamente huyendo de estas situaciones, pero lastimosamente muchos pierden la vida en el camino.
Según los registros de la OIM, por cada 10 migrantes hondureños que murieron en la ruta hacia Estados Unidos, tres perdieron la vida en accidentes de tránsito, dos ahogados y dos por causas desconocidas.
Además, entre 2014 y julio de 2024 un total de 48 fallecieron por condiciones ambientales adversas, lo que incluye climas extremos, hacinamiento y hasta deshidratación. En este registro, lastimosamente, entra Bonilla, quien falleció deshidratado cuando cruzaba el desierto de Texas.
“Yo sé que hay muchas personas en Honduras que pasan esto y lastimosamente no pueden salir, pierden la vida y mi esposo la perdió viniéndose a estar con nosotros porque no podía estar más en Honduras, porque si lo encontraban lo iban a matar”, lamentó Saravia.
La mujer contó cómo el miedo los invadió en Honduras, por eso decidieron emigrar para no morir en la nación que los vio nacer. Su caso fue denunciado ante entes de derechos humanos, pero no vieron esperanza de recibir una pronta respuesta, por eso algunos huyeron de forma regular y Bonilla, su esposo, tuvo que hacerlo como los mal llamados “indocumentados”: cruzando fronteras por puntos ciegos con ayuda de un coyote.

Los riesgos son múltiples
César Castillo, director del Observatorio de Migraciones de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (Unah), recordó que los migrantes que recorren la ruta terrestre hacia Estados Unidos no solo se enfrentan al largo trayecto, sino a la extorsión, violaciones estafas, ser víctimas de trata de personas y hasta ser utilizados por criminales para transportar droga.
“Aquí el tema es hacernos la pregunta, ¿qué está pasando en el país para que estas personas decidan emigrar conociendo estos riesgos, conociendo que se pueden morir en el camino o que pueden ser extorsionados o ser víctimas de otros delitos?”, cuestionó.
El experto en temas migratorios recordó que para las caravanas migratorias de 2018 murieron 32 hondureños en la ruta, pero al hacer la comparación con los homicidios reportados en el país hubo 45 casos en un solo fin de semana.
Los datos de la OIM señalan que el 70% de las muertes reportadas entre 2014 y julio de 2024 eran hombres adultos. Además, contabilizaron 66 decesos de mujeres y 53 de niños.
Los hondureños “dicen: ‘prefiero morir en el camino, en el trayecto, intentando llegar a Estados Unidos, intentando buscar una mejor condición de vida, que lo mismo me va a suceder en el país con la situación de violencia que tenemos’. No digamos con el tema de extorsión también, que es el que golpea principalmente a los pequeños negocios, a los emprendedores, o al rubro de transporte”, recordó.
Castillo afirmó que en los últimos años se ha visto como el perfil del migrante ha cambiado, pues de ser el padre de familia el que se iba a Estados Unidos pasó a ser la mujer y luego las familias completas, pero ahora también migran las personas con una carrera universitaria.
“No solo están migrando las familias, no están migrando los que tienen más recursos, están migrando también las personas que tienen profesión, que tienen un nivel educativo, que incluso que tienen un empleo, pero que ese empleo es precario y no satisface las necesidades de vida de ellos”, señaló.
Incluso, citó un estudio del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (Eric-SJ) que dice que 6 de cada 10 estudiantes de secundaria tienen la intención de emigrar.
“Estamos dejando ir la población educada, la población con la que podemos desarrollar el país y realmente es preocupante. Cuando estamos hablando de que nos vamos a quedar sin jóvenes, sin personas que hemos invertido en ellos para lograr su mejor nivel educativo y que no podemos utilizarlas y no podemos contar con ellas para desarrollar el país”, condenó.
El experto mencionó que el estudio señala que por cada 10 ciudadanos, 4 también dicen tener la intención de irse de Honduras y “no necesariamente están migrando la gente más pobre, porque el pobre desgraciadamente no puede emigrar”.
Castillo afirmó que emigrar a Estados Unidos implica pagar entre 12 mil a 15 mil dólares y muchos hondureños no lo tienen, entonces migra gente que quizás tiene algo de recursos, gente que tiene familiares en el extranjero y que pueden financiar esa migración, o gente que tiene algunos bienes y que pueden venderlos, que tiene acceso a crédito y pueden endeudarse para emprender la ruta migratoria.
