Periódicamente nos encontramos con personas cuyas vidas hablan más fuerte que sus palabras. Practican lo que predican. Se impulsan hacia adelante y no se quedan en la mediocridad. Son íntegras y auténticas. Viven lo que creen y habitualmente atraen a otros, como consecuencia.

Son dignas de imitarse. Estas personas encarnan un ideal y crean legados que duran. Sí, estas personas están plenamente vivas. Su manera de abordar la vida es actuar, antes que permitir que sus vidas les dicten qué hacer. Quiero ser ese tipo de persona. ¿Y usted también quiere ser ese tipo de persona? ¿Y usted también quiere ser imitada?

Estas personas son las que deciden si van a vivir a la altura de su potencial. Es posible estar bendecidos con talento increíble, habilidades, oportunidad y educación y, sin embargo, no aceptar nuestra identidad. Tal como un individuo me desafió cierta vez: ¿por qué estás manejando como si fueras un coche vetusto cuando Dios te creó como un Porsche? Así opina Jeff Caliguire.

Pablo ciertamente era una de esas personas. Vivía al máximo. Tenía un mensaje para esparcir y una tarea que hacer. Conocer a Pablo era conocer el mensaje. Era un hombre impactado por el amor de Dios, que ofreció su vida en sacrificio como un ejemplo.

Verdaderamente, las visiones más puras fluyen desde lo más profundo de nosotros. Los logros más grandes resultan de lo que estamos dispuestos a modelar o, posiblemente, de aquello que no podemos evitar modelar: nuestras pasiones, deseos, dones, vivencias y experiencias.

Nuestro mundo busca líderes que demuestren un nuevo camino, que vivan sus convicciones e inspiren a través de sus acciones. San Francisco de Asís lo dijo de este modo: predica el evangelio y, si fuera necesario, usa palabras.

Estamos cansados de los que dicen algo y hacen otra cosa, aún vemos esto en nuestras propias vidas y nos damos cuenta de que esa no es la manera que se supone que vivamos. Hay una vida mejor que debemos vivir...