¿Debemos criticar?

Criticar es uno de nuestros deportes favoritos. Los padres critican a los hijos, los hijos a los padres, los gobernados a los empleados de gobierno, los obreros a los patronos, las mujeres a las otras mujeres, los hombres a sus rivales, los religiosos a los incrédulos, los gordos a los flacos, los pobres a los ricos, es decir, no hay persona que al terminar el día no haya recibido o derramado varias críticas al día.

Criticar no es decir lo malo de lo juzgado sino valorar y medir cuánto tiene de malo y de bueno. El crítico es el que juzga alguna materia que conoce y ama y quiere ayudar a mejorar. Critica para elevar, para ensalzar, para engrandecer. Al criticar, según López Caballero, han de seguirse ciertas pequeñas leyes que son decisivas:

a) La crítica ha de hacerse en privado, cara a cara, con la persona interesada. Una crítica en público hiere la dignidad del otro sin conseguir el efecto deseado.

b) No critique comparando con otras personas. Todo ser es único e inigualable.

c) Al criticar no exagere, sea específico. Evite las palabras siempre y nunca. Nadie es siempre malo.

d) Hay que criticar una sola cosa cada vez. Sí, al criticar, sacamos los rencores que tenemos acumulados durante meses o años, lo que conseguiremos es discutir y no curar.

e) No se deben machacar o repetir las críticas una vez formuladas.

f) Hay que escoger el momento adecuado para criticar y preferiblemente que el hecho sea reciente. El crítico debe estar tranquilo para criticar y el criticado para escuchar.

g) Nunca se debe criticar lo que no se ha comprobado bien. Criticar sobre rumores, sobre sospechas, es predisponerse a ser injusto.

h) Antes de criticar hay que ponerse en las circunstancias del criticado. Como dice un viejo proverbio “Dios me libre de juzgar a mi hermano sin haber calzado durante un mes sus zapatos”.

Los hombres juzgamos con una frivolidad que espanta. Si supiéramos como y por que caminos se ha llegado al error que criticamos, noventa y nueve de cada cien veces nos callaríamos...