Enfermo crónico

La pandemia por Covid-19 ha puesto de manifiesto muchas fallas de nuestro precario sistema de salud. La falta de materiales y equipo, de medicamentos, personal e incluso los implementos más básicos que uno pueda imaginarse son problemas que ya conocíamos, pero ante una situación tan grave como la que estamos viviendo, son terribles.

Hemos enfrentado enfermedades como dengue, zika y chicunguña con ese mismo sistema de salud, con saldos trágicos. A inicios de febrero de este año, en las noticias las autoridades de Salud ya alertaban de un aumento de casos de dengue tanto grave como no grave. La situación se complejiza aún más con la emergencia por covid-19.

Tenemos un sistema de salud público colapsado, pero no solamente ahora, sino año tras año. Es un enfermo crónico. Lo que vemos en estos momentos es la postergación de las necesidades fundamentales, la evidencia del poco cuidado de la población, más allá de los discursos.

Como un estribillo de canción popular, hemos escuchado hasta el cansancio que ningún país estaba preparado para una pandemia como esta. Más que una disculpa velada por la evidente falta de planificación y de proactividad, se trata de una excusa que lejos de inspirar empatía, provoca el más grande rechazo.

La anteposición de la salud en la agenda pública es una situación que ha estado poco presente. Hay que admitirlo: ha habido un tremendo descuido, una grave indiferencia hacia uno de los pilares fundamentales del desarrollo. Se ha dado mayor atención a otro tipo de problemas, se ha delegado equivocadamente algo tan importante a quienes quizá tengan buena voluntad, pero no el conocimiento, ni la experiencia necesaria.

Vemos con tristeza que los hospitales de emergencia llegarán en un par de meses a una situación que requiere de respuestas urgentes. Vemos que los diputados aprueban millonarios proyectos, pero para ejecutar dentro de dos años.

Un sistema de salud cuyo personal no cuenta con equipos de protección indispensables, después de más de un mes de aparecido el primer caso, nos señala que al Estado no parece preocuparle el personal sanitario. Paradójicamente, las autoridades señalan: lo que viene es difícil.

Un sistema de salud que no cuenta con recursos necesarios, quizá porque en parte han sido robados, nos habla de una sociedad adonde la corrupción institucional es algo sabido y permitido.

Por años, los pacientes que acuden al sistema de salud pública han tenido que salir a instituciones de carácter privado a buscar la tecnología médica para su diagnóstico, porque los aparatos que hay en los hospitales están dañados u obsoletos.

Esto es lo que tenemos: un sistema de salud pública en una emergencia mundial como no la ha habido en la historia reciente, que no es capaz de coordinarse, que nos demuestra la enorme carencia de liderazgo que tenemos en esta y en muchas áreas en Honduras.

Aún es tiempo de que las autoridades llamen a los hombres y mujeres expertos en esta área para buscar soluciones. Todavía es posible convocar a la participación, con un verdadero interés por salir adelante, sin sesgos políticos. Después puede ser demasiado tarde y entonces la historia los juzgará.