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Reforma electoral en Honduras

Honduras lleva tres procesos de elección presidencial altamente complicados, cargados de desconfianza en el sistema y enojo en amplias secciones de la población por el resultado. A pesar que tras el proceso electoral de noviembre de 2017 se abrió un diálogo de las partes involucradas dirigido por las Naciones Unidas y otra mesa de discusión dirigida por la Organización de Estados Americanos para mejorar las reglas del sistema electoral, las propuestas están lejos de llegar al punto de satisfacción para el electorado.

En las últimas semanas han trascendido las reformas electorales conocidas como Ley para la Participación Política Electoral y la Ley Procesal Electoral, aunque sean avances en el proceso de resolución de conflictos electorales, no están atacando la razón por la cual los conflictos están ocurriendo a nivel de la boleta presidencial: falta de legitimidad en el resultado del día de las elecciones.

Para enfrentar este problema, lo más importante es instalar un proceso en el cual el electorado entienda las reglas del día de las elecciones.

Siendo necesario que estas reglas hagan que el ganador de la contienda tenga suficientes puntos de diferencia con el siguiente que hasta con fraude de 1-3 puntos, sería difícil refutar el resultado. Estas leyes antes mencionadas vienen a solventar los problemas ocasionados después de la disputa electoral, y no a establecer las condiciones para el gane.

En Honduras hoy tenemos un sistema pluralista, donde más de tres compiten por la presidencia en elecciones generales (Presidencial, Legislativo, y Municipal el mismo día), y sin la presencia de un umbral mínimo de puntos porcentuales de separación, ni de un mínimo porcentaje en el voto adquirido.

Los sistemas electorales en América Latina, desde la salida de gobiernos militares, han demostrado que la segunda vuelta condicionada es una herramienta que ayuda a eliminar, o como mínimo, reducir los cantos de fraude en la primera vuelta o de no reconocer el resultado, pudiendo así pasar a sistemas más complejos y tecnificados de elección.

En los países donde no existe la segunda vuelta, en casos de márgenes muy cercanos en primera vuelta, como ha ocurrido en elecciones recientes en Honduras (Hernández 2017) y en México (Calderón 2006), han dejado sabor amargo tanto en la población local, como en el exterior.

A nadie le gusta apoyar elecciones dudosas y peor con dudas en el sistema electoral que debería de prevenir estas situaciones. (Continuará).