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Valles de sombra

Transitamos valles oscuros en estas honduras que cada vez se vuelven más profundos. Duele la patria nuestra, que ha sido mancillada y abusada en todas las formas posibles por malos hijos que no se cansan de saquearla.

El Estado ya naufragó totalmente, el barco se hunde indefectiblemente en las aguas pútridas y malolientes de la corrupción y la impunidad; de hecho, muchos comenzarán a abandonar el barco poco a poco.

Los hechos y revelaciones recientes nos han asombrado para mal, pues nos deja ver la debilidad institucional que mantiene postrada a nuestra sociedad en el letargo del subdesarrollo y la pobreza.

El Estado interviniéndose a sí mismo por n cantidad de veces en las secretarías de Salud, Educación, Seguridad, entre otros, solo demuestra la ausencia absoluta de capacidad para dirigir el timón que debiese llevarnos a puerto seguro.

Y ahora no solo se trata de incapacidad de tipo político y jurídico, sino mucho más grave, incapacidad moral absoluta que manifiesta ‘el gemir del pueblo cuando el impío gobierna’, tal como reza el proverbio bíblico.

Para ejemplificar, el Consejo Nacional Anticorrupción valientemente ha señalado que solo en el sector de salud los corruptos se roban 49 lempiras de cada 100; o sea, casi el cincuenta por ciento del presupuesto es drenado por actos de corrupción, lo cual se traduce en un sistema de salud colapsado y que se muere en la eterna sala de espera.

Debe venir más temprano que tarde otro resurgir de la patria, tal como hace casi dos siglos, cuando se rompieron las cadenas de la corona; hoy también debe romperse el ciclo de la impunidad que ata los pies descalzos de esta patria herida y que parece sin esperanza.

Tu también ¡oh mi patria! te alzaste de tu sueño servil y profundo, hoy puedes y debes hacerlo de nuevo, patria mía. Levántate de la postración que te agobia y expulsa a los malos que sin misericordia te saquean.