Franjas de pradera buscan reducir daños ambientales de la agricultura
Las franjas de pradera crearon mejores condiciones para bacterias útiles, resultando en niveles mucho más bajos de óxido nitroso, un poderoso gas de efecto invernadero generado por fertilizantes químicos.
Foto: The New York Times
Jon Bakehouse y su esposa, Tina, han plantado franjas de pradera en su granja en Hastings, Iowa. (Annick Sjobakken para The New York Times)
Por Cara Buckley / The New York Times
Pequeñas zonas silvestres crecen en la granja Maple Edge Farm en Iowa, donde la familia Bakehouse cultiva 280 hectáreas de maíz, soya y alfalfa. Situadas entre hileras uniformes de tierras de cultivo, las áreas de tierra parecen pequeños edenes.
Después de que las inundaciones redujeron muchos de sus campos a paisajes lunares hace tres años, los Bakehouse se embarcaron en un camino antes inconcebible. Quitaron unas cuatro hectáreas y media a la producción agrícola, fragmentos de tierras de cultivo a lo largo de los campos y en barrancos. Sembraron entonces plantas de flores y pastos endémicos, especies que alguna vez llenaron la pradera.
Estas áreas se llaman franjas de pradera y son parte de un movimiento creciente por reducir los daños ambientales de la agricultura y ayudar a aminorar las emisiones de gases de efecto invernadero, al tiempo que brindan a la fauna un impulso muy necesario y ayudan a restaurar la tierra.
A medida que los pequeños espacios silvestres crecían, aparecían cada vez más alondras, faisanes y codornices, junto con insectos beneficiosos.
Bajo tierra, se formaron redes de raíces para filtrar los peligrosos escurrimientos de nutrientes de los cultivos, mantener el suelo en su lugar y brindar nueva salud a la tierra.
“Estamos pensando en nuestra granja como una pequeña pieza del rompecabezas del bien general”, dijo Jon Bakehouse.
En Iowa, actualmente queda menos del 0.1 por ciento de la pradera original, dispersa en fragmentos por todo el Estado. Las franjas de pradera están ayudando a revertir esa pérdida. Los investigadores contaron 237 hectáreas de franjas de pradera en tierras de cultivo en siete Estados en el 2019. Hasta el año pasado, se habían extendido a 14 Estados, ocupando 9 mil 296 hectáreas.
Aunque eso representa una diminuta fracción de los campos agrícolas del Medio Oeste de EU —tan sólo Iowa tiene unos 12 millones de hectáreas de tierras de cultivo— los investigadores dijeron que las franjas tenían impactos desproporcionadamente positivos.
Los niveles de nitrógeno y fósforo transportados por la escorrentía superficial de las tierras de cultivo adyacentes disminuyeron hasta en un 70 por ciento, siendo absorbidos por las franjas de pradera, resultando en una menor contaminación del agua. Las franjas crearon mejores condiciones para bacterias útiles, resultando en niveles mucho más bajos de óxido nitroso, un poderoso gas de efecto invernadero generado por fertilizantes químicos. Las franjas también atrajeron el doble de aves endémicas de los pastizales y el triple de insectos beneficiosos, en comparación con los campos que carecían de las franjas.
En el 2018, un proyecto de franjas de pradera iniciado por la Universidad Estatal de Iowa se incluyó en el Programa de Reservas de Conservación de EU, lo que permitió a los propietarios de tierras agrícolas que convirtieron algunas de sus tierras en franjas de pradera recibir dinero del Gobierno federal. El Departamento de Agricultura de EU dijo que el pago promedio por las franjas de pradera es de 209 dólares por menos de media hectárea cada año.
Aún así, los pagos pueden terminar siendo menores que los ingresos provenientes del ganado o los cultivos.
Para ser clasificado como franja de pradera, el terreno restaurado debe colindar con tierras de cultivo activas, tener al menos 9 metros de ancho y estar sembrado con docenas de especies de plantas endémicas.
Resilient Farms, cerca de Red Oak, Iowa, pertenece a la familia de Maggie McQuown desde hace más de un siglo. Para compensar los impactos de la soya y el maíz cultivados por el agricultor que había alquilado su tierra, plantó una docena de franjas de pradera que hoy están repletas de vida.
“El sistema agrícola tradicional extrae del suelo, lo mata y lo convierte en tierra”, dijo. “Queremos un suelo vivo, lleno de microbios, todo un ecosistema bajo tierra”.
© The New York Times Company 2024