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“Me perdí hace 13 años, ando en busca de mi madre”

Un joven de 17 años estuvo obligado a crecer en la calle. Ha sufrido abusos, hambre y penurias; ahora solo espera un milagro para encontrar a su familia

Su pasatiempo es dibujar. En la pared de su cama permanecen varios dibujos que ha hecho durante su estadía en Catrachos al Cambio.<br/>
Su pasatiempo es dibujar. En la pared de su cama permanecen varios dibujos que ha hecho durante su estadía en Catrachos al Cambio.

Se extravió cuando tenía cinco años. Ahora tiene 17 y Rogelio Martínez quiere conocer de dónde viene, especialmente a su madre, de quien solo tiene un vago recuerdo.

El adolescente se crió en la calle. Su vida ha estado marcada por la miseria, el desengaño y la tragedia porque al tener cinco años se perdió sin que nadie pudiera ayudarle a regresar a su hogar.

Su relato es desgarrador y con un dejo de esperanza de que algún día todo vaya a cambiar. e_SDLqDeseo encontrar a mi madre. Tengo curiosidad de saber si vive y pedirle una explicación. He crecido en la calle desde que la desgracia de perderme me vino encima.

Recuerdo que mientras jugaba con otros niños, me alejé de casa y empecé a ver extraño el lugar donde me encontraba. Estaba temblando del miedo. Me subí a un bus. Era la primera vez que viajaba solo. Una señora pagó mi pasaje. Al final del recorrido entré a una casa. Allí me dieron comida. De pronto llegó una patrulla de la Policía y me detuvo. Al ver que no me buscaban, me llevaron al Ihnfa”.

En ese momento comenzó la angustia. Su corta edad no le permitía entender qué había pasado. Dónde estaba su casa, dónde estaba su madre.

“Lloraba mucho. Despertaba por las noches extrañando a mi mamá. Siempre imaginé que llegaría a traerme. Luego de tres años me trasladaron a Tegucigalpa, al Hogar Crece. Allí permanecí un año”.

Habían pasado cuatro años desde aquel día en que vio por última vez a sus familiares.

“A los nueve años me escapé del centro. Aproveché que me enviaban siempre a hacer mandados. Me dieron 15 lempiras para comprar unas semitas y no regresé. A mi mente vinieron deseos de experimentar qué había afuera. Me subí a un bus que me bajó en Comayagua. Allí empecé a pedir en las calles. Pasaba las noches durmiendo en las aceras. Para conseguir comida aseaba los patios de algunas casas. También ayudaba en los negocios de los mercados.

Buscaba entre la basura botellas plásticas, cosas que podrían servir para vender. Un día, un niño me invitó a que le pusiera a los botes (inhalar pegamento). ‘Que me quitaría la tristeza’, me dijo. Lo probé y me puse bien loco. No tenía miedo a nada. Todo me causaba risa.

Sentía que caminaba en las nubes, hasta miraba que todas las cosas se movían. No había pasado ni una hora cuando ya había inhalado todo lo del bote. Nunca me había sentido tan feliz. La única razón que me hacía reír era drogarme con pegamento y marihuana”.

Así pasaban los días para Rogelio, cuestionándose el porqué de su trágica vida, pues no fue abandonado ni regalado, simplemente se perdió; para él, nadie lo buscó.

“Desde hace muchos años no sé qué es decir ‘mamá’. Tampoco nunca he celebrado un cumpleaños. No tuve juguetes, nunca. Mi felicidad habían sido los vicios. No me regresaron a mi hogar como esperaba; mi madre nunca llegó a traerme. Cuando me caía la lluvia, mi ropa sucia y rota se secaba en mi cuerpo. A veces conseguía zapatos, pero la mayoría del tiempo la pasé descalzo.

He pasado años llorando, que hasta me duele recordar lo que he pasado. A veces pienso que mi madre es malvada. Nunca se preocupó por buscarme. He deambulado por las calles muchos años, durmiendo en cartones, sin una cobija mientras hacía frío. Es mucho dolor estar en medio de tanta miseria.

Hace poco me despertó el deseo de tener noticias de mi madre, de saber cómo se llama, a qué se dedica y, sobre todo, saber si ella ha sufrido o aún me anda buscando. O simplemente saber si me abandonó”.

Rogelio regresó a San Pedro Sula tras años de drogadicción. Hace un año recibió ayuda en Catrachos al Cambio, centro de adicciones financiado por la Municipalidad, donde muchos jóvenes se rehabilitan. El adolescente sufrió abusos en la calle, los cuales está superando con terapias psicológicas intensivas.

Tiene seis meses de no probar drogas y está despertando una pasión por el dibujo.

“Soy un buen dibujante, tengo talento. Miro algo y lo hago tal como es. Me gusta recrear figuras de demonios, animales y vampiros. También he dibujado a la Sucia. Deseo ser artista, aprender las técnicas de pintura, hasta ser como los caricaturistas que dibujan en los periódicos.

Todas las penurias que pasé en mi infancia no se me olvidarán nunca. Están marcadas en mi interior y corazón. Muchas veces me he ido de aquí (Catrachos al Cambio). Ahora regresé y no quiero vivir de nuevo en las calles. Me gustaría que alguien me diera una beca y estudiar pintura”.

Autoridades

En los archivos del Ihnfa se registró la llegada de un niño que se extravió en el año 2000 en La Lima, Cortés, con nombre Rogelio Martínez. Esto es lo que pudieron conseguir las autoridades de aquel pequeño. Pidieron un acta de nacimiento y la archivaron en su expediente, el cual ahora no aparece.

Nunca buscaron a su madre. La explicación: no hay logística para buscar a los padres de cada niño que vive abandonado en las calles de San Pedro Sula.

En su partida de nacimiento figura que Rogelio nació el 16 de marzo de 1996 en El Negrito, Yoro. Aparece el campo destinado a su progenitora con el nombre de Margarita Martínez (40), quien podría ser la madre del menor. Su presunta abuela sería Catalina Martínez. Todo esto suponiendo que aquel niño de cinco años haya dicho bien su nombre.

Esta es la documentación que conserva el centro de adicciones, donde se encuentra auspiciado con otros siete niños que, como Rogelio, han sufrido en las calles.

Catrachos al Cambio está detrás de la Policía Municipal, en la 20 calle, barrio Las Palmas. Ahí, el adolescente de 17 años espera paciente, espera un milagro.