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El tap zapatea fuerte en San Pedro Sula

En varios centros educativos, el baile se está enseñando como una disciplina extracurricular.

Disfruta enseñando el clásico baile.
Disfruta enseñando el clásico baile. / Fotos: Yoseph Amaya

San Pedro Sula, Honduras.

Los sonidos rítmicos retumban en el piso de madera de la Academia de Bellas Artes por los zapateos de las bailarinas dirigidas por Patricia Maldonado de Olyslager, considerada pionera del tap en Honduras.

El nombre de este baile, cada vez más popular en San Pedro Sula, viene del sonido que hacen las pequeñas placas metálicas, colocadas en los zapatos de las bailarinas, cuando tocan el piso.

La instructora lo aprendió en el Conservatorio Nacional de Guatemala y lo enseña desde hace más de veinte años en la Academia de Bellas Artes de San Pedro Sula. Desde entonces han egresado incontables bailarinas que difunden esta expresión artística por todos los confines. El tap es una mezcla de danza y percusión en la que el bailarín o bailarina hace música al chocar sus zapatos contra el suelo.

El cuerpo estilizado de la señora Olyslager se mueve al ritmo de su zapateo mientras enseña la danza a sus alumnas. El tap puede bailarse sin música o combinando el zapateo con los compases de una composición musical, expresó.

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Con la directora de la Academia de Bellas Artes, Ana Lucía Ruiz de Lardizábal.

Cuando a los siete años sus padres quisieron inscribirla en una academia para que aprendiera a bailar ballet, ella se resistió; sin embargo, a los 12 que vio una presentación de la Academia de Bellas Artes en el cine Tropicana, emocionada exclamó: “Qué bonito eso, yo lo quiero hacer”.

Fue alumna de esa academia hasta que sus padres decidieron enviarla a estudiar Química y Farmacia a Guatemala. Como tenía la pasión por el ballet, alternaba sus estudios en la universidad chapina con clases de danza que recibía en el Conservatroio Nacional y la Escuela Nacional de Danza y Coreografía.

Cierta vez le pidieron que enseñara ballet a las estudiantes de tap. Entonces comenzó a sentir gusto también por aquel zapateo y decidió estudiarlo, hasta que se convirtió en una consumada bailarina.

En Guatemala conoció a Juan Carlos Olyslager, quien ahora es su esposo, su apoyo y su fan número uno, según dijo. Se lo trajo a Honduras junto con su título de farmacéutica y su credencial de bailarina profesional de tap.

Nunca extendió una receta; en cambio ha ganado muchos premios en el ámbito internacional por sus coreografías de tap. En Costa Rica le dieron, en tres años consecutivos, el primer lugar al representar a la Academia de Bellas Artes.

Cuando en Las Vegas, Nevada, le dieron igual distinción,“nadie creía que éramos hondureños”.

Mencionó que existen diferentes estilos de este baile, mezcla de danza irlandesa y afroamericana.