La gentrificación olímpica desplaza a los migrantes en París
Miles de migrantes viven en campamentos callejeros en Francia en medio de una crisis de vivienda.
Foto: Dmitry Kostyukov para The New York Times
Francia cerró docenas de “okupaciones”, como esta en Montreuil, parte de esfuerzos de revitalización para las Olimpiadas.
Por: Sarah Hurtes/The New York Times
SEINE-SAINT-DENIS, Francia — El edificio, que alguna vez fue una bodega, departamentos y oficinas, es un hogar temporal con una ducha para 60 adultos y niños.
En la planta baja, ratas corren bajo sillas de plástico y carriolas. El hedor a ropa húmeda y a sanitarios tapados domina los aromas a tomate y especias de las cocinetas improvisadas de los pisos superiores.
Se trata de una llamada okupación en Seine-Saint-Denis, una zona suburbana al este de París que alguna vez fue un distrito industrial. Ahora es un lugar con cafés de moda y casas de alta costura, así como fábricas abandonadas y espacios como la bodega, que se han convertido en viviendas no autorizadas para personas sin hogar e inmigrantes.
Mariam Komara, de 40 años, una inmigrante indocumentada de Costa de Marfil, vive allí desde el año pasado. El otro día, se preparaba para acudir a los tribunales para argumentar que tiene derecho a quedarse.
Sin embargo, ahora Seine-Saint-Denis es el corazón de los Juegos Olímpicos de París, con alojamiento para miles de atletas en la cercana Villa Olímpica, y es hogar de uno de los dilemas cruciales de Francia.
Crisis migratoria
Cientos de miles de inmigrantes han llegado a Francia en los últimos años. Aproximadamente un tercio de los más de 1.6 millones de personas que viven en Seine-Saint-Denis son inmigrantes, el porcentaje más alto del País.
Miles de personas viven en campamentos callejeros, refugios o edificios abandonados, arroja un reporte del 2021 de la autoridad de vivienda de Francia.
Dueños de edificios suelen acudir a los tribunales para solicitar órdenes de desalojo, y una ley del año pasado acortó el procedimiento de desalojo e impuso multas sustanciales y penas de prisión a posesionarios.
Sin embargo, no hay suficientes refugios para personas sin hogar. La presión para endurecer los controles fronterizos y aumentar las deportaciones de inmigrantes ilegales es alta.
En febrero, Serge Grouard, el Alcalde de Orléans, al sur de París, expresó su preocupación por el hecho de que los inmigrantes fueran reubicados a su Ciudad para los Juegos Olímpicos sin previo aviso. “El Gobierno barre todo debajo del tapete”, afirmó. “Y cuando hablamos de ello, somos extremistas peligrosos. Excepto que tres cuartas partes de la población francesa están hartas”.
Francia ha invertido miles de millones de dólares en Seine-Saint-Denis para los Juegos, con la esperanza de que eso mejore la zona.
No obstante, eso ha provocado el cierre de decenas de okupas y el desalojo de más de 3 mil personas. Y el Gobierno francés sacó en autobús a muchas personas desalojadas de París antes de los Juegos Olímpicos, prometiéndoles vivienda, pero a menudo dejándolos varados en lugares desconocidos o enfrentando la deportación.
Quedan algunas propiedades ocupadas ilegalmente.
Squat Gambetta es el lugar donde Komara vive con su marido, quien llegó a Francia en el 2022. Ella lo alcanzó el año pasado.
A pesar del trabajo ocasional de él como mecánico automotriz, no podían costear una vivienda permanente, dijo Komara. Tampoco hallaron lugar en refugios de emergencia. Durante meses, durmieron en sillas en las estaciones de metro, recordó ella. Una noche, un asalto la dejó sin teléfono ni pasaporte y con una herida de navaja en la mano derecha.
Un desconocido le contó del edificio vacío donde ella vive ahora. Los demás ocupantes también son en su mayoría mujeres de África Occidental y sus hijos.
Komara marca a diario al 115, el centro de alojamiento de emergencia, orando por espacio en un refugio. De vez en cuando, tras horas de espera, llega una respuesta, sólo para informar que los refugios están llenos.
Este año, ella y los demás ocupantes recibieron una orden judicial para abandonar el edificio en abril, y la Policía podría desalojarlos en cualquier momento.
Luchando por quedarse más tiempo, ella y otros residentes acudieron a los tribunales dos veces.
Algunos funcionarios municipales y propietarios han pedido al Ministerio del Interior de Francia que ayude a buscar refugios para las personas desalojadas.
En la sala donde habló Komara, el juez pospuso la audiencia hasta el 5 de agosto.De regreso bajo su techo temporal, Komara siguió marcando al 115. Después de nueve meses, recibió un mensaje de texto.
Un refugio cerca del Aeropuerto Charles de Gaulle, aproximadamente media hora al norte, tenía espacio disponible. No estaba segura durante cuánto tiempo exactamente. Pero eso significaba que se iría de Seine-Saint-Denis.
Ségolène Le Stradic contribuyó con reportes a este artículo.
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