Su hijo es quisquilloso para comer: sépalo, está ante un niño “picky-eater”

Para la psicoterapeuta Judith Andino, en el plano psicológico, esta conducta puede llegar a ser causa de preocupación cuando ya se convierte en un Trastorno por evitación – restricción de la ingesta de alimentos

Foto: Shutterstock

Por lo general, a los niños no les gusta comer verduras, por ello, los padres deben ingeniárselas para que tengan una alimentación balanceada y evitarles complicaciones de salud.

mar 17 de septiembre de 2024

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“Mi hijo no come lácteos porque era intolerante, entonces no se acostumbró, no come pizzas, no come aderezos de ningún tipo, ni salsas, ni mayonesas, ni mostaza. No le gusta la comida que esté mojada, las papas tienen que estar secas, no le gusta el pollo guisado porque tiene salsa roja. Solo le gustan las burritas, las baleadas, el pollo, pero solo al horno. También le gusta el arroz chino y el blanco, sopa de pollo, sopa de frijoles. Come espaguetis, pero casi no come verduras. Sí le gustan las frutas, pero no la papaya ni el melón” ...

Julio José Fuentes tiene ocho años y tiene bien claro lo que sí y lo que no le gusta comer, asegura su madre, Melissa Ochoa. Ese gusto tan específico que tiene a la hora de comer pone en jaque muchas veces a su mamá, que vive ingeniándoselas para que el niño tenga una alimentación nutritiva y balanceada.

Para la psicoterapeuta Judith Andino esa selectividad al comer tiene nombre y apellido. Se llama trastorno picky-eater, y lo manifiesta aquel niño “que no come, o es quisquilloso o selectivo, o con falta de voluntad para ingerir alimentos conocidos o probar nuevos. También tiene preferencias marcadas muy específicas que se presentan en la etapa infantil”.

Aunque históricamente se dice que un niño que no quiere comer lo que come el resto es “mañoso” o consentido, esta situación puede desencadenar en males mayores y complicaciones de salud física y emocional.

Para Andino, en el plano psicológico, esta conducta puede llegar a ser causa de preocupación cuando ya se convierte en un Trastorno por evitación – restricción de la ingesta de alimentos (ARFID), ya que sus síntomas aumentan y persisten todos los días haciendo que los niños no consuman sus alimentos en los tres tiempos de comida básicos, llevando loncheras completas de regreso a sus casas y teniendo con mayor facilidad de contraer enfermedades respiratorias.

“Con base a mi experiencia en clínica lo veo más en edades de 3 años y máximo 8 . La ventana evolutiva se observa entre los 3-6 años con más prevalencia a este tipo de diagnósticos. La resistencia se ha observado más en la población masculina, de igual forma puede haber presencia en ambos sexos”, cita la terapeuta.

$!La preferencia por los carbohidratos y azúcares es común entre los pequeños.

¿Cree que los padres son los mayores responsables de que los niños sean selectivos para comer?, le preguntamos. “Depende del contexto, en la mayoría de los casos se podría decir que son considerados un motivo de causa fundamental, pero existen varios”.

Por ejemplo, en algunos casos se ha observado que los padres juegan un rol fundamental en la nutrición de sus hijos y toman las recomendaciones al pie de la letra; y a pesar de eso, cuentan con una actitud obstinada de los niños, rechazo los alimentos, no ceden a probar y degustar verduras o frutas, limitando a los familiares a poder ofrecerles otro menú.

“Es aquí cuando es importante acudir con un profesional de la salud que los oriente y los eduque a qué estrategias poder incorporar. Juega un papel fundamental llevar de la mano el servicio de pediatría y psicología para estos casos”.

Andino señala que existen en otros casos donde los mismos cuidadores carecen de habilidades sociales y no toman en cuenta las recomendaciones, haciéndoles consumir los mismos alimentos que únicamente pasan, normalizando las actitudes de berrinche, las faltas de respeto, los comportamientos inadecuados por falta de colocación de límites y simplicidad que les brinda su zona de confort.

Al consultarle si los hábitos alimenticios de los niños son el reflejo de lo que les gusta a sus padres, precisó que todo depende del contexto, sin embargo, en sus terapias ha podido identificar que sí sucede. Para el caso hay padres que llevan una “vida fitness, con gustos culinarios exóticos, dietas ketos y con enfermedades de base, que los ha limitado a consumir algunos alimentos y esto hace que sus en sus hijos sea más limitante degustar. Son creencias erróneas de que ciertos alimentos provocan alteraciones metabólicas, regímenes alimenticios basados en suposiciones culturales, entre otros”.

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La especialista considera que esta situación es bastante frecuente hoy en día en Honduras, aunque de los trastornos alimenticios que más se puede observar son el de aversión alimentaria, por restricción y evitación de la ingesta alimentaria, por rumiación, el de pica y anorexia precoz, entre muchos otros.

Los niños ante un trastornos alimentario

Basada en su experiencia, Andino compartió cómo se manifiesta cada trastorno en los niños y qué edades son las más comunes.

Trastorno de restricción y evitación de la ingesta alimentaria:
Ocurre más entre niños entre 3-6 años: “Es más complejo poder conversar con ellos y que puedan entender la buena relación que deben tener con la comida, además de sus beneficios a nivel físico. Hay más resistencia al cambio, es menos probable que realicen degustaciones de los mismos alimentos a pesar de que se les coloque nuevos componentes, existe una renuencia y resistencia al cambio. Lo que ayuda en este paso es tener apoyo complementario entre pediatría, psicología y nutrición pediátrica enfocados en un mismo objetivo para que el niño o la niña tenga otras opciones saludables y en presentaciones que los motive a comer.

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Algo que les funciona a esta población es comer con otros niños en común, o comer con sus padres y realizar gestos agradables a la comida. En niños de 6 años en adelante se ve una mejoría más rápida ya que hay un nivel de comprensión y de conciencia diferente al resto de las edades evolutivas antes mencionadas, existen mas herramientas para poder incluir una forma mas feliz y conciente de consumir alimentos sin presión o culpa.

Trastorno por rumiación: Consiste en la regurgitación repetida de alimentos, estos se pueden volver a masticar, tragar o escupir sin mostrar ningún síntoma de asco.

Trastorno de pica: Se describe como la ingesta persistente de sustancias no nutritivas durante más de un mes. Puede estar más ligada con la anemia o déficits nutricionales.

Anorexia precoz: Suele aparecer en bebés en los primeros meses de vida. Ellos presentan abulia, apatía, indiferencia por el contexto que los rodea e incoherencia en las respuestas ante estímulos.

Trastorno de restricción – evitación de la ingesta alimentaria:
Es uno de los más frecuentes en edades tempranas lo difícil de este diagnóstico es que los padres de familia también ocupan un abordaje psicológico ya queque como lo he mencionado por la situación compleja de varios intentos fallidos suelen también entrar en un perfil de angustia, estrés y ansiedad provocando así incorporar de una mala forma los alimentos, creando ambientes hostiles, colocando reglas punitivas e inflexibles que lo que provocan en los niños es repulsión cuando llega la hora de la comida.

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