“La doctora gritó: ‘¡La presión bajó a cero!’”: padres que perdieron su hija por el dengue

LA PRENSA Premium documenta el dramático testimonio de los padres de Alondra Sosa, una estudiante de Derecho en Honduras que murió por dengue grave en apenas cinco días. Ambos relataron un día después de haber enterrado a su hija.

Foto: Fotografías LA PRENSA / cortesía

Alondra falleció inesperadamente el 16 de junio a las 11:20 pm, el día siguiente se realizó su velatorio y el 18 fue sepultada en el cementerio general de Danlí.

vie 21 de junio de 2024

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San Pedro Sula, Honduras.

En los momentos finales de su corta vida, yacía sobre la camilla del hospital, con la presión arterial cayendo rápidamente, sus ojos, que alguna vez brillaron con sueños y esperanza, estaban a punto de cerrarse eternamente, en su lucha contra un dengue grave.

A su alrededor, médicos y enfermeras trabajaban frenéticamente tratando de revertir lo inevitable. Su madre la observaba con un corazón destrozado, rezando con cada fibra de su ser, mientras su padre, en el mismo lugar, se aferraba a la puerta, cada segundo que pasaba enfrentaba las lágrimas y el deseo de gritar.

Esta es la historia de Alondra Lilibeth Sosa Aguilar (20), un recordatorio doloroso de la realidad del dengue, que sigue cobrando vidas.

$!Su familia añora recibir el título póstumo de su hija como abogada, quien estaba a un año y medio de graduarse de la universidad.

La crisis sanitaria por esta epidemia a nivel nacional ha alcanzado niveles alarmantes este año, con 35,607 casos registrados hasta la última semana epidemiológica, donde para el caso de Cortés, representa el 32% de los contagios.

A nivel departamental y durante la semana epidemiológica 24, Cortés registró 816 nuevos contagios, mientras que la Región Metropolitana de San Pedro Sula contabilizó 445 casos, para un total de 4,878 confirmados. Cortés representó el 18% de los casos, con seis personas contagiadas de dengue cada día.

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Esta situación es parte de una tendencia preocupante que afecta también a departamentos como El Paraíso (183 casos en la 23 semana epidemiológica), de donde era originaria Alondra.

Destino

Su muerte es un llamado a la acción para mejorar la prevención y el tratamiento del dengue, para que ninguna otra familia tenga que sufrir la pérdida de un ser querido.

Alondra nació el 28 de diciembre de 2003 a las 2:05 pm en una clínica privada de Danlí, y es la segunda de tres hermanos. “Desde el primer momento sabíamos que se llamaría Alondra,“ recordó su madre Wendy Aguilar, con lágrimas en los ojos.

Su llegada al mundo fue una bendición para la familia Sosa Aguilar, sus padres la describieron como una bebé con una melena abundante que, incluso entonces, insinuaba la vitalidad y la energía que definirían su vida.

$!Alondra nació muy sana y desde pequeña transmitió la vitalidad que fue su impronta principal durante los años postreros.

Durante sus años de infancia fue una niña vibrante y sociable. Desde el kínder hasta la escuela primaria en la Luis Gamero, de Danlí, El Paraíso, destacaba por su amor por el aprendizaje y su capacidad para hacer amigos. “Era una niña amorosa y participativa, recuerdo cómo lloró emocionada en su primera comunión”, dijo su madre.

En la adolescencia, Alondra se mostró como una líder nata, siempre dispuesta a ayudar a los demás. Estudió Ciencias y Humanidades en bachillerato y se convirtió en pilar para sus amigos.

“Era la que resolvía los problemas de todos,” comentó su padre Émerson Sosa, quien junto a su esposa le inculcaron el valor del emprendimiento, y ella lo abrazó con fervor. Hacía camisetas y tazas personalizadas para vender entre su círculo social y redes sociales, buscando superarse.

$!Siempre estuvo cargada de entusiasmo y contagiaba de alegría permanente a todos aquellos que estaban a su alrededor.

Alondra también se dedicó a ayudar a los necesitados, nunca se quedaba con lo que tenía y siempre compartía. Era una defensora apasionada de los animales, una característica que la llevó a unirse al grupo Amor Genuino, que rescata animales de la calle, la devoción por sus mascotas era tal que estaba dispuesta a sacrificar su propio confort por ellos.

Mientras estudiaba Derecho en la Universidad Católica de Honduras, Alondra equilibraba sus estudios con su trabajo en el hotel familiar y su emprendimiento.

$!En esta imagen aparece junto a su padre durante su fiesta de 15 años. Tras su inexistencia, la familia enfrenta un gran vacío en su casa.

Cursaba actualmente su tercer año de licenciatura y entraría pronto a su práctica profesional. “Era la encargada de supervisar todo en el hotel“, contó Wendy con orgullo. Era fanática de restaurantes y disfrutaba de la comida, además del fútbol.

El comienzo

A mediados de mayo, Alondra comenzó a sentirse mal, inicialmente con amigdalitis, pero pronto se hizo evidente que algo más grave estaba afectándola. Ya en el mes de junio, un día que venía de la universidad, gritó porque sentía fiebre y mareos, le dieron medicina, pero su condición no mejoraba.

La fiebre persistente los llevó al hospital Gabriela Alvarado. A pesar de las capacitaciones que Wendy y Émerson habían recibido sobre el dengue como docentes, nada los preparó para enfrentar la realidad de la enfermedad en su propia hija. “Nunca pensé que nos tocaría a nosotros”, reconoció Wendy.

El estado de Alondra se deterioró rápidamente: fiebre alta, dolores articulares y diarrea la debilitaban. Los médicos hicieron todo lo posible, pero sus plaquetas continuaron bajando alarmantemente.

“La llevé el primer día por miedo, pero resulta que cuando se agrava, el internista me dice que necesitábamos llevarla a emergencias, nos dijo que mi hija había entrado al día crítico”, rememoró entre sollozos Wendy.

$!El apoyo de la comunidad danlidense ayudó a la familia Sosa Aguilar a sobrellevar el dolor, donde la solidaridad de la familia, amigos, vecinos y desconocidos fue abrumadora.

La joven se inflamó de los órganos y necesitaban llevarla de la sala donde estaba hasta emergencias. Al llegar, el doctor pidió a los demás médicos que la revisaran cada 15 minutos, le pusieron diversos aparatos, pero la diarrea y vómito no paraban, la presión arterial estaba muy baja.

“Le decía: ´Usted es exitosa, es fuerte, pídale a Dios que le regale vida,´ pero Alondra, resignada, me dijo: ´Mami, ya le pedí perdón a Dios por mis pecados, ya le pedí que me dé más tiempo de vida, pero ya no puedo insistirle tanto´”, expuso Wendy ante la pesadilla.

“Decía, sana a mi hija, Señor Jesús, ya la tienes en el libro de la vida a mi Alondra, pero Dios es perfecto, oramos tanto”, externó mientras tomaba la mano de su esposo.

A las 5:00 pm se le comenzó a bajar la presión nuevamente, por lo que médicos mencionaron que habían hecho todo esfuerzo. La noche antes de su fallecimiento, el personal asistencial les sugirió trasladarla a Tegucigalpa con la esperanza de recibir un tratamiento más avanzado.

Tragedia

“Tengo un poco de miedo”, exteriorizó Alondra a su padre mientras se subía a la ambulancia, y pedía hablar con las autoridades de la universidad del motivo de su ausencia.

“Ya sabíamos que la situación de mi hija no era favorable, pero teníamos que hacer el último esfuerzo, el hospital de Danlí tiene medicina básica y en Tegucigalpa teníamos la esperanza que iba a estar mejor, eso nos motivó a llevarla”, relató su padre.

La situación se volvía más caótica, esperaban su turno de traslado, casi no hallaban ambulancia y costó encontrar médico que pudiera acompañar a su hija adentro; salió del hospital con una presión arterial de 70.

Mientras su padre Émerson se movilizaba en un vehículo detrás de la ambulancia, su madre la acompañaba en la unidad y miraba desde la cabina cómo un médico le medía la presión permanentemente. Ella vigilaba que se mantuviera con vida.

“Le dije a mi hija que regresaría a casa en el nombre de Jesús y que no tuviera miedo, que la amaba con todo mi corazón, y ella me respondió con lo mismo, entonces cerré la ventana y me sentí bien”, añadió.

$!Alondra luchó por su vida en el hospital, pero pese a los esfuerzos médicos, no pudo salvar su vida.

A pesar de las súplicas, el tráfico y obstáculos en el camino dificultaron el traslado. En ese momento había un accidente y no podían pasar, fue cuando el encargado se bajó, corrió y gritó exclamando que llevaba a un enfermo. “Abrí los vidrios, pedí: ´¡Ayúdenme, ayúdenme, mi hija se me muere, quítense por favor!´”, manifestó Wendy con mucho dolor y lágrimas. Allí perdieron 10 valiosos minutos.

“Cuando llegamos al Hospital Escuela entré desesperada, de repente escuché el grito de una doctora: ´¡Cero, la presión bajó a cero!´, miré a los médicos correr, luchaban por reanimarla, dándole compresiones en el pecho una y otra vez. Yo gritaba y lloraba sin control, hasta que me desmayé en el suelo. Al recobrar la conciencia escuché a otras personas, también quebrantadas, susurrarme que sus hijos recién habían muerto”, explicó.

Una doctora salió de pronto a la sala y avisó que habían hecho todo lo posible. Alondra murió a las 11:20 de la noche.

Cuando llegó al hospital, aún tenía signos vitales, pero se fueron apagando lentamente. En sus últimos momentos, su madre la besó, la abrazó y acarició su hermoso cabello, aferrándose a esos segundos finales con la desesperación de una madre que no quiere dejar ir a su hija.

“Alondra fue un ángel que Dios nos prestó por 20 años y transformó la vida de quienes la conocimos. Era alguien especial, y sé en mi corazón que está en un lugar especial, al lado de nuestro Creador”, expresó Émerson.

Esta entrevista fue brindada a LA PRENSA Premium por parte de los padres en la sala de su velatorio, un día después de su entierro.

En memoria de aquellos, que con su legado de amor, generosidad y valentía continúan, inspirando a muchos a vivir con el mismo espíritu indomable demostrados a lo largo de su vida.