Franklin lleva 21 días fracturado esperando una cirugía porque no hallaban sangre O-

Los accidentados, particularmente de motos, han disparado la demanda de componentes sanguíneos. Ha habido pacientes que han requerido hasta 50 o más unidades

Foto: Franklin Muñoz

Un promedio de ocho minutos dura la extracción de una pinta de sangre.

mar 24 de septiembre de 2024

8 min. de lectura

Desde hace 21 días Franklin (pidió omitir su apellido) de 57 años ha estado viviendo una pesadilla que se prolonga cada minuto y cada segundo de los que yace en la incómoda cama 424 de la sala de ortopedia de hombres del hospital Mario Catarino Rivas.

Aquella tarde del 4 de septiembre, en la que conducía su motocicleta para hacer los mandados cotidianos de su trabajo como conserje, se volvió trágica. Aunque asegura que iba despacio en su carril, de repente otro motociclista lo impactó de forma brutal.

En segundos estaba bañado en sangre, con el tobillo, una costilla y la clavícula fracturados y con otras lesiones en la piel que daban escalofríos.

Él se convertía en uno de los 15 accidentados en moto que se registran en promedio al día en Honduras. Y si aquella escena tras el impacto era terrible, más lo fueron las horas siguientes.

Por su condición, urgía ser operado, pero para entrar a quirófano tenía que tener disponibles tres pintas de sangre O negativo (O-). Los tipos negativos de sangre son los más difíciles de encontrar, y el panorama pintaba para volverse otra odisea.

$!Franklin es auxiliado por su familia debido a sus lesiones. Los gastos se han disparado a causa del accidente. Esperan no necesitar más donantes de sangre O negativo de cara a la cirugía; pero, si usted es 0- y quiere donar, puede abocarse al banco de sangre del Rivas o en la sede de Cruz Roja.

A través de las redes sociales y algunos canales de noticias, su familia clamaba por ayuda. Urgían donantes de la O-, que junto a la AB-, son los tipos más difíciles de hallar.

Aunque el banco de sangre del Rivas dispone de todos los tipos, esta se usa como reserva para los pacientes más graves, por lo que la familia de la víctima debe correr a buscar lo que se demanda. Tras buscar, y hasta estar dispuestos a pagar hasta 3,000 lempiras por pinta como acto desesperado, hubo tres almas generosas que accedieron a donar su sangre, en aras de la emergencia. No obstante, hallar esos tres donantes costó casi dos semanas.

“Gracias a Dios ya tenemos la sangre, ahora queda esperar que se abra un cupo en el quirófano, Dios quiera sea esta semana. Yo sé que quizá no sea posible ni esta ni la otra semana que es feriado porque todavía no han sido operados otros pacientes que estaban primero que yo, y que ya tienen más de un mes esperando por una cirugía”, decía Grandett, casi consolado, eso sí, con menos dolor que hace unas semanas cuando las heridas y los moretones estaban recientes.

“Casi no me duele, a veces me dan punzadas en el tobillo. Me han estado curando heridas, me quitaron unos puntos que tenía en una de las heridas y ahí estoy esperando la cirugía de tobillo. Sobre las fracturas de costillas y clavícula, me dijeron que esas no se operan, que se curan solas, con reposo y cuidados”, contaba desde su lecho de enfermo.

En medio de su malestar, Franklin ya no cree que volverá a subirse a una moto. “Uno ahí solo va puesto, uno es el bómper, el que recibe todo el impacto. No creo que vuelva a andar en moto”, dijo.

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Donar, donar, donar

Debido a que donar sangre es una cultura poco arraigada en la sociedad hondureña, los donantes obligados son indispensables en tiempos donde las emergencias son diarias e inesperadas.

Carlos Leitzelar, jefe de Laboratorio del hospital Mario Catarino Rivas, lamentó que exista la poca cultura de donar por conciencia, iniciativa y voluntad propia.

“No existe la conciencia de carácter humano y fraterno, ni este sentido de ayuda, generosidad y servicio, y pues justamente, tenemos que recurrir a nuestros amigos, familias para que funjan como donantes voluntarios.

Al final es una donación obligada por una necesidad, por cariño, por la emergencia”, expresó. Pese a esto, el laboratorio del hospital Mario Rivas mantiene un abastecimiento que ronda entre el 70 y 80%, pero gracias a esas donaciones de los familiares, amigos o conocidos de los pacientes.

“El Mario Rivas se ha convertido en un hospital de trauma. Aquí, el mayor volumen de componentes sanguíneos se los llevan las víctimas de accidentes automovilísticos y de motos, heridos por armas de fuego y blancas, y luego las diferentes emergencias que se dan en labor y parto, en los quirófanos de cirugías”.

$!El banco de sangre del Mario Rivas mantiene entre un 70 y 80% de abastecimiento de sangre, pero esta se puede acabar en una noche, si hay muchos accidentados.

Leitzelar reconoce que esa dinámica hace que el banco de sangre esté abastecido porque, por ejemplo, el accidentado en moto trae la emergencia, pero también a los 10 familiares que le van a donar sangre.

“Sí, tenemos una afluencia importante de donantes familiares voluntarios porque vienen acompañando a su familiar accidentado o herido”, admite.

En el Mario Rivas, a diario se consumen en promedio 70 a 80 unidades o pintas de sangre de todo tipo, y no se diga de plaquetas, que con el dengue y otras epidemias y brotes, eleva la demanda de componentes sanguíneos.

El médico señala que si bien llevan años sin tener una crisis por desabastecimiento, suele ocurrir que de repente se les agosta la O+, es decir la sangre más común.

Cuando esto pasa es un indicativo de una alta demanda repentina, es decir, se activa un código rojo, que ocurre cuando sucede un hecho de grandes proporciones con alta demanda de sangre.

“Si en una noche tenemos entre 40 y 50 unidades de O+ decimos, estamos hechos, y al día siguiente atendemos las cirugías programadas, subimos las hemoglobinas y todo. Pero si esa noche hubo cinco accidentados en moto, con cinco fracturas expuestas y que tocaron arterias importantes como la femoral, se fueron de 10 a 15 unidades en cada paciente, por cinco, se fueron las 50 y amanecimos sin ninguna unidad. Esto nos obliga a parar las cirugías programadas y aquellos pacientes con cuadros de vesícula, histeroctomía, etc, deben esperar, porque además los quirófanos están con las emergencias por traumas. Es una cadena”, amplió.

Debido a que los traumas (fracturados por accidentes) colman los quirófanos, el médico cree que ya es tiempo que los motociclistas, por ejemplo, tengan su propia reserva de sangre en el hospital.

“A esto le llamamos autoabastecimiento, pero no existe ni educación ni socialización de este tipo de prácticas”.

Esta donación dirigida también aplicaría para aquellos que tienen cirugías programadas y donan sangre para sí mismos, porque la necesitarán. Si no la necesitarán, la ceden como donación voluntaria automática.

Esto se vuelve cada vez más necesario considerando que en Honduras, en la última década, se registraron 163,444 accidentados en diferentes tipos de vehículos.

De este total, el 17% corresponde a motociclistas. Datos de la Dirección General de Registro Vehicular del Instituto de la Propiedad (IP) muestran que hasta abril pasado, en Honduras circulaban 1,401,771 motos, pero la cifra aumenta cada día por el fácil acceso a adquirir estos vehículos.

Por este tipo de accidentes ha habido pacientes que han requerido arriba de 50 unidades de sangre, debido a la magnitud de sus lesiones.

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