Fanny Carvajal, la docente que usa Facebook y TikTok para enseñar la lengua miskita

Su historia es de luchas, perseverancia y sacrificios. Es una mujer versátil y yna de las voces más reconocidas y queridas de Gracias a Dios por su faceta como locutora y comunicadora. Por su contenido ha podido mostrar a Honduras y el mundo su cultura, tradiciones, poemas, música y los bellos paisajes del recóndito departamento

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vie 20 de septiembre de 2024

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“Tu bandera, tu bandera, es un lampo de cielo, por un bloque, por un bloque de nieve cruzado; y se ven en su fondo sagrado, cinco estrellas de pálido azul...”

Ahora entone el inicio del coro del Himno Nacional de Honduras en miskito.... “Man plakinkam, man plakinkam, kasbrika ingnika kum sa, pihni piska kum, pihni piska kum, lilapas kat mankan sa; baha pinhka mitika pali bara slilma sangni painkira matsip sa...”

Sin música, pero con buena voz, Fanny Carvajal le erizó la piel a más de alguno que escuchó con sorpresa la sagrada entonación de una forma distinta, en la víspera del 15 de septiembre.

Esa publicación que compartió en su página de Facebook, logró 1,800 reacciones, 63 comentarios y fue compartido 818 veces.

Aunque en tiempos donde las interacciones se cuentan en millones entre los más influentes, para Fanny fue un soplo de aliento, pues esa, su red favorita, se ha convertido en la vitrina por la cual promueve la cultura, enseña la lengua miskita, sus comidas tradicionales, paisajes y realidades del pueblo de La Mosquitia y de todo Gracias a Dios.

$!Fanny Carvajal, la docente que usa Facebook y TikTok para enseñar la lengua miskita

Orgullosa de ser indígena miskita, Fanny conversó con LA PRENSA Premium de sus sueños y de los retos que ha tenido que sortear para poder compartir los videos sobre su tierra y su gente, en un pueblo donde hasta lograr una videollamada en pleno 2024 sigue siendo un tremendo reto.

Originaria de Puerto Lempira es miskita, docente y comunicadora y la cuarta de ocho hijos nacida en el seno de una familia amorosa y comprometida a salir adelante.

Aunque sobre su vida personal privada no quiso ahondar, contó todo el camino que tuvo que sortear para poder estudiar, y a través de eso, lograr que La Mosquitia sea visible por su cultura, por su gente y por sus tradiciones.

Desde muy pequeña su vena de liderazgo se manifestó. Era a la que le encantaba enseñarle a sus amigos, la anfitriona, la que más hablaba, y la más curiosa, tanto que en tiempos en los que La Mosquitia no había televisor, se le ocurrió hacer uno con dibujos que se movían en tiras de papel, como pergamino. Esa vocación la hizo convertirse en maestra.

Fue la primera vez que dejó atrás a su Puerto Lempira para irse estudiar magisterio en la Normal Mixta de Tela. Aquellos fueron tiempos duros, tres años de llorar y llorar, más porque solo sabía de sus padres una vez al mes, cuando la llamaban para decirle que le habían depositado el dinero para sus gastos.

“Aquí en La Mosquitia no había teléfonos, solo existía una cabina de Hondutel para toda la población. Eran largas filas, interminables. Uno tenía que llegar a las 6:00 de la mañana para poder lograr su llamadita a las 6:00 de la tarde”.

$!Fanny en la actualidad, y un poco más joven cuando incursionó en la radio.

Ya convertida en maestra volvió a La Mosquitia; en su ser, la vena de comunicar y de transmitir le brotaba por los poros, más desde que su padre trabajaba en la Sani Radio, a finales de los 90.

“Mi papá era el mecánico de la radio, el que le daba mantenimiento a las máquinas, pero él también amaba la comunicación y se ponía tras el micrófono para cubrir espacios. Él era mi ejemplo a seguir, mi papá me llevaba a la radio y así aprendí y conocí grandes periodistas como Jacinto Molina, Belton Allen, todos ellos promotores y difusores de la comunicación en La Mosquitia”.

Winanka Radio, que en miskito significa Llamado precedió a la Sani, y era muy fuerte pues transmitía los avisos para todo el departamento. Fue ahí donde Fanny por fin pasó de espectadora a ser la voz tras el micrófono, allá por 2005.

“Mucha gente me conoció en todo el departamento por mi voz, y a pesar de que no me conocían me guardaron en sus recuerdos, tanto que ahora, que me ven en las redes y en los medios y me oyen hablar, me dicen, ‘ay, eras vos, al fin te conocimos’. La gente me descubre por la voz”.

Incursionó en la locución, y en el periodismo informativo donde se convirtió en asistente y se hizo una gran entrevistadora. Luego de la radio, en 2008 una gran oportunidad le llegó.

Por ser de la etnia miskita, una lideresa garífuna de La Ceiba le abrió las puertas a una gran oportunidad de estudio en Estados Unidos. Tras cumplir requisitos y papeleos pudo viajar a Gresham, Oregon donde se convirtió en Técnico en Recursos Naturales. Esa estadía de dos años le permitió aprender rápidamente el inglés, ya que el miskito por su influencia inglesa, tiene mucho de ese idioma y no le costó dominarlo.

$!Fanny Carvajal vive orgullosa de raíces, de su tierra y de su gente.

Ejemplo de empoderamiento femenino

Tras volver de Oregon, con nuevos conocimientos y con las ganas de compartirlos descubre que la radio donde fue locutora desapareció.

“Vengo con la mente mucho más abierta, pero cuando llego ya no existía la radio. Ahora es que Fanny traía muchas ideas, venía con la mente mucho más despierta por ese otro mundo que fue a conocer, pero ya la radio ya no existía. Ahora otro bloqueo. Fanny ya ahora se siente cerrada; me siento con los sueños frustrados, toda truncada pues, cavisbaja como que ahora qué, cómo voy a mostrar”.

Ese vacío, aunado a mostrar las necesidades de la comunidad y de evidenciar todo aquello que no se veía por las redes, más su papel activo en su departamento la hicieron pensar, no sin antes sortear más barreras, esta vez, por el machismo.

“Por muchos años en la comunidad he sido la moderadora, la presentadora de eventos, a la que la están buscando para tal evento cultural, educativo, las ferias. Gracias a Dios el pueblo me tiene aprecio, me respeta y a mi trabajo. Entonces Fanny para todo y como soy tan rigiosa, no decía no, porque el micrófono era lo mío”, cuenta.

Fue esa popularidad la que le ganó rivalidades entre los del género opuesto. “Vivimos en una cultura machista, en una cultura donde la mujer tiene pocas posibilidades. Todavía se ven todas esas barreras que históricamente todas las mujeres tenemos, pero es precisamente dentro de una cultura étnica donde eso es mucho más marcado. Entonces ahora la barrera era la presencia de la mujer en trabajos que el hombre hace”.

$!A sus alumnos les enseña sobre sus comidas ancentrales y los motiva mediantes ferias gastronómicas.

Sin temor a nada, confesó haber sido, en varias ocasiones, víctima de situaciones de desigualdad de género. “Me he encontrado una situación donde he tenido que compartir con algún caballero y se me denigra o me siento denigrada. Era que estaba acompañada con alguien y esa persona no te permite ni hablar, ni comentar, que te está metiendo trabas, que él quiere solo, ‘que para qué conmigo´,´que para qué una mujer´, que para qué, que él puede, que los hombres pueden. Comentarios así”

Señala que aunque fueron situaciones incómodas y molestas, no se dejó amedrentar, y entre más ocurrían, más se fortalecía. “Entre más leña me echaban, yo más me fortalecía. Yo decía “no, no, es que no, no van a lograrlo”. “Las mujeres podemos y me metí más al empoderamiento femenil. Y lo logré, siento yo, porque con el paso de los años ya se fue normalizando mi presencia, y ya sentía que lo voy logrando”, relata.

Esa fortaleza ha servido de ejemplo a otras mujeres, que se han animado a ser como a ellas, a romper barreras, a abrir sus redes, a bailar, a cantar, a expresarse.

“Me dicen: Fanny por vos estoy haciendo esto, por vos yo abrí mis redes, por vos yo bailo; pues yo hablo y me expreso. Entonces voy logrando romper todos esos estigmas y bloqueos que tiene la mujer indígena, que lo vivimos a diario”, dice ahora con el brillo de la meta cumplida en su mirada.

$!En La Mosquitia se oponen a la construcción de cárceles en las Islas del Cisne o en algún lugar del departamento de Gracias a Dios.

Vitrina para el Honduras y el mundo

Esa búsquedas de espacios para comunicar, para alzar su voz la hacen llegar a las redes sociales. Ahí se vienen más obstáculos que superar. En 2018 abrió su cuenta en Facebook, y aunque crecía poco a poco, no lograba la visibilidad que deseaba, pese a que compartía música miskita, danzas, todo sobre la cultura, sus comidas y tradiciones.

Con apenas 50 seguidores, siente que no tiene apoyo y se cuestiona si seguir o no. Cada video que sube o produce requiere costos y no puede lograr la sostenibilidad. Luego, de eso, en 2020, viene Facebook y le cierra la cuenta en reclamo a derechos de autor por la música que comparte. Total desanimo, pero no desistió.

“En el 2020, cuando aparece el covid, cometí el error de estar haciendo en vivos, de estar cantando, entreteniendo a la gente, haciendo radio por Facebook. Yo dije, no, si el covid no me deja salir, expresarme, entonces lo voy a hacer por Facebook. Y hacía radio por Facebook. ¿Y qué me hizo Facebook? Me bloqueó por derechos de autor de música. Ahí es donde tengo otra lloreta. Todo lo que había logrado por dos años, que era poco, Facebook me restringe”. Aunque tenía 1,500 seguidores y para muchos pueden ser pocos, para ella era una comunidad enorme, forjada a puro esfuerzo.

En la nueva página todavía sigue compartiendo música miskita, pero eso le impide monetizar y autosostener su quehacer.

“Todo el tiempo infringiendo las normas. Porque ahí subo videos con las canciones, porque hay muchos miskitos que ya tienen sus canciones en la plataforma. Muy buenas, por cierto, sí. Pero ahora ahí está mi limitante de poder generar y volverme sostenible, pese a esto, no paro y digo que tendrá que venir en algún momento algún tipo de apoyo”, dice Carvajal.

En el marco de esa visibilidad que tanto anhelaba para propagar sus mensajes miskitos, abre una nueva cuenta, pero alimentarla le lleva más tiempo. Ahora debe combinar ese quehacer informativo con su fase como maestra con plaza. Fue hasta el año pasado que logró tener un trabajo estable como docente en el sistema educativo público, pero eso la alejado nuevamente de su familia y le ha dificultado producir contenido. Ahora es maestra en la comunidad de Prumnitara, al otro lado de Puerto Lempira, cruzando en lancha la laguna de Caratasca, la más grande de Honduras.

$!En sus canales de redes sociales muestra el encanto de La Mosquitia.

Sus sueños y planes

Debido a que las influencias externas también están bombardeando a la juventud miskita, Fanny cuenta que a través de su página promueve el rescate de su cultura.

“Mucha gente lo está tomando en cuenta, porque estoy aprovechando para enseñar mi idioma, mi música, canto canciones, recito poemas y poesías. Y me doy cuenta que tal compañero tomó mi idea, y qué bueno, que todos sumen las ideas para promover y fortalecer la cultura”.

Tras volver de Estados Unidos, trabajó en una institución educativa privada, y en ese lapso pudo continuar sus estudios universitarios en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán. Fue así como se volvió docente de Español. Y esa base, le ha permitido impartir la clase de Lengua Materna, ya que muchos jóvenes no saben hablar miskito.

“A través de esta entrevista quiero enviar el mensaje a nuestros líderes indígenas, docentes y al sistema educativo, para que realmente se adecue el currículo a lo que cada grupo étnico necesita. Eso se debe hacer, porque ahora que yo entro y descubro, no hay una adecuación curricular. Que debería aprovecharse para poder enseñar la lengua materna, enseñar la historia de nuestra cultura, la historia de nuestro grupo étnico, la historia de nuestro país”, señala Fanny.

$!Ama enseñar y compartir sus conocimientos con los niños y jóvenes miskitos.