Con secretismo y control, así son los créditos de China
El crecimiento económico chino en las últimas décadas le ha permitido convertirse uno de los prestamistas más grandes del mundo, sobre todo en Asia, África y América Latina.
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San Pedro Sula
El crecimiento económico que ha registrado la República Popular China en las últimas décadas le ha permitido convertirse en uno de los mayores agentes financieros a nivel mundial, invirtiendo montos millonarios por todo el mundo, especialmente en África, Asia y América Latina.
Para darnos una idea del músculo financiero del gigante asiático, el portal thedialog.org, citando un reporte elaborado por el Global Developement and Policy Center, nos informa que entre 2005 y 2022, China concedió más de un centenar de créditos a diferentes países de la región latinoamericana y del Caribe.
Todos juntos, estos préstamos totalizan la enorme suma de 136,528 millones de dólares, entregados a unos 20 países de la región. Estos recursos se han usado para financiar proyectos en tres rubros principales: energía, infraestructura y minería.
Dos tercios de dichos fondos (66%) se han dirigido a proyectos energéticos; casi un 20% (19.4%) ha financiado proyectos de infraestructura y el 1.5% ha sido para desarrollos mineros. Otro 12.4% se han dirigido a otra clase de proyectos no especificados en el informe antes mencionado.
El mayor prestatario de la región es, por mucho, Venezuela, país que ha recibido, tan solo de los bancos estatales chinos, unos 59,991 millones de dólares durante el período analizado, equivalentes al 43.9% del total.
El segundo mayor receptor de créditos del país asiático es Brasil, con 22.7%, lo que equivale a unos 30,981 millones de dólares.Un poco más atrás se viene Ecuador, país que ha recibido el 13.3% de los créditos otorgados y Argentina, cuarto mayor receptor, con 12.4% del total de los préstamos.
En cuanto a los acreedores, el mayor aportante entre los bancos estatales chinos es el China Development Bank (CDB), cuya cartera crediticia en la región acumula un total de 96,166 millones de dólares, la cual representa el 70.4% de los créditos otorgados a la región en los últimos 17 años.
El segundo mayor acreedor es el Ex-Im Bank, que con más de 27,000 millones de dólares, aporta casi el 20% de los préstamos concedidos en esta parte del mundo.
El resto del pastel se lo reparten otros bancos a menudo en asociación con al menos uno de los dos anteriores. Aunque el aporte financiero chino evidenciado en estas cifras es considerable, no dejan de haber voces que advierten sobre las potenciales consecuencias de entrar en una relación bilateral con el gigante asiático.
De acuerdo con el máster en economía Roberto Lagos, graduado de la Universidad de Duke (EE UU), los préstamos que China concede a otros países demuestran tener dos características: 1, “Los préstamos incluyen cláusulas de confidencialidad que limita a los prestatarios a diseminar los términos y la existencia de deuda”, y 2, “las cláusulas de cancelación, aceleración y estabilización en los contratos permiten potencialmente que los prestamistas influyan en políticas internas y externas de los deudores”.
Lagos apoya sus conclusiones en un informe publicado en conjunto por el Global Development Center, el Instituto Peterson de Economía Internacional, Aiddata y el Instituto Kiel de Economía Mundial, titulado “Cómo presta China. Una rara mirada a 100 contratos de deuda con gobiernos extranjeros” (En inglés: “How China Lends. A Rare Look into 100 Debt Contracts with Foreign Governments”).
En dicho estudio, que analiza una muestra de un centenar de créditos otorgados a más de una veintena de países, se destaca que los préstamos otorgados por China a lo largo de las últimas décadas, siguen siendo “opacos”, por cuanto el gobierno chino “se ha resistido a la presión de revelar el tamaño, el alcance y los términos de sus reclamos sobre países de bajos y medianos ingresos”, indica el documento.
Los autores del informe postulan que los contratos de préstamo de los chinos “contienen cláusulas de confidencialidad inusuales”, las cuales aparecen con mayor frecuencia en contratos similares con otros acreedores.
El informe señala también que “los prestamistas chinos utilizan acuerdos de garantía formales e informales para maximizar sus perspectivas de pago”, los cuales son dispositivos de seguridad como salvaguarda para garantizar el pago de la deuda.
Una de sus conclusiones es que las cláusulas de cancelación, aceleración y estabilización pueden dar a los prestamistas chinos “influencia sobre las políticas en el país prestatario”.
Los documentos consultados recuerdan que Honduras suscribió un préstamo con China para financiar el proyecto hidroeléctrico de Patuca III, si bien este fue suscrito con el Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), que, a diferencia de los otros aquí mencionados, no es un banco estatal.
Según el informe de cartera de la Secretaría de Finanzas a marzo de 2017, el monto aportado por este banco fue de poco más de 297.7 millones de dólares, el cual tenía plazo de 15 años, más cinco de gracia, una tasa de interés de 4.43 % anual y costos asociados.
La ruptura de relaciones con Taiwán y el establecimiento de estas con China abre la posibilidad de obtener más apoyo financiero del gigante asiático.
Sobre este particular, el economista Rafael Delgado, presidente del Colegio Hondureño de Economistas (CHE) en San Pedro Sula, advierte que “si China nos presta, (...) va a haber un componente político importante”.
Delgado advierte también que Honduras “ha llegado ya al límite (de su capacidad) de endeudamiento”, por lo que “cualquier centavo adicional que pidamos prestado debe ser bien evaluado”.
De acuerdo con el economista, Honduras paga actualmente unos 50 mil millones de lempiras anuales en servicio de deuda por lo que, sin importar las condiciones de los créditos chinos, siempre habrá riesgo de caer en sobreendeudamiento.