En cinco horas, un ramal del Ulúa convirtió en una “isla” a Estero de Indio, Yoro
LA PRENSA entró a la zona, a los albergues y escuchó sus voces
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YORO
Eran aproximadamente las 3:00 de la madrugada del domingo 25 de septiembre cuando se rompieron los boquetes, mientras que los bordos que servían de defensa colapsaron ante la presión del agua del poderoso río Ulúa, que se filtraba a lo largo del territorio de Yoro y principalmente en el sector de Urraco y la aldea Estero de Indio, en los bajos del municipio de El Negrito, norte de Honduras.
Solo en Estero de Indio, una comunidad de clase media-baja donde las personas viven de agricultura y palma, mientras más de 750 familias descansaban en sus habitaciones, el agua comenzaba a ingresar desenfrenadamente al lugar a través de diferentes accesos peatonales y vehiculares.
Algunos pocos que lograron levantarse temprano ese día fueron sorprendidos y observaron que la zona se inundaba paulatinamente, esto terminó en voces de alerta en todo el pueblo que anunciaban la presencia de agua sobre las calles de tierra y pavimento que un día antes se miraban totalmente secas.
El llamado de líderes comunitarios generó una histeria colectiva e inmediatamente ancianos, mujeres y niños, mientras gritaban por ayuda, comenzaron a salir en veloz carrera, unos cargando sobre sus hombros, otros huían en vehículos mientras el agua seguía a bajo nivel.
Hoy la alcaldía de El Progreso inició la Operación Esperanza en pro de afectados por la emergencia.
Por último llegaron pobladores de Tela con sus lanchas para rescatar a cientos de familias que salían despavoridas antes que el agua las atrapara, bloqueara sus salidas y terminara por ahogarlas.
Cuando ya eran alrededor de las 8:00 am, en tan solo cinco horas y media todo Estero de Indio se había convertido en una isla, el agua llegaba hasta la mitad de las viviendas altas y cubría las edificaciones de bajo tamaño.
Desde entonces hasta la fecha se mira que en el lugar el agua aún arrastra enseres personales y del hogar, estos pertenecían a aquellos que prefirieron salvar su vida y sacrificar lo que por tanto tiempo construyeron.
Los propietarios de las pocas casas de dos plantas que hay lograron colocar muchas de sus pertenencias sobre la parte parte alta y unos pocos continúan allí refugiados esperando que la calma regrese, las lluvias cesen y el suelo consuma el agua.
Víctor Alvarado, un joven pastor de la iglesia Casa de Dios, recordó que días antes habían alertado de lo que podría ocurrir, por lo que varias personas se prepararon e incluso evacuaron. Ejemplificó que en el caso de su templo, tres edificios evangélicos más y la iglesia católica se inundaron por completo.
Nolvia Murillo y su esposo, un jornalero de la comunidad, reconocieron que “no ha sido fácil, tuvimos que sacar a nuestra familia, todos los días monitoreamos las aguas debajo del puente entre Estero de Indio y Urraco”.
José Antonio Banegas es un líder comunitario que cuestionó al Gobierno del por qué no ha puesto sus ojos sobre Estero de Indio cuando este es un lugar productivo.
“Año con año se repite y no hay solución, solicitamos que pongan su mirada aquí porque muchos estamos angustiados y sin saber qué hacer”, exclamó.
El residente rememoró que “cuando el agua entró a esta aldea solo miraba que mucha gente gritaba y corría para salvar la vida o sus cosas, fue doloroso, ahora tocará reconstruir la comunidad”.
Cristian Reyes, un joven que circulaba por la zona, comentó que “uno no quiere dejar las cosas botadas, vamos a regresar a vivir hasta que ya se pueda entrar”.
Gilberto Ríos, regidor de la municipalidad de El Negrito, informó que son unas 18 comunidades las afectadas por lluvias y ríos, así como miles de personas en vilo.
“No tenemos apoyo del Estado, todo es esfuerzo municipal, hemos recogido alimentos, ropa, productos de higiene personal, colchonetas y sobre todo agua”, apuntó.
El agua potable del lugar apenas funciona, varios días han estado sin energía eléctrica, solo se puede circular en lancha y a pie, pero arriesgando la vida. Varios de los dueños de las casas visitan todos los días la zona cero para vigilar la seguridad de sus pertenencias que quedaron adentro.
Las contadas familias que aún permanecen en el sitio se mueven a diario contra las aguas y sujetándose de lazos para no ser arrastradas por las corrientes en su trayecto hacia El Progreso, de donde llevan provisiones para subsistir. La mayoría de personas evacuadas fueron ingresadas a albergues que en su mayoría operan en las aldeas vecinas de 36 Guayma, la 28, la 40 y Guaylitas.
Allí permanecen también pobladores de las comunidades vecinas de Miler, Cayo y otras que resultaron afectadas por las lluvias. Dina Vásquez (de 36 años), expresó que “gracias a Dios nos salimos a tiempo antes que el río reventara”.
Gerardo Guillén y su madre Nelva Umanzor, quienes perdieron todo, denunciaron que en su albergue carecen de comida y agua, además de dormir en condiciones inhumanas.
Otros vecinos damnificados como José Luis Bonilla y Yamileth Ulloa (de 33 años) señalaron que han recibido medicamentos y unas pocas raciones de comida.
“A veces no comemos, la estamos pasando como sea”, testimonió uno de ellos a LA PRENSA.La zona de Urraco, que queda a unos 20 minutos en lancha desde Estero de Indio, tiene afectaciones en menor grado.
En el centro hay unas 1,400 familias albergadas, principalmente de los cuatro puntos más grandes de la parte baja, como en el caso de la colonia San Jorge.
Jorge Handal, organizador de ayudas en Urraco, manifestó que “la iglesia católica ha apoyado mucho, aunque la alcaldía tiene programadas algunas asistencias, pero no han llegado por dificultad para moverse”.
El 50% del pueblo está inundado, gran parte de las familias evacuaron antes y la distancia es su mayor enemigo, razón por la cual las ayudas resultan complejas.