Por depresión es la mayoría de llamadas a la línea 150

El Teléfono de la Esperanza cumplirá 20 años brindando asistencia emocional a hondureños de todas partes del país, reciben un promedio de 400 llamadas al mes.

La organización Teléfono de la Esperanza brinda información en centros educativos.

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San Pedro Sula

Una llamada al número 150 ha salvado vidas, algo que enorgullece la labor que realiza el Teléfono de la Esperanza, que brinda asistencia emocional a hondureños de todas partes del país.

El Teléfono de la Esperanza es una organización originaria de España, que nació el 12 de junio de 2004 en San Pedro Sula como iniciativa de la Iglesia Católica, con el objetivo de brindar los servicios de intervención en crisis y prevención de problemas emocionales de forma gratuita.

Está por cumplir 20 años y su labor está llegando cada vez a más personas, cuyos problemas familiares, sociales y económicos los agobian al grado de pensar en quitarse la vida.

Rosalina de Kisling, vicepresidenta del consejo de la organización en San Pedro Sula, conversó con LA PRENSA sobre el trabajo que están realizando gracias al apoyo de voluntarios profesionales que dedican su tiempo a trabajar en la salud emocional.

Kisling recuerda que antes de ser capacitados para ayudar a otros, comenzaron haciendo una sanación personal y lidiando con sus propios problemas para luego brindar esa mano amiga.

En Honduras son tres centros; Tegucigalpa, La Ceiba y San Pedro Sula. Trabajan 38 personas. A diario, reciben un promedio de 20 llamadas, que al mes son entre 400 a 500 llamadas.

“El 2023 fue un año donde se elevó bastante las llamadas, recibimos llamadas de crisis originadas por su entorno, tanta violencia, por la crisis económica”, comentó.

La depresión por crisis económicas, por separación, por la pérdida de alguien y por violencia son las principales causas por las que los hondureños llaman a la línea 150.

La mayoría anda en edades de 35 a 45 años y hasta de 65 años. Los jóvenes que buscan asistencia están entre 15 a 19 años. El uso de las drogas desencadena otros problemas dentro del núcleo familiar como el robo y la violencia.

Aunque están por cumplir 20 años, muchas personas desconocen que en Honduras existe este servicio emocional telefónico que puede ser de forma anónima y es gratis.

La falta de un empleo, la falta de una vivienda propia, sentirse estancado, la migración de algún miembro de la familia, todos estos son detonantes de la depresión, señala Kisling.

“Ahorita se han incrementado (las llamadas), por la violencia, el año pasado también, había bajado, pero ha vuelto aumentar”. Refirió “recibimos muchas llamadas por intento de suicidio”. Al mes pueden recibir más de 20 llamadas de estos casos.

Aunque la pandemia dejó mucho sufrimiento en las familias hondureñas, Kisling apunta que también dejó una enseñanza y muchos se unieron más.

La organización se sostiene con donaciones de personas bondadosas como el empresario Rafael Flores, a quien agradecen por su decidido y permanente apoyo. Además, imparten cursos y talleres que tienen un costo simbólico.

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