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Honduras acá, 27 enero 2022.

Día jueves. Estadio nacional. Ceremonia de traspaso presidencial.

Multitud eufórica, escena colorida en las graderías, seguridad policial extrema, la “nueva” vieja bandera. Música, gala militar, helicópteros, limosinas blindadas de lujo. Políticos ataviados elegantemente, sonrientes, con miradas de autosuficiencia, damas ataviadas con ropa de marcas carísimas y sombreros elegantes a tono, representantes de Gobiernos extranjeros, rey de España inmutable, periodistas ávidos. Retórica trillada, vacía de emoción genuina.

Protocolo de lujo, pompa por doquier.

¿Y todo esto, para qué?

Honduras allá, 27 enero 2022.

Día jueves. Aldea el Olvido, Yoro. Escena en casa de habitacion de familia Cruz.

Pedro, María, y seis hijos. Choza de adobe, de un solo “ambiente” que hace las veces de sala, comedor, cocina y dormitorio, piso de tierra, techo de cartón y ramas, sin servicio sanitario ni letrina. Dos perros flacos, cinco gallinas, enjambres de moscas. Los niños desnudos y caretos. El de tres años con los ojos hundidos por una diarrea de cinco días y la barriga “timbona”, llena de bichos. En el fogón, los calderos con unos cuantos frijoles y unas tortillas duras.

No hay trabajo, y la milpa se la llevó la llena. Y como ya pasaron las elecciones ni los políticos se han acercado por allí con alguna ayuda o víveres. De seguir así la situación, Pedro va a tener que agarrar una de esas caravanas para los “yunais” y encomendarse a Dios. Tal vez logre llegar y conseguir un trabajo para enviar un billetillo a la familia.

Miseria de lujo. Hambre por doquier.

¿Y todo esto, por qué?

Cada cuatro años estos dos escenarios se repiten esa misma fecha. Doscientos años después y las dos Honduras siguen allí, solo que la de allá ha crecido más en habitantes y pobreza.

La esperanza depositada en la primera mujer Presidente de la historia del país, en los nuevos diputados milenials, y la expulsion de corruptos del engranaje público quedó solo en eso, en una esperanza.

Los políticos de turno más rápido que veloces nos volvieron a la realidad. No la dejaron tomar posesión y empezaron a despedazar al país como fieras hambrientas. Nuevamente nos fallaron. Todos cortados con el mismo molde, solo cambia el color de la envoltura. Son depredadores.

Los que perdieron no entendieron el mensaje de la paliza electoral. Siguen soberbios moviéndose en la oscuridad. Son soldados siguiendo malos líderes.

No hay por donde aquí.

27 enero, cada cuatro años, ceremonia de traspaso presidencial, una tragedia repetida sin misericordia.

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