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Son más los deseos y especulaciones que el acercamiento a la realidad, pues el daño es descomunal con dimensiones sin conocerse plenamente y con secuelas calificadas ya de generacional. Nos referimos a la educación pública, al largo cierre de los centros educativos durante dos años que, por acertadas que sean las estrategias de recuperación, lo más que se vislumbra en el horizonte, sobre todo en el sistema público, es mitigar la pérdida y aferrarse a salvar lo salvable para abrir a mediano plazo la ruta de mejoramiento y modernización en las labores docentes.

Estudios recientes señalan que niños llegan a mitad del ciclo escolar sin saber leer, no nos referimos a una lectura comprensiva, sino al primer y elemental paso de visualizar las letras, reconocer sus unidades, palabras, e identificar su significado para ir abriendo el camino de la comunicación por medio de mensajes orales, no violencia, amenazas o discriminación.

Las estrategias que dice preparar la Secretaría de Educación son para ayer. Los días corren a velocidad de Fórmula 1 y, primero, con las elecciones, después con las festividades de fin de año y la nueva administración en enero casi no nos daremos cuenta y llega la inauguración del nuevo año escolar, por lo menos desde la oficina y desde alguna escuela o colegio ya preparado.

Recientemente el informe Estado Mundial de la Infancia 2021 de Unicef muestra un alto nivel de ansiedad y depresión en niños y adolescentes existentes ante de la pandemia, fenómeno que “ha servido solamente para mostrar la punta del iceberg de la salud mental” en los más jóvenes, pues la desarticulación familiar, la invasión incontrolada de la tecnología y la soledad han creado un círculo de aislamiento atentando gravemente contra el bienestar.

La vuelta a las actividades educativas será ese balón de oxígeno necesario en el crecimiento de los pequeños en la sociedad, fuera del primer y principal núcleo: la familia. Estos dos años han sido muy duros para todos, pero más para miles de niños que resienten aún el alejamiento de la actividad mañanera de ir a la escuela, encontrar amigos, escuchar al maestro y hallar en el recreo la oportunidad y espacio para juegos y travesuras.

El desafío se halla también en la reconstrucción de escuelas olvidadas tras la devastación de los fenómenos naturales, un trabajo material necesario para dar paso a una apertura en condiciones de salud y físicas favorables para los niños. La vacuna es necesaria y ya avanza en los adolescentes para protegerlos y lograr reencontrarse en las aulas.

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