Cómo fue la noche antes de la captura de Juan Orlando Hernández

El asedio sobre la casa del expresidente de Honduras fue histórico esa noche. Cientos de policías, militares y reporteros amanecieron frente al portón de la casa de JOH

El 14 de febrero de 2022, Tegucigalpa, la capital de Honduras, vivió una noche cargada de tensión, expectación y asedio político.

Fotos: LA PRENSA, AFP y EFE

El nombre de Juan Orlando Hernández, expresidente del país y uno de los personajes más controversiales en la historia reciente de Honduras, resonaba en cada rincón de la ciudad.

En medio de un clima de incertidumbre, la espera por su captura se convirtió en un evento que marcó el fin de un ciclo político que duró casi una década.

Desde la mañana del 14 de febrero, las autoridades estadounidenses, a través de la DEA (Administración para el Control de Drogas), habían emitido una alerta internacional: el expresidente Hernández sería detenido. Los cargos eran graves: narcotráfico, corrupción y conspiración para traficar cocaína hacia Estados Unidos.

Aunque Hernández había dejado la presidencia en enero de 2022, su influencia en la política parecía seguir siendo fuerte, lo que dejó claro que su arresto no sería un proceso sencillo.

A medida que la noche avanzaba, la zona residencial donde vivía el exmandatario, en la colonia Palmeras de San Ignacio,, se llenaba de vehículos de la policía, equipos de prensa y una creciente multitud de curiosos que se congregaban en las cercanías de la residencia.

Los oficiales hondureños habían comenzado a hacer un cerco alrededor de la casa de Hernández desde la tarde, pero fue durante la noche cuando el asedio se hizo más evidente.

Las luces de patrullas y vehículos de seguridad iluminaban la calle, y las sirenas se escuchaban a lo lejos.

En redes sociales, las imágenes y videos comenzaron a circular, mostrando la presencia militar y policial que rodeaba la casa del expresidente. En algunos reportes se hablaba de un bloqueo total de la zona, mientras que los residentes de los alrededores comenzaron a especular sobre el inminente arresto.

Durante esa madrugada, un mensaje en redes sociales de Juan Orlando Hernández dejaba claro que el exmandatario estaba consciente de la situación que enfrentaba.

A través de su cuenta de Twitter, Hernández publicó un mensaje en el que afirmaba que no huiría y que estaba dispuesto a enfrentar el proceso judicial.

“No es un momento fácil, a nadie se lo deseo, pero también el propósito de este mensaje es que la Policía Nacional, a través de mis apoderados, ha recibido ya el mensaje que estoy presto y listo para colaborar y llegar voluntariamente con su acompañamiento en el momento que el juez natural que designe la honorable Corte Suprema de Justicia así lo decida, para poder enfrentar esta situación y defenderme”, dijo él.

Finalmente, pasadas las 12:00 del mediodía, Juan Orlando caminó hasta la entrada de su casa en compañía de su esposa, Ana García, se despidió de ella dándole un beso y salió.

El mensaje fue interpretado como un intento de mostrar fortaleza ante la presión internacional y local. Sin embargo, su postura no calmó los ánimos.

Para muchos, la noticia de su captura era solo una cuestión de tiempo. Las tensiones se elevaban a medida que las horas pasaban y los detalles sobre los procedimientos legales se aclaraban.

La cobertura mediática de esa noche fue intensiva. Desde temprano, los principales medios de comunicación locales y regionales comenzaron a seguir de cerca los movimientos de las fuerzas de seguridad y la situación en la residencia del expresidente.

La captura ocurrió en su residencia, sin mayores incidentes, pero con la participación de un gran contingente de seguridad. El exmandatario fue trasladado a la Dirección de Investigación Criminal (DIC) en Tegucigalpa, donde pasaría las primeras horas de su detención.

El arresto fue un hecho histórico no solo para Honduras, sino para toda América Central. Por primera vez en la región, un expresidente era detenido por cargos relacionados con el narcotráfico.

La captura de Juan Orlando Hernández fue celebrada por muchos como una victoria en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, pero también planteaba importantes interrogantes sobre el futuro político del país.

Para Hernández, la captura significó el fin de una era. Durante su tiempo como presidente, fue acusado de ser parte de un sistema político corrupto, con fuertes vínculos con el narcotráfico, y aunque él siempre negó estas acusaciones, las pruebas presentadas por la fiscalía de Estados Unidos parecían ser aplastantes.

Juan Orlando Hernández fue presentado esposado de pies y manos.

El asedio sobre la residencia del expresidente Hernández fue criticada por Ana García, esposa del exmandatario, quien ha dicho en varias entrevistas que fue “expuesto innecesariamente”.

Juan Orlando Hernández fue trasladado desde su casa bajo estrictas medidas de seguridad.

El asedio duró casi 24 horas en la casa del expresidente en Palmeras de San Ignacio.

La residencia fue resguardada durante varias semanas después de su captura.

El 13 de marzo de 2023, Juan Orlando Hernández fue condenado por un tribunal federal de Nueva York, Estados Unidos, tras un juicio en el que fue hallado culpable de cargos relacionados con el narcotráfico.

Juan Orlando Hernández fue condenado por tres cargos principales: conspiración para importar cocaína a Estados Unidos, uso de armas de fuego en actividades relacionadas con el narcotráfico y conspiración para lavar dinero derivado de estas actividades ilícitas.

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