A un año de la tragedia aérea de Roatán: cómo eran las víctimas
El lunes 17 de marzo de 2025, el cielo de Islas de la Bahía se convirtió en escenario de una de las tragedias aéreas más dolorosas de la historia reciente de Honduras. Aquel día, una aeronave de la aerolínea Lanhsa terminó en las profundidades del mar Caribe, dejando 12 personas muertas: el piloto, el copiloto y diez pasajeros. ¿Quiéne eran y a qué se dedicaban?
Foto en vida del copiloto Francisco Lagos. Era originario de Tegucigalpa y se trasladó a La Ceiba tras incorporarse a trabajar con la aerolínea Lanhsa. Fuera de la cabina, disfrutaba del futbolito y de compartir en las canchas cuando no estaba volando. El día del accidente aéreo había regresado de vacaciones y, horas antes de abordar la aeronave en el aeropuerto Guillermo Anderson de La Ceiba, publicó en sus redes sociales una imagen mientras caminaba por la pista con el mensaje: “De regreso al trabajo”.
Luis Ángel Araya, de 52 años, era el piloto del vuelo LNH-018. Nació en Nicaragua en agosto de 1972, pero desde niño se trasladó a Honduras, donde creció en La Ceiba y obtuvo la nacionalidad hondureña. Desarrolló su carrera en la aviación, trabajando para aerolíneas como Kingfisher Airlines en India y Wings Abadi Airlines en Indonesia. Tras la pandemia de covid-19 regresó al país y continuó volando con Aerolíneas Sosa y, posteriormente, con Lanhsa. Estaba casado con Claudia María Sánchez y era padre de varios hijos, uno de ellos piloto.
Foto en vida de Aurelio Martínez. Nació el 26 de septiembre de 1969 en Plaplaya, Gracias a Dios. Fue reconocido como uno de los principales embajadores de la música y la cultura garífuna a nivel internacional, llevando sus ritmos y tradiciones a distintos escenarios del mundo. Al momento de su fallecimiento se encontraba en Roatán, donde trabajaba en la preparación de su próximo proyecto musical y afinaba detalles de un evento artístico para el que había sido contratado.
Foto en vida de Alba Rosa Acosta Torres. Edith Torres, madre de Alba Rosa Acosta Torres, describió a su hija como una buena mujer. El viaje familiar era por su cumpleaños 32 y, ese mismo día, la llamó para cantarle “Las Mañanitas” y recordarle que debía buscar el amor de Dios. “Que Dios te bendiga, te quiero mucho y vos sabés que siempre te voy a querer”, le dijo. Cuenta que siempre los aconsejaba y los preparaba para cuando ella faltara, sin imaginar que sería toda la familia la que se le adelantaría.
Seida Xiomara Torres George era originaria del municipio de Jocón, en el departamento de Yoro. Fue una de las víctimas del accidente aéreo ocurrido el 17 de marzo de 2025, cuando una aeronave de la aerolínea Lanhsa se precipitó al mar poco después de despegar del aeropuerto Juan Manuel Gálvez de Roatán con destino a La Ceiba. Sus restos fueron trasladados por su familia a su comunidad natal para darle sepultura.
Foto en vida de Kimberly Nicol Mejía Acosta. Tenía 8 años. Con gran fortaleza y una paz que la mantuvo serena, la abuela, madre y suegra relató, el día del sepelio de sus familiares, cómo solía compartir con las niñas Kimberly y Karla, así como con su hija y su yerno. La mujer narró que el viaje familiar fue planificado para celebrar el cumpleaños de su hija y que las niñas estaban felices de viajar en avión.
Carlos Eduin Mejía Ramos tenía 38 años. Era un profesional reconocido que ejercía con su bufete privado en Tela, Atlántida. Estaba casado con Alba Rosa Acosta Torres (32), quien también falleció en el accidente. La pareja tenía dos hijas, Karla Abigail (10) y Kimberly Nicol Mejía (8), ambas estudiantes. La familia regresaba a Tela tras pasar un fin de semana de vacaciones en la isla, viaje que el padre había prometido a sus hijas.
Karla Abigail Mejía Acosta tenía 10 años. Edith Torres, el día del velorio hace un año, describió a las niñas como “buenas muchachas y buenas nietas. Yo era feliz con ellas”, dijo. Cuando la miraban, le decían “abuela, abuela” con emoción al reencontrarse. Dice que, si bien físicamente ya no están, jamás se irán de su lado porque las tiene presentes en su mente y en su corazón. “Se fueron ellas, pero en el corazón siempre quedan las cosas buenas”.
Ella era Angie Nicolle Flores, estudiante de 18 años. Acababa de graduarse del colegio y se preparaba para comenzar sus estudios universitarios. Había viajado a Roatán junto a su hermana menor para visitar a su padre, Jhonny Flores, y regresaba a La Ceiba, donde vivía con su madre, Doris Hernández, en la colonia Mirren. “Dios me las dio y él me las quitó. Mi hija mayor estaba consiguiendo unos papeles para ingresar a la universidad. Teníamos grandes planes con ella”, expresó él.
Andrea Abigail Flores Hernández tenía 7 años. Era estudiante de una escuela pública en La Ceiba y la menor de la familia. Había viajado a Roatán junto a su hermana para visitar a su padre, Jhonny Flores, y regresaba a casa, donde su madre, Doris Hernández, las esperaba. Su vida terminó en la tragedia aérea que enlutó a varias familias, dejando un profundo dolor entre sus seres queridos. “No querían irse, como si presintieran lo que pasaría”, dijo su padre con la voz quebrada.
Yeimi Alejandra Duarte Urribiera (22) trabajaba como auxiliar de rampas en el aeropuerto Juan Manuel Gálvez, en Roatán. La tarde del lunes 17 de marzo sostuvo su última llamada, a las 6:23 p.m., con su hermana Darcy Duarte. Alejandra, como prefería que la llamaran, viajaba hacia La Ceiba para pasar unos días con ella. Darcy contó que la esperaba en casa e incluso le había dejado la cena preparada para recibirla.
Nidia Judith Miralda Benitez tenía 43 años. Fue una de las víctimas del accidente aéreo ocurrido frente a la costa de Roatán. Su cuerpo fue el último en ser recuperado del mar, un día después de la tragedia, durante las labores de búsqueda realizadas por equipos de rescate. Su fallecimiento se sumó al dolor de las familias afectadas por el siniestro que enlutó a varias comunidades de Honduras.
Por el momento, las causas probables del accidente señalan una posible falla técnica en un componente de uno de los motores, según la fuente consultada por LA PRENSA Premium, junto con posibles negligencias en algunos procesos de Aeronáutica Civil.
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