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La solidaridad, el motor que une a hondureños en España

Las asociaciones culturales se han convertido en un pilar fundamental para los catrachos en España. Además de promover tradiciones, enseñan oficios y la lengua catalana.

Julio César Tróchez es uno de los hondureños más conocidos en Barcelona. Ayuda a los que van llegando a encontrar oportunidades en  suelo español.
Julio César Tróchez es uno de los hondureños más conocidos en Barcelona. Ayuda a los que van llegando a encontrar oportunidades en suelo español.

Barcelona, España.

El crecimiento progresivo de inmigrantes hondureños en España ha dado lugar a la creación de diversas asociaciones que, si bien, en un primer momento, se centraron exclusivamente en promover actos culturales, han evolucionado hasta convertirse en un motor vertebrador de la comunidad y en un apoyo fundamental para los catrachos que recién aterrizan en el país.

En Cataluña, donde reside más de la mitad de los hondureños en España, se crearon tantas asociaciones que, incluso, en 2016, se fundó una Federación de Asociaciones Hondureñas en Cataluña que aglutina a cuatro asociaciones distintas.

Su presidente, Jorge Alberto Irías Murillo, atiende a LA PRENSA tras una charla gratuita impartida por abogados. “Empezamos con una asociación en pequeño, queríamos visibilizar el país y a través de la danza, la gastronomía, intentábamos estar en las fiestas de cada barrio”, explica.

“Después, poco a poco, el volumen de hondureños fue creciendo y las necesidades también. Así, no se trataba de ir a bailar a un sitio, sino que también era necesario tener asesoramiento jurídico, formación para la gente que viene llegando”, añade.

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La comunidad hondureña también lucha por mantener vivas las tradiciones culturales y gastronómicas.

Acreditados para dar cursos de catalán

La Federación ya firmó un convenio con el Departamento de Normalización Lingüística del gobierno de Cataluña. Así, tiene la potestad de organizar cursos gratuitos de catalán para hondureños. “Es una de las herramientas más importantes que tenemos porque nos permite conocer mejor a la persona que vive aquí y nos ayuda a desarrollarnos en el futuro. El catalán es necesario, yo así se lo digo”, afirma.

Los cursos se imparten los sábados. Este año hay matriculadas unas 180 personas. Acreditar haber hecho cursos de catalán es una de las mayores pruebas de arraigo social que admite el Estado español con miras a la regularización.

Irías Murillo añade que -además- “los cursos sirven incluso para cuestiones emocionales. No es la misma persona cuando uno empieza a cuando uno termina. Emocionalmente, esa persona se siente realizada. Ya por el simple hecho de estar codo a codo con compañeras. Y nacen amistades. Al principio no confían mucho en la gente por la situación que se vive en el país que allí no confías ni en tu hermano”.

La Federación, además, ha empezado a impartir talleres de formación: “El domingo hicimos un curso de geriatría; antes, unos talleres de electricidad para los jóvenes. La idea es que aprendan algo y seamos más o menos competitivos. La comunidad ecuatoriana hizo eso unos años: llegaron, se prepararon y ahora trabajan”.

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278 lempiras puede costar un pollo con tajadas en un bar hondureño de Barcelona. Se pueden conseguir pupusas por unos 167 lempiras. La cifra sirve para hacerse una idea de la diferencia de nivel de vida con Europa. Estamos hablando de precios bajos para los estándares europeos.

La Federación impulsa una cooperativa de trabajadores y fomenta actividades solidarias. “Hay varios proyectos. Formamos grupos de voluntarios. Cada uno escoge una idea y lo desarrollamos”. El último proyecto que ha fructificado ha permitido sufragar la ampliación de una escuela en la aldea El Corral en Honduras. “Acabamos de mandar la última remesa para que pusieran luz y acabaran de pintar”, afirma, con orgullo.

Grupo solidario

La solidaridad es el eje que ha originado otro grupo de hondureños que va camino de convertirse en asociación. Lo lidera Julio César Tróchez, uno de los hondureños más conocidos en Barcelona. “Yo vine hace siete años por el motivo que casi todos venimos: buscar oportunidades que allá se nos han cerrado”, explica. Aterrizó en España en lo peor de la crisis económica y su primer año fue muy duro, llegando a dormir en la calle alguna noche.

Reconoce que no regresó porque no le llegaba para el pasaje. Poco a poco fue consiguiendo trabajos esporádicos hasta que se le ofreció una oportunidad. En 2012 se abrió el consulado de Honduras en Barcelona y Tróchez se ofreció como voluntario. Puso tal empeño que consiguió un contrato y que a los dos años y medio se le regularizara.

Cinco años después, sin embargo, fue despedido, según denuncia, por ofrecer trabajo a irregulares, una actividad que, asegura, no le reporta beneficio ninguno y que solo hace “para ayudar”. El video adonde denuncia el supuesto trato injusto recibido acumula más de 100,000 visualizaciones en la redes sociales. Actualmente trabaja en los estatutos para convertir el grupo solidario en Asociación. De momento ya son más de 1,700 seguidores en Facebook. “Recaudamos unos mil euros mensuales”, asegura. El dinero se utiliza desde para pagar el alquiler a personas con problemas económicos hasta para pagar tratamientos a niños con leucemia.

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Julio César Tróchez promueve talentos como el del pintor Rony Valle Ordóñez.

En el recién pasado Día de la Madre, por ejemplo, “reunimos a 60 madres, en situación un poco complicada. Reuní a todos los emprendedores para que dieran cosas. Cada madre se llevó un premio (pasteles, consumiciones, un viaje a la Costa Brava que lo regaló alguien que tiene una agencia de viajes). Entonces, se trata de ir haciendo actividades y ayudar porque hay mucha gente que está sola, y es complicado”, explica. “Hay un poco el paradigma que las asociaciones solo están para montar fiestas, no para ayudar. Y he sido muy crítico con eso”, añade.

El bar, centro social

Tróchez nos cuenta su historia en uno de los centros neurálgicos de la vida de muchos hondureños en Barcelona: el bar Maya Copán, Situado en el barrio del Carmelo, se ha consolidado como uno de los más populares entre la comunidad. “Estamos bien posicionados en Google. El otro día estuvieron aquí unos hondureños que viven en Canarias y vinieron de vacaciones a la ciudad. Nos encontraron gracias a nuestra página de Facebook”, explica Noelia Portillo, camarera e hija de los dueños.

Los bares de hondureños se están popularizando en Barcelona. Son otra manera de mostrar la cultura catracha al mundo. “Al español le gusta mucho nuestra comida. La primera vez que vienen siempre piden enchiladas. Es el plato que más les gusta o les entra más por los ojos. Piden mucho las parrilladas y el pescado porque lo hacemos distinto, frito, con tajadas. Las tajadas de guineo les gusta mucho”, cuenta, mientras sirven un ‘pollo chuco’. “Hace solo tres semanas que empezamos a servirlo y está teniendo mucha aceptación”, comenta.

“El bar es centro social”, admite. “Nos parece que cuando estamos aquí estamos en Honduras. Un pedacito de Honduras. Aquí en El Carmelo hay muchos hondureños, pero nos viene gente de Gavá”, explica. Gavá es una localidad a unos 20 kilómetros de Barcelona.

Lo único hondureño que no puede ofrecer el Maya Copán es una Salva-Vida. “Nos está costando traerla últimamente. No sabemos si porque no están dejando entrar acá o no la están dejando sacar de allá”, explica.