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La “mamá” boliviana de las hondureñas en Barcelona

Los inmigrantes hondureños en Cataluña crecieron un 16.9%, por lo que en 2017 había 27,907 connacionales.

Sheila admite que se implica mucho con sus inquilinas por solidaridad.
Sheila admite que se implica mucho con sus inquilinas por solidaridad.

Barcelona, España.

Nació a 4,000 kilómetros de Honduras, pero muchas hondureñas la llaman “mamá”. Su historia es la de tantas mujeres latinoamericanas que decidieron cruzar el “charco” en busca de la fortuna.

Llegó a España, de manera irregular, hace diez años, dejando a su hijo en su país natal. Tras dos años muy duros, enlazando trabajos de limpieza, Sheila Quiroz consiguió regularizarse y estabilizarse. Alquiló un piso (apartamento) en un céntrico barrio barcelonés y puso un anuncio para encontrar compañeras de piso.

“Y justo me llamó una chica. Era hondureña”, explica a LA PRENSA. “La vi tan delicada, chiquita, parecía buena chica. Y le alquilé y ella me trajo otra hondureña.

Y luego, esta otra me trajo a otra hondureña. Y al final, todo el tiempo les alquilé a hondureñas. También tuve dominicanas. La verdad, con ellas no tuve tan buena experiencia. Con hondureñas, me llevo bastante bien”, afirma. Hace más de cinco años que puso ese anuncio. Ya no necesitó ninguno más. Desde entonces afirma que ha pasado por su piso entre 40 y 50 hondureñas, siempre a través de una de sus antiguas inquilinas.

“Honduras me invade”, bromea. “No puedo hablar mal de ellas. Saben cómo comportarse”, añade.

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La Federación de Asociaciones Hondureñas en Cataluña ofrece apoyo con capacitaciones a los hondureños inmigrantes.

Vidas paralelas

Actualmente, Sheila tiene tres inquilinas hondureñas. Dos de ellas acceden a contar su historia a LA PRENSA. Piden aparecer con nombre falso, pues su situación en España es irregular.

Daniela tiene 23 años. Originaria de Virginia, Lempira, llegó hace casi dos meses “porque, como todos, quiero un futuro mejor tanto para mí como para mi hija de tres años y para mi madre también”.

A ambas las dejó en Honduras y aspira a mejorar su calidad de vida mandándoles remesas. Contactó con Sheila “por medio de una amiga que vivió acá. Me dijo que Sheila había sido un amor y que había sido como una mamá”. Una actitud que se agradece en su contexto pese a que dispone de red familiar en Cataluña: “tengo una primas que están acá, que te dan algún consejo y nada más”. Anny tiene 40 años y llegó a España hace tres meses desde San Pedro Sula.

“De Sheila conocí a través de una chiquita porque yo atendía allí a chiquitos, dándoles terapias. Y la mamá estaba aquí. Así supe de ella y me dieron su teléfono”, explica.

No ahorra elogios hacia su “casera”.

“Es una mujer con una candidez y una nobleza impresionante”, afirma, evitando el nombre “mamá”, quizá por pertenecer a su misma generación. Confirma, sin embargo, la influencia sobre el resto de inquilinas, “sus niñas”, que, como Daniela, suelen tener menos de 25 años.

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Es en Barcelona y Girona, ambas ciudades catalanas, adonde residen la mayor parte de catrachos .

Consejera y tutora

Sheila admite que se implica mucho con sus inquilinas por solidaridad. “A veces, llegan, se deprimen, extrañan a sus hijos. Y yo me siento igual. Porque yo también dejé a un hijo allí, hace diez años”, explica.

A las recién llegadas se encarga de darles las indicaciones básicas: adónde ir a buscar trabajo, cómo empadronarse.

Y les da consejos. “Las hondureñas son muy de su persona, siempre están bien arregladas. A veces he tenido algunas que les he dicho: no vayas tan maquillada porque a veces… Siempre les digo: si vas a una entrevista, vas limpita, pero sencillita. Porque a veces ven y siempre hay alguna que es celosa y dice: ¿esta va a venir a limpiar o coquetear con mi marido?”. Al final, admite, “me ven como una mamá porque estoy allí, palmeando y gritando: “venga, levanten el culo, vayan, chicas!”

Reconoce que tras tantos años compartiendo piso con tanta gente distinta, “a veces me entran ganas de irme a vivir sola, con mi hija de siete años, pero no me veo sin las niñas. Porque te acostumbras a hablar con ellas, a compartir”.

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La población extranjera residente en Cataluña es de 1,041,362 habitantes a 1 de enero de 2017 y representa el 13.8% del total de la población, lo que supone un aumento del 1.8% con respecto a 2016.

Inmigración en Cataluña

Datos definitivos del padrón municipal de habitantes de 2017 del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) indican que el número de extranjeros ha aumentado en 17,964 personas en relación con un año atrás.

En relación con el año anterior se destaca el incremento de la población venezolana, que aumentó un 26.5% y llega a las 12,982 personas residentes, y el de la hondureña, que crece un 16.9% y llega a las 27,907 personas.

Según el Idescat, el perfil de la población extranjera residente en Cataluña corresponde a una población joven, con una alta proporción de población en edades laborales, ya que el 80.6% de los extranjeros tienen entre 15 y 64 años, mientras que en las personas de nacionalidad española el porcentaje es del 63.5%.

La edad media de la población extranjera es de 33.8 años, mientras que la de la población española es de 43.9 años.