¿Cuántas veces en el transcurso de nuestras vidas hemos renegado de ella, de nuestra situación, de nuestra suerte, de nuestro aspecto físico? ¿En tu día a día estás satisfecho con tu vida y lo que te rodea?
La felicidad en los tiempos actuales se está desvaneciendo. Estudios bien documentados han demostrado que la percepción de felicidad en el planeta ha disminuido. Que los índices de la desdicha comenzaron a subir al menos desde 2011 en 80 países.
Un 8% de la población mundial aduce que “tiene la peor vida imaginable”, y esta puntuación subió de 1.6% en 2006. Punto interesante de esta investigación es que el 71% de las personas que calificaron peor su vida pensaba que la corrupción en general y en gobiernos minaban las oportunidades de desarrollo personal y disminuía las esperanzas.
La desconfianza generalizada y la desigualdad social están causando que la miseria se vuelva ira. Este sentimiento ha aumentado en un 50% en los últimos 15 años.
Por otro lado, hay estudios que han demostrado que las personas con mayores índices de felicidad tienen cinco cosas en común: están satisfechas de su trabajo, tienen poco estrés financiero, viven en ciudades grandes, tienen buena salud, y cuentan con personas a quienes acudir en busca de ayuda.
El deseo de superación personal es lo que nos diferencia del resto de las especies. Tener la capacidad de mejorar nuestro entorno en base a esfuerzo dirigido, tenacidad, perseverancia, voluntad y creatividad.
El problema surge cuando el ser humano se detiene en su camino, ve hacia los lados, y observa que otros tienen más y mejores cosas que él. En ese momento lo invade un sentimiento de duda que lo hace preguntarse por qué no tiene las cosas que los demás tienen, y esto lo confunde, lo entristece, pierde su inspiración y aparece la envidia. Desde ese momento su vida se vuelve un infierno.
Lastimosamente en la búsqueda de la felicidad el humano encuentra el placer y este lo trastorna durante años. La envidia y el placer no lo dejan enfocarse en su camino, vaga sin rumbo definido.
Tarde en su vida comprende que lo que busca de la piel hacia afuera, se encuentra de la piel hacia dentro. Y pocos logran ese entendimiento.
No es fácil en este mundo salirse del embrujo y la adicción de aparentar. “Es tan simple ser feliz, pero es tan difícil ser simple”.