Paulina Ester Friedman escribió bajo el seudónimo de “Abigail Van Buren” la famosa columna “Dear Abby”. Como la columna estuvo sindicalizada, fue leída por 110 millones en 1,400 periódicos en los Estados Unidos. En ella contestaba literalmente miles de cartas sobre los más diversos temas.
Unos alumnos de una escuela pública de Milwaukee le escribieron pidiéndole una definición de “madurez”. Ella, como siempre se apresuró a contestar en forma breve y simple, como lo hacía habitualmente.
Esa respuesta la publicaron los alumnos en el periódico escolar y le mandaron una copia. Fue tan interesante, que años más tarde fue incluida en un libro llamado “The Best of Dear Abby”.
¿Cuál fue la respuesta que dio a aquellos jóvenes estudiantes de Milwaukee? La misma Abby dijo que al verla escrita, le pareció muy buena, y más aún cuando miles de lectores le pidieron que la publicara nuevamente.
La respuesta era sencilla. Juzgue usted: “La madurez es la habilidad de hacer un trabajo bien, sea que estés supervisado o no; de terminar una faena una vez que la hayas comenzado; de llevar dinero consigo sin gastarlo; y de aguantar una injusticia sin querer vengarte”.
¿Recuerda las ocasiones en que el profesor o profesora tenía que abandonar la clase por unos minutos? Y nos pedía portarnos bien en su ausencia. ¿Recuerda la algarabía que se armaba? Sencillamente no podía trabajar bien sin la vigilancia del maestro, quizá se puede disculpar la niñez por la inexperiencia, pero qué pasa con esos adultos que cuando falta el jefe, se nota la baja en el trabajo. ¿Y de aquéllos que empiezan un trabajo pero jamás lo terminan? Lo de llevar dinero y no gastarlo, se ha sustituido por las tarjetas de crédito, que algunos usan tan alegremente que se ven en dificultades para pagarlas. Afortunadamente hay quien las usa bien. Y la última, aquella de recibir injusticias querer vengarte. Hay que reconocer que hay algunos que hasta se inventan las injusticias y se disponen a vengarse abierta o encubiertamente.
LO NEGATIVO: Ir por la vida cargándonos de años, sin madurar nunca.
LO POSITIVO: Ganarnos el derecho de madurar, pensando y actuando adecuadamente