Las luchas del ermitaño

Pidamos a Dios que nos ayude a dominar las fieras que llevamos dentro.

  • Actualizado: 07 de febrero de 2025 a las 00:00 -

Un viejo ermitaño que vivía en una montaña era visitado por muchas personas para buscar sus consejos.

Cuando le preguntaban cómo se encontraba, solía decirles que tenía demasiado trabajo que hacer. La gente no entendía cómo era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro.

En cierta ocasión, le pidieron que les explicara en qué se ocupaba. El ermitaño les contestó: “Ustedes no lo saben, pero tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar a una serpiente, cargar a un burro, y someter a un león”. Los visitantes, entre extrañados y admirados, le preguntaron: “Pero... no vemos ningún animal aquí. ¿Dónde están todos?”.

Entonces el ermitaño dio la siguiente explicación: “Estos animales los llevo dentro: los dos halcones se lanzan sobre todo lo que se les presenta, sea bueno o malo. Tengo que entrenarlos para que sólo se arrojen sobre presas buenas... son mis ojos. Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.

Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y sirvan sin herir... son mis manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles.

Tengo que enseñarles a estar quietos donde deben estar, aunque haya un sufrimiento, un problema, o cualquier cosa que no me guste... son mis pies. Lo más difícil es vigilar a la serpiente. Aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas aproximadamente, siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula.

Si no la vigilo de cerca, puede hacer mucho daño... es mi lengua. El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día... es mi cuerpo. Finalmente, necesito domar al león, pues quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso... ese es mi corazón”.

Nuestra verdadera lucha no está en el mundo exterior, sino en el interior. Pidamos a Dios que nos ayude a dominar las fieras que llevamos dentro.

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